Pentecost Sunday, Year B-2018

From Vincentian Encyclopedia
Anointing with the Holy Spirit and Mission

The risen Jesus breathes on us. Anointing us so with the Holy Spirit, he sends us to work with him in the evangelization of the poor.

The risen Jesus stands in the midst of his disciples. Never mind that it is dark and the disciples bolted the doors. First, he gives them the greeting of peace. Right after, he reassures them that he is the same person they followed and with whom they had close fellowship. The one the rulers crucified, his side being pierced also with a lance. Then, he entrusts them with a mission. And that is why they receive the anointing with the Holy Spirit.

So, Jesus comes, in the first place, to give light and peace to the disciples. That is because they are afraid. And they surely have feelings of guilt and shame after they abandoned him when he needed them most.

Jesus shows up, in the second place, to strengthen the disciples’ weakening faith. Their Teacher is alive. He is with then again, in an even more wonderful way. Crucifixion, death, the tomb, cannot overcome him.

In the third place, that he is alive means that his mission will go on. And he keeps counting on them as his co-workers. Accordingly, Jesus sends his disciples as the Father has sent him.

The Father has anointed Jesus with the Holy Spirit and has sent him to announce the Good News to the poor. Jesus, in turn, shares with us his own anointing and mission. So, we cannot be followers of Jesus without having his anointing and without being his missionaries.

The anointing with the Holy Spirit is crucial.

We cannot even say, “Jesus is Lord,” except by the Holy Spirit. It is the one Spirit also that brings about unity in diversity. Moreover, only by the Holy Spirit that we “Galileans” can speak of the mighty acts of Gods in different tongues. After all, “Galileans” means “good for nothing,” “not good enough to be prophets.”

And sharing in Jesus’ own anointing, we come to understand that we need not use the same language to bring the Good News. The Gospel and its proclamation is not the monopoly of any tribe, tongue or people.

Anointed with the Spirit as Jesus, we become instruments of peace, forgiveness, reassurance and the bringing together of all nations. They are poor, too, those in need of peace, forgiveness, reassurance and acceptance.

Come upon our gifts, O Holy Spirit, and make them holy, so that they may become for us the body and blood of our Lord Jesus Christ. And with your anointing, make our love as infinitely inventive as his love (SV.EN XI:131).


20 May 2018

Pentecost Sunday (B)

Acts 2, 1-11; 1 Cor 12, 3b-7. 12-13; Jn 20, 19-23


VERSIÓN ESPAÑOLA

Ungidos con el Espíritu Santo y enviados

Exhalando su aliento sobre nosotros, nos da Jesús resucitado el Espíritu Santo. Nos envía, ungidos con el Espíritu, para que colaboremos en la evangelización de los pobres.

Se pone Jesús resucitado en medio de los discípulos, no obstante las tinieblas nocturnas y las puertas trancadas. Primero, les da el saludo de la paz. A continuación les asegura que él es el mismo a quien siguieron y con quien convivieron. Al que crucificaron las autoridades y a quien un soldado le traspasó el costado. Luego, les confía una misión, lo que lleva entonces a que sean ungidos con el Espíritu Santo.

Así que viene Jesús, en primer lugar, para dar la luz y la paz a los discípulos. Es que tienen miedo. Y, seguramente, se sienten culpables y avergonzados por haber huido de él cuando más los necesitaba.

Jesús se presenta, en segundo lugar, para fortalecer la fe, que se está debilitando, de los discípulos. Su Maestro vive. Está con ellos de nuevo, de manera aún más maravillosa. La crucifixión, la muerte, el sepulcro no lo puede vencer.

En tercer lugar, si sigue viviendo Jesús, entonces su misión seguirá también. Y él cuenta con ellos todavía como colaboradores suyos. Por tanto, Jesús los envía así como el Padre lo ha enviado.

El Padre ha ungido a Jesús con el Espíritu Santo y lo ha enviado para anunciar la Buena Nueva a los pobres. Jesús a su vez comparte con nosotros su unción y su misión. Somos sus ungidos, sí, y sus enviados. Así pues, no podemos ser sus seguidores sin que seamos ungidos con el Espíritu Santo y nos hagamos misioneros suyos.

Es decisivo que seamos ungidos con el Espíritu Santo.

Ni siquiera podemos decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Un solo Espíritu también produce la unidad de la diversidad. Además, solo por el Espíritu Santo que los «galileos» podemos hablar de las maravillas de Dios en diferentes lenguas. Después de todo, «galileos» connota «no sirve para nada», «no vale para profeta».

Y ungidos al igual que Jesús, llegamos a entender que todos los idiomas sirven para anunciar la Buena Noticia. Ninguna raza, lengua o nación tiene el monopolio del Evangelio y de la evangelización.

Participando de la unción de Jesús, nos convertimos en instrumentos de paz, perdón, tranquilidad y reconciliación. Y son pobres también cuantos tienen necesidad de paz, perdón, tranquilidad y acogida.

Oh Espíritu Santo, santifica con tu efusión nuestros dones, de manera que sean para nosotros cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo. Y haz que, ungidos como él, amemos de manera infinitamente inventiva también (SV.ES XI:65).


20 Mayo 2018

Domingo de Pentecostés (B)

Hch 2, 1-11; 1 Cor 12, 3b-7. 12-13; Jn 20, 19-23