Second Sunday in Ordinary Time, Year A-2017

From Vincentian Encyclopedia
Know the Son, Servant and Lamb of God

The only Son is the one who reveals God. Without the Son, we can neither know God nor attain salvation.

No one knows the Father except the Son. And only those to whom the Son wants to reveal the Father can know the Father. Hence, Jesus is indispensable.

We need Jesus, moreover, because eternal life lies in knowing him and the only true God. Through knowledge of God and of Jesus Christ, ours in abundance are grace and peace.

To say that to know is important does not mean knowing is only a matter of the mind.

To know has to do with our whole being. It is to grasp, to seize, to catch, to penetrate. It suggests empathy, intimacy, accord.

Christian knowing refers, furthermore, to the intimate knowledge between the Father and Jesus. It also points to the good shepherd who lays down his life for the sheep. He knows his sheep and they know him. Because they know his voice, it is enough that they hear him, and they follow him right away.

The orientation, then, or the fundamental option of disciples is that of the Master. That is why, even at the point of death, their concern is for others. Their last words may be like those of the dying Robert F. Kennedy: “Is everyone alright?” But since Jesus gives them eternal life, true disciples shall not perish forever, and no one can take them out of his hand.

Revelation is decisive if we are to know really.

Authentic knowledge arises perhaps from the curiosity and wondering of those who admit they do not know everything. But what is crucial is that they open up to divine communication. Thus does John come to know the Lamb of God. And since Galilean Aramaic talyâ does not only mean lamb, but also child and servant, one can suppose that John knows the Lamb of God to be equally the Son and the Servant of God.

Two of John’s disciples, after his pointing out the Lamb of God, accepts the invitation, “Come, and you will see.” It remains clear thereby that, through this fellowship, those who call upon the name of Jesus become disciples, apostles, by the will of God. And the practice of doing God’s will is even better than the practice of the presence of God (SV.EN XI:287). It is also preferable also to sacrifice.

True followers of Jesus, moreover, see beyond appearance. They bow down before the one whom nations despise and abhor, before the slave of rulers. They realize that the one lifted up from the earth is the one who says, “I am.” It is evident to them also that the one giving his body up and shedding his blood is the true and life-giving paschal Lamb.

Father of glory, grant us, through your Spirit, to know Jesus better, love him and imitate him, so that we may know you likewise.


15 January 2017

2nd Sunday O.T. (A)

Is 49, 3. 5-6; 1 Cor 1, 1-3; Jn 1, 29-34


VERSIÓN ESPAÑOLA

Conocer al Hijo, Siervo y Cordero de Dios

El Hijo único es quien revela a Dios. Sin Jesús, no podemos ni conocer a Dios ni alcanzar la salvación.

Nadie conoce al Padre sino el Hijo. Y pueden conocer al Padre solo aquéllos a quienes se lo quiera revelar el Hijo. De ahí la imprescindibilidad de Jesús.

Necesitamos además a Jesús, ya que la vida eterna está en conocerlo y en conocer al único Dios verdadero. Por el conocimiento de Dios y de Jesús abundan la gracia y la paz en nosotros.

Dar importancia al conocimiento no quiere decir que conocer es solo cuestión de la mente.'

Conocer tiene que ver con todo nuestro ser. Es comprender, aprehender, captar, penetrar. Connota, pues, compenetración, intimidad, sintonía.

El conocer cristiano se refiere además al conocimiento entre el Padre y Jesús. Señala también al buen pastor que da la vida por las ovejas. Él conoce a las suyas y las suyas lo conocen. Porque las ovejas conocen la voz del pastor, con solo escucharla, en seguida lo siguen.

La orientación o la opción fundamental, pues, de los discípulos es la del Maestro. Por eso, aunque a punto de morir, se ocupan todavía de los demás. Tal vez sus últimas palabras serán como las del moribundo Robert F. Kennedy: «¿Están bien todos?». Pero como Jesús les da vida eterna a los suyos, ellos no perecerán para siempre y nadie los podrá arrebatar de su mano.

La revelación es clave para quienes buscan conocer a Dios.

El conocer auténtico quizás nace de la curiosidad y la maravilla de los que se confiesan no sabérselo todo. Pero lo decisivo es abrirse los curiosos y maravillados a la comunicación divina. De esta manera llega a conocer Juan al Cordero de Dios. Y como talia, la palabra aramea galilea no solo significa cordero, sino hijo y siervo también, es de suponer que Juan conoce al Cordero de Dios igualmente como el Hijo y el Siervo de Dios.

Dos discípulos de Juan, luego de apuntar él al Cordero de Dios, aceptan la invitación: «Venid y veréis». Así patente queda que, por esa convivencia, quienes invocan el nombre de Jesús se convierten en discípulos, según la voluntad divina. Y la práctica de ésta es todavía mejor que la práctica de la presencia de Dios (SV.ES XI:213). Es mejor que los sacrificios también.

Los verdaderos seguidores de Jesús ven además más allá de las apariencias. Homejanean «al despreciado, al aborrecido por las naciones, al esclavo de los tiranos». Reconocen que el elevado sobre la tierra es el mismo que dice: «Yo soy». Les resulta evidente también que quien entrega su cuerpo y derrama su sangre es el Cordero pascual verdadero y vivificador.

Padre glorioso, concédenos, por tu Espíritu, conocer mejor a Jesús y amarlo e imitarlo, a fin de que asimismo te conozcamos.


15 Enero 2017

2º Domingo T.O. (A)

Is 49, 3. 5-6; 1 Cor 1, 1-3; Jn 1, 29-34