Pentecost Sunday, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Picking out the Followers of Jesus Christ

We have but one Master to whom we go and whom we follow. To belong to him means to have his Spirit who makes picking out true Christians easy.

A maid of the high priest had no trouble picking out Peter as a follower of Jesus. Nor did another girl and some bystanders. After all, they had seen him with Jesus. His speech, moreover, gave him away.

Obviously, people no longer see us Christians follow Jesus or go with him. He is not with us as he was with Peter and the other disciples. For he has gone up to heaven.

But this does not mean that there is no picking us out as followers of Jesus. For every cloud—the cloud, too, that takes Jesus from our sight—has a silver lining. Leaving us, Jesus does not only ask us to grow up, meaning, to believe and love him without seeing him. His going, in fact, also means the coming of the Advocate.

No, Jesus does not leave us helpless, defenseless. Rather, he gives us another Advocate to be with us always, the Spirit of truth. The Spirit teaches us everything, reminds us of all of Jesus’ words, witnesses to him, guides us to all truth. Through the Spirit, in other words, we get to know and belong to Jesus. To confess that he is Lord and call God “Father.”

The Spirit makes for others picking us out as Jesus’ own.

The Spirit calls Jesus back, so that we may follow him, learn from him, from his deeds and words. Through his Spirit, we can also be with Jesus as he goes about doing good. And with the Spirit’s coming to convict the world, Jesus can take issue with us. While we bicker, for example, about who is the greatest. Or when we cannot bear a hard teaching.

Through the Advocate, moreover, Jesus stands and speaks up for us. Whether in times of persecution. Or when guardians of tradition sweat the small stuff, like picking grain on the Sabbath and eating with unwashed hands. He thus makes us feel safe alongside him.

Also, with the Spirit of truth dwelling in us, we are able to see through lies. And in that way, confusion does not take us away from the project of the kingdom of God.

But, above all, the Spirit reminds us that, with Jesus, laying down our lives in love comes first. It is what distinguishes the Eucharist and marks us as Christians, so that others cannot help picking us out. Although they no longer see us with Jesus.

Lord Jesus, your Spirit leading us, may we go and set people’s hearts on fire with love (see SV.EN XII:215). Make us proclaim you to the nations, acting and speaking like you. And glad, too, that others know and are picking us out as your followers.


9 June 2019

Pentecost Sunday (C)

Acts 2, 1-11; 1 Cor 12, 3b-7. 12-13/Rom 8, 8-17; Jn 20, 19-23/Jn 14, 15-16. 23b-26


VERSIÓN ESPAÑOLA

Reconocer a los seguidores de Jesucristo

Uno solo es el Maestro a quien acudimos y seguimos, Jesús. Ser de él supone tener su Espíritu. Debido a éste, se hacen reconocer los verdaderos cristianos.

No le costó a una criada del sumo sacerdote reconocer a Pedro como seguidor de Jesús. Ni a otra persona ni a unos cuantos más. Después de todo, lo habían visto andar con Jesús. El acento, además, del discípulo lo delata

Obviamente, la gente ya no nos ve andar con Jesús. No está él con nosotros como estaba con Pedro y los demás discípulos. Pues él ha subido al cielo.

Pero no significa esto que ya no se nos puede reconocer a nosotros como discípulos. Es que incluso la nube que nos lo quita de la vista presagia algo alentador. Al marcharse, Jesús efectivamente nos manda crecer. Es decir, nos quiere creyendo en él y amándole sin verle. Su partida indica también la venida del Paráclito.

No, no nos deja Jesús sin ayuda, sin defensa. Más bien, nos da otro Paráclito que esté siempre con nosotros, el Espíritu de la verdad. El Espíritu nos enseña todas las cosas, nos recuerda todas las palabras de Jesús, da testimonio de él, nos guía hasta la verdad plena. En otras palabras, por el Espíritu, conseguimos conocer a Jesús y ser de él, proclamar que Jesús es Señor y llamar «Padre» a Dios.

Hace el Espíritu que los demás logren reconocer a los de Jesús.

El Espíritu hace que se nos presente Jesús de nuevo, para que le sigamos, aprendamos de él, de sus obras y palabras. Por el Espíritu, podemos acompañar a Jesús mientras pasa haciendo el bien. Y con llegar el Espíritu para convencer al mundo del pecado, Jesús discrepará con nosotros en cuanto a nuestra discusión sobre quién de nosotros es el mayor. O referente a una enseñanza dura con la que no podemos cargar.

Mediante el Paráclito, además, Jesús nos defiende y habla a favor nuestro durante las persecuciones. O cuando los guardianes de las tradiciones, acongojados por las cosas pequeñas, nos condenan porque arrancamos unas espigas de trigo en sábado y comemos sin cumplir abluciones rituales. Junto a Jesús, pues, nos sentimos seguros.

Asimismo, habitando en nosotros el Espíritu de la verdad, capaces somos de ver a través de las mentiras. Y así la confusión no nos aleja del proyecto del reino de Dios.

Pero sobre todo, el Espíritu nos recuerda que, para Jesús, lo primero es el dar la vida por los amados. Esto es lo que distingue la Eucaristía y nos marca como cristianos, de modo que los demás no podrán sino reconocer que somos de Jesús. Si bien no nos ven andar con él.

Jesús, guiándonos tu Espíritu, ojalá vayamos a llevar fuego a la tierra para inflamarla con el amor (véase SV.ES XI:553). Concédenos proclamarte a todas las naciones, comportándonos y hablando como tú. Contentos también de que los demás nos logren reconocer como seguidores tuyos.


9 Junio 2019

Domingo de Pentecostés (C)

Hch 2, 1-11; 1 Cor 12, 3b-7. 12-13/Rom 8, 8-17; Jn 20, 19-23/Jn 14, 15-16. 23b-26