Pentecost Sunday, Year B-2021

From Vincentian Encyclopedia
Noise, Driving Wind, Tongues of Fire

Jesus sends us the Holy Spirit that comes from the Father (Jn 15, 26). And not to have this Spirit is not to belong to Christ, and not be but noise.

It is not that God likes noise. In fact, he was in a soft whisper (1 Kgs 19, 12). But he has to vie for people’s attention where there is much noise.

And in Jerusalem, the throng is wild with joy. For “devout Jews from every nation under heaven” are celebrating the Feast of Weeks. They give thanks for the fruits of the earth. And they recall the Covenant at Sinai, which happened some fifty days after exodus.

But far be it from God to let the competition win. Hence, comes a noise from heaven like a strong wind. The noise prompts those who are there for the feast to go to where the disciples are. They are also puzzled since they hear Galileans speak in other tongues.

And some of those puzzled turn thoughtful, but others disdainful. But it does not matter, since God gets their attention just the same. Peter, then, speaks to the crowd; he opens the Scriptures to them. So then, God makes use of the noise to usher in his New People and add to it some three thousand members.

At the mercy of the noise of the world?

To stay Christians, we cannot set aside the Spirit. For not to have the Spirit is not to belong to Christ (Rom 8, 9). But with the Spirit, we shall not be at the mercy of the noise in the world.

Not to clothe ourselves with the power from on high means the noise of tempting and tricky teaching will trap us (Eph 4, 14). That is to say, we will lack inner life. We will not give ourselves God or be all about him (SV.EN X:575). We will not have the peace and the courage to go to where Jesus sends us.

Hence, the way we live will not be worth it, for ours will be a life without reflection. Crucial questions about life will not matter to us (GS 4.10). We will live as the rich fool, locked up in a mythical world of merits (Lk 12, 16-21).

Such self-absorption shows that one lacks wisdom to know that life is short. That we owe it all to God also. The fool has no clue that greed is the root of all evil, that it destroys and makes one not human (1 Tim 6, 10; Jas 4, 1-2).

If the Spirit is not with us, we will not be aware that the Word is near us. There will be no link between it and our life. And we will toil in vain as we seek to find the bread of life in all the wrong places. It is not in high or first places, nor in the wealth across the seas.

Lord Jesus, make your Spirit burn in us and bear such fruit as the peace, patience and thankfulness of poor farmers (Jas 5, 7; SV.EN XII:142). Do not let us be part of the noise made by those who politicize everything, even problems about health, inequality, polarization.


23 May 2021

Pentecost Sunday (B)

Acts 2, 1-11; 1 Cor 12, 3b-7. 12-13/Gal 5, 16-25; Jn 20, 19-23


VERSIÓN ESPAÑOLA

Ruido, viento recio, lenguas de fuego

Jesús nos envía el Espíritu Santo que procede del Padre (Jn 15, 26). Y no tener ese Espíritu es no ser de Cristo, y no ser nada más que ruido.

No es que le guste a Dios el ruido. De hecho, se presentó él en «un susurro suave» (1 Re 19, 12). Pero donde hay mucho ruido, allí tiene que competir Dios para llamar la atención de la gente.

Y hay bullicio de la fiesta en Jerusalén. Pues celebran los «judíos devotos de todas las naciones de la tierra» el Shavuot. Dan gracias por los frutos de la tierra. Rememoran también la Alianza de Sinaí, ocurrida unos cincuenta días después del éxodo.

Pero no deja Dios que a él se le ganan los rivales. Por lo tanto, viene un ruido del cielo, como de un viento recio. Por el ruido, los concurrentes a la fiesta acuden en masa a donde los discípulos. Y se desconciertan, pues los galileos hablan lenguas extranjeras.

Unos desconcertados se vuelven bien reflexivos, pero otros desdeñosos. Pero da igual, que en fin, la gente le prestan atención a Dios. Luego, Pedro les habla y les abre las Escrituras. Así que se sirve Dios, sí, del ruido para inaugurar su Nuevo Pueblo y añadir a éste unos tres mil creyentes.

¿A merced del ruido del mundo?

Para mantenernos fieles a Cristo, no podemos prescindir del Espíritu. Pues no tener el Espíritu es no ser de Cristo (Rom 8, 9). Con el Espíritu, no estaremos a merced del ruido del mundo.

No revestirnos de la fuerza de lo alto es dajarnos ser presos del ruido de toda doctrina seductora y tramposa (Ef 4, 14). Nos faltará la vida interior. Pues no pensaremos ni nos ocuparemos en Dios (SV.ES IX:1224). No tendremos la paz ni el aliento para ir a donde no envía Jesús.

Y no valdrá la pena nuestra forma de vivir, pues no viviremos con reflexión. No nos importarán los grandes interrogantes sobre el sentido de la vida (GS 4. 10). Viviremos al igual que el rico necio, encerrado en un mundo mítico de méritos (Lc 12, 16-21).

A tal ensimismado le falta la sabiduría: No sabe lo corta que es la vida; ni sabe a quién se lo debe él todo. Ni se sospecha él de que la raíz de toda maldad es la codicia, de que ésta destroza y nos priva de la humanidad (1 Tim 6, 10; Stg 4, 1-2).

Por la ausencia del Espíritu, no nos daremos cuenta de que está cerca de nosotros la Palabra. No habrá vínculo entre ella y nuestra vida. Y es por eso que nos resultará en vano nuestra fatiga por buscar el pan de vida donde no está. No está en los altos o primeros puestos, ni en las riquezas que hay más allá de los mares.

Señor Jesús, haz que el Espíritu arda en nosotros y dé fruto. Que él nos dé la paz, la paciencia, la gratitud de los pobres del campo (Stg 5, 7; SV.ES IX:462). No dejes que participemos en el ruido de los que todo lo politizan, aun los problemas de salud, desigualdad y polarización.


23 Mayo 2021

Domingo de Pentecostés (B)

Hch 2, 1-11; 1 Cor 12, 3b-7. 12-13/Gál 5, 16-25; Jn 20, 19-23