Palm Sunday, Year B-2021

From Vincentian Encyclopedia
Hosannas that Cry Out for Sense and Truthfulness

Jesus is the awaited Messiah from king David’s lineage. That is why, as he enters Jerusalem, the crowds cheer him with hosannas.

Jesus does not turn down the hosannas of the crowds, which shows that he is quite aware of his being the Messiah. He shows no inferiority complex.

But nor does he show any triumphalism before those who take him to be the Messiah that God has promised. He lets them know that their hosannas fit him; yet he is not the messiah of their dreams.

He is the Messiah, yes, but not in the same way as David. The king rode a horse of war in triumph. For his part, he shows that he is the meek Messiah; he rides a borrowed colt. Or maybe, commandeered, since he is the ruler.

But Jesus’ anointing and kingship are not those of the leaders of the Gentiles. For they consist in this: to serve and to give his life as a ransom for all (Mk 10, 42-45). And so, hosannas gain meaning and prove true if they point to the cross.

True hosannas are those that hail the King of love on Calvary.

It bears repeating now and then that the cross of Jesus is his glory as the royal Messiah. And so, we Christians are to boast but in the cross of Christ (Gal 6, 14).

It is easy for us in Christian countries to boast in the cross and make the sign of the cross. Or turn the cross into a sign that one, a building or a thing belongs to the Crucified.

But what is harder is to boast in the cross more by living for Christ than by dying for him. For our hosannas mean for most of us to bear “the cross day-in and day-out ….”

No, there is no doubt that to boast in the cross, to want to die like Jesus, asks that we live like him (SV.EN I:276). After all, his death flows from his option for the poor and the powerless. Jesus spends his life for them, and so, how his life ends starts as he gives his body up and sheds his blood.

That is why our mysticism has to be that of “the mystic with open eyes.” Open to see Christ’s broken body. To see how to love with the strength of our arms and the sweat of our brows (SV.EN XI:32).

Lord Jesus, grant that our hosannas proclaim that you gave your life for us. And make your love that no one can fathom strengthen us to give our lives for others.


28 March 2021

Palm Sunday (B)

Mk 11, 1-10; Is 50, 4-7; Phil 2, 6-11; Mk 14, 1 – 15, 47


VERSIÓN ESPAÑOLA

Hosannas que claman sentido y veracidad

Jesús es el esperado Mesías de la estirpe del rey David. Es por eso que, en su entrada en Jerusalén, le aclama con hosannas el gentío.

No rechaza Jesús las hosannas de la multitud, lo que indica que es bien consciente de su condición de Mesías. No manifiesta él ningún complejo de inferioridad.

Pero tampoco se les demuestra triunfalista Jesús a los que le toman por el Mesías prometido. Les da a entender él que, aunque es digno de las hosannas, no es el mesías de sus sueños.

Es Mesías, sí, pero no de la misma forma que David; el rey cabalgaba victorioso como un guerrero. Se presenta, más bien, como Mesías manso, pues viene montado en un borrico prestado. O tal vez, requisado, que es el jefe.

Pero la unción y la realeza de Jesús no son las de los jefes de los pueblos. Pues las de él consisten en servir y dar la vida en rescate por todos (Mc 10, 42-45). Así que las hosannas cobrarán sentido y se comprobarán veraces solo si se capta el sentido de la cruz.

Las hosannas veraces son las que aclaman al Rey del amor en el Calvario.

La cruz de Jesús, —vale la pena repetirlo una y otra vez—, es su gloria como Mesías real. Y por lo tanto, nos toca a los cristianos no gloriarnos sino en la cruz de Cristo (Gal 6, 14).

Es fácil en los países cristianos gloriarnos en la cruz por santiguarnos. O por hacer de la cruz signo de que una persona, un edificio o una cosa es del Crucificado.

Pero lo más duro es gloriarnos en la cruz más por vivir para Cristo que por morir para él. Pues el sentido de nuestras hosannas está para muchos de nosotros en «llevar la cruz día tras días …».

No, no hay duda que gloriarnos en la cruz, querer morir al igual que Jesús, pide que vivamos al igual que él (SV.ES I:320). Después de todo, su muerte resulta de su opción por los pobres y los desposeídos de poder. Se desvive él por ellos y, por lo tanto, su desenlace comienza con entregar él el cuerpo y derramar la sangre.

Nuestro misticismo sobre la cruz, por lo tanto, ha de ser como el del «místico con los ojos abiertos». Abiertos para ver a «Cristo roto». Y para ver cómo amar a costa de nuestros brazos, con el sudor de nuestra frente (SV.ES XI:733).

Concede, Señor Jesús, que nuestras hosannas proclamen que diste tu vida por nosotros. Y haz que tu amor que no se puede sondear nos dé fuerza a que demos también la vida por los demás.


28 Marzo 2021

Domingo de Ramos (B)

Mc 11, 1-10; Is 50, 4-7; Fil 2, 6-11; Mc 14, 1 – 15, 47