Second Sunday in Ordinary Time, Year C-2016

From Vincentian Encyclopedia
New undoubtedly and completely

Changing water into wine, Jesus is manifested as the Author and Perfecter of the new thing prophesied in Is 43, 19: “See, I am doing something new.”

Jesus makes use of “six stone water jars … for Jewish ceremonial washings.” Could this be another way of saying that he is abolishing neither the law nor the prophets? But with the water turning into wine, is it not being reiterated that there is a substantial difference between Jesus’ full observance and the customary observance of his fellow Jews?

Indeed, a different righteousness is expected of the disciples. Unless their righteousness surpasses that of the scribes and Pharisees, they shall not enter the kingdom of heaven. Without this righteousness, even the circumcised cannot belong to the community with “a new name pronounced by the mouth of the Lord.”

But what is really important is neither circumcision nor uncircumcision, but only a new creation. And those who are in Christ are a new creation.

So, to welcome Jesus is to welcome something never ever seen or heard. Though surprising, it is really a small matter not to abide by the usual practice of serving the good wine first and saving the inferior one for the end. What is truly significant and awesome is that Jesus, in word and action, turns everything upside-down.

He teaches: blessed are the poor, the hungry, those who mourn, are hated, excluded, insulted; woe to those who are rich, affluent, filled, who laugh and have no pains and receive compliments; to lose is to gain; the last are the first and they will be compensated as much as the laborers of the first hour; the great ones are the slaves who sacrifice themselves for others. It is clear, then, in what the new that Jesus lives and proclaims consists.

And we are Christians only to the extent that, made new by the Spirit for all forms of service, we put on the new self, created in the image of the one who is the image of the invisible God. If we who are invited continue to wear the old self, we will not be counted among those chosen to take part in the new rite of fresh bread and new wine, to which the ancient and customary rites give way.

Rightly does St. Vincent de Paul exhorts us, “Let us go then and be about serving the poor with new love, looking for the poorest and the most abandoned” (SV.FR XI:393). Those who are filled with such love surely point both to the newness that Jesus exudes and to a peaceful and confident faith that has a foretaste of Jesus’ awesome hour.

Lord Jesus, give us new birth.


January 17, 2016

2nd Sunday in O.T. (C)

Is 62, 1-5; 1 Cor 12, 4-11; Jn 2, 1-12


VERSIÓN ESPAÑOLA

Nuevo indudable y completamente

Cambiando el agua en vino, se manifiesta Jesús como el Inaugurador y el Cumplidor de lo nuevo profetizado en Is 43, 19: «Mirad que realizo algo nuevo».

Jesús se sirve de «seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos». ¿Será esto otra forma de decir que él no está aboliendo ni la ley ni los profetas? Pero con la conversión del agua en algo totalmente nuevo, ¿no se reitera asimismo que hay una diferencia sustancial entre la plenitud de Jesús y la observancia acostumbrada de sus conciudadanos?

Una justicia diferente se espera, sí, de los discípulos. No sea que su justicia supere la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos. Sin la nueva justicia, incluso los circuncisos no serán de la comunidad con «un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor».

Pero lo importante realmente no es ni la circuncisión ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y los que viven con Cristo son una nueva creación.

Así que acoger a Jesús es acoger algo nunca jamás visto ni oído. Aunque sorprendente, es poco realmente discrepar con la costumbre de servir primero el vino bueno y guardar el peor para el final. Lo verdaderamente grande y asombroso es que Jesús, de palabra y de obra, lo ponga todo boca abajo.

Él enseña: dichosos los pobres, los hambrientos, los que lloran, los odiados, excluidos, insultados; ay de los ricos, los acomodados, los saciados, los que todo lo celebran con risa, pues para ellos no hay sinsabores, los elogiados; perder es ganar; los últimos son los primeros y reciben el mismo jornal que los jornaleros de la primera hora; los grandes son los esclavos que se sacrifican por los demás. Queda bien claro, pues, en qué consiste lo nuevo que Jesús vive y proclama.

Y solo son cristianos quienes, renovados por el Espíritu para una diversidad de servicios, se visten del hombre nuevo, creado a imagen del que es imagen del Dios invisible. Si los invitados seguimos llevando el traje del hombre viejo, no nos contaremos entre los escogidos para participar en el rito nuevo de pan tierno y vino nuevo, al cual ceden el puesto los ritos antiguos y acostumbrados.

Con razón nos exhorta san Vicente de Paúl: «Vayamos y ocupémonos con un amor nuevo en el servicio de los pobres, y busquemos incluso a los más pobres y abandonados» (SV.ES XI:273). Los llenos de tal amor señalan seguramente tanto a lo nuevo que Jesús emana como a una fe tranquila y confiada que anticipa la hora asombrosa de Jesús.

Señor Jesús, haznos nacer de nuevo.


17 de enero de 2016

2º Domingo de T.O. (C)

Is 62, 1-5; 1 Cor 12, 4-11; Jn 2, 1-12