Pentecost Sunday, Year C-2016

From Vincentian Encyclopedia
Surprises and more surprises

Jesus does not cease to surprise. He uses surprises to teach us everything, through the Holy Spirit, and to guide us to all truth.

What a surprise of surprises surely for the disciples to see their Teacher alive after his crucifixion and burial! His entry into the house with locked doors is, of course, part of the evening surprise that is, however, not the only one.

Another surprising thing is the trust that Jesus continues to have in his disciples. They all left him and fled at the time he needed them most. Still, he appoints them as his missionaries. Breathing on them, he says to them:

Receive the Holy Spirit. Whose sins you forgive are forgiven them, and whose sins you retain are retained.

With our receiving the Holy Spirit, more surprises are in store for us.

The Holy Spirit is the one who, for God’s glory and to our surprise, strengthens weak human flesh so that it may be at the same level as the willing human spirit. The Spirit equips us fragile folks for the work of watching with Jesus not only for one hour but continually even.

It is by the Holy Spirit that we who come from different nations, languages and cultures are able to make our common confession of faith that Jesus is Lord. The Spirit enables those baptized in him, to form one body, to foster unity in diversity and the common good. He wants us to overcome our exclusivist, elitist or racist tendencies. These destructive tendencies show up in what some call “demolition derby” politics. Such politics makes the mob cheer the louder, the greater the destruction they see or hear being fomented.

The Spirit surprises us, moreover, for he turns those who are frightened into courageous witnesses of Jesus’ resurrection. Likewise, he makes of those who are foolish, and slow of heart to believe, convinced preachers of the Gospel. Since he is the Father of the poor, the Spirit makes use of them to proclaim the inexhaustible riches of the generous God.

It is worth to note, too, that it is the Spirit who helps us overcome our resistance to his surprises and novelties. Unless he helps us, we will be like the snails who prefer to be imprisoned in their shells (SV.EN XII:81). Without him, we can never truly testify that the cup of blessing that we bless is a sharing in the blood of Christ and that the bread that we break is a sharing in the body of Christ.

Come, Holy Spirit! Give us the grace to face your surprises.


May 15, 2016

Pentecost (C)

Acts 2, 1-11; 1 Cor 12, 3b-7. 12-13; Jn 20, 19-23


VERSIÓN ESPAÑOLA

Sorpresas y todavía más sorpresas

Nunca deja de sorprenderJesús. Utiliza las sorpresas para enseñárnoslo todo, mediante el Espíritu Santo, y guiarnos hasta la verdad plena.

¡Qué sorpresa de sorpresas seguramente para los discípulos ver vivo al Maestro después de su crucifixión y sepultura! Su entrada en la casa con las puertas cerradas forma parte, por supuesto, de la sorpresa nocturna, la cual, sin embargo, no es la única.

Otra sorpresa es la confianza que sigue poniendo Jesús en sus discípulos. Todos ellos, en el momento cuando más los necesitaba él, lo abandonaron y huyeron. Con todo, Jesús los designa misioneros suyos. Exhalando su aliento sobre ellos, les dice:

Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Con nuestra recepción del Espíritu Santo, se nos vienen encima más sorpresas.

El Espíritu Santo es quien fortalece, para la gloria de Dios y para nuestra sorpresa, la carne humana débil a fin de que ésta esté al mismo nivel que el espíritu humano decidido. El Espíritu nos capacita a los frágiles para la obra de velar con Jesús no solo una hora, sino continuamente siquiera.

La acción del Espíritu nos hace a los que venimos de diferentes naciones, lenguas y culturas, capaces de hacer nuestra confesión común de fe de que Jesús es Señor. Bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, podemos promover la unidad en diversidad y el bien común. El Espíritu quiere que superemos nuestras inclinaciones exclusivistas, elitistas o racistas. Estas tendencias destructivas se manifiestan en la política que unos califican de «derby de demolición», la que hace a la masa aplaudir tanto más fuerte, cuanto mayor destrucción se ve o se fomenta.

Más sorpresas nos trae también el Espíritu porque convierte a los atemorizados en testigos valientes de la resurrección de Jesús. Asimismo, hace de los necios, y torpes para creer, predicadores convencidos del Evangelio. Y el Espíritu, como el Padre amoroso de los pobres, se sirve de ellos para que se proclame lo inagotables que son los bienes del Dios generoso.

Y vale notar que el Espíritu es quien nos ayuda a vencer nuestras resistencias contra sus sorpresas y novedades. A no ser que él nos ayude, seremos como los caracoles que prefieren encarcelarse en su concha (SV.ES XI:397). Sin él jamás podremos dar fe realmente de que el cáliz de bendición nos une a todos con la sangre de Cristo y que el pan que partimos nos une a todos con el cuerpo de Cristo.

¡Ven, Espíritu Santo! Danos la gracia de afrontar tus sorpresas.


15 de mayo de 2016

Pentecostés (C)

Hech 2, 1-11; 1 Cor 12, 3b-7. 12-13; Jn 20, 19-23