Nineteenth Sunday in Ordinary Time, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Alone, Without Jesus We Do Sink

Jesus does not leave us alone especially in tough times. He stretches out his hand and catches us, so that we may not sink.

The disciples go ahead by themselves in a boat. Meanwhile, Jesus dismisses the crowds. He, then, goes up on the mountain by himself to pray. It is evening and he is still there alone.

And just when the disciples are alone, something happens that frightens them. For the waves toss their boat about due to a wind storm. And worse, it seems to them that a ghost walks on the sea in the dead of the night. And so, they cry out in fear.

We cry out in fear, too, since we are in the middle of a storm and feel alone. It is not only the coronavirus and its train of evils that scourge us, but also “social and spiritual diseases,” such as racism. And on top of this, there are those who have visions of a God who sends diseases to judge sinners.

Pope Francis, in contrast, says that it is not the time of God’s judgment, but of our judgment. It is “a time to choose [between] what matters and what passes away …. It is a time to get our lives back on track with regard to … [the] Lord, and to others.”

We are not alone in hard times.

The one who tames the waters, the waves and the winds is neither a ghost nor a merciless God. Like one whose name is “I Am Who Am,” and who heeds those in straits, Jesus calms us down in our fear. He tells us, “Take courage, it is I; do not be afraid.” So, we are not alone.

And he calls us to believe and trust in him, and to fix our gaze on him. For if our faith is little and we lose sight of him, we shall sink. But not to worry, for happen what may, just the same, he will not let us sink.

Though we may start to sink, he will stretch out his hand, yes, to catch us. He will turn our crisis into an opportunity to repent. To live not looking out for our interests, but serving others and being in communion with them.

Such is the life Jesus wants us to lead, a life that is founded on him. Not on triumphalist power. Nor on human respect, social support, and the privileges and booties of the dominant culture. Nor on the prestige and securities of the Church in the past.

Lord Jesus, in order not to leave us alone, you become like us in everything but sin. So that we, in turn, may become like you, make us live, die and hide in you, and fill ourselves with you (SV.EN I:276). Thus, too, we shall serve others even to the point of giving up our body and shedding our blood for them. Of being accursed and cut off from you for their sake.


9 August 2020

19th Sunday in O.T. (A)

1 Kg 19, 9a. 11-13a; Rom 9, 1-5; Mt 14, 22-33


VERSIÓN ESPAÑOLA

Solos, sin Jesús, sí, nos hundimos

Jesús no nos deja solos especialmente en los momentos difíciles. Extiende él la mano y nos agarra para que no nos hundamos.

Solos se adelantan los discípulos en una barca. Mientras tanto, Jesús despide a la gente. Luego, sube él al monte a solas para orar. Llega la noche y aún allí está él solo.

Y es cuando solos que les pasa a los discípulos algo que les mete miedo. Es que su barca la sacuden las olas debido a una tormenta de viento. Y por si fuera poco, se les parece que en una noche cerrada un fatasma anda sobre el mar. Por lo tanto, se asustan aún más y gritan de miedo.

Nos asustamos y gritamos también los que estamos en medio de una tormenta, y nos sentimos solos. Nos azotan el coronavirus, y los males que éste engendra, y también «enfermedades sociales y espirituales», como el racismo. Y para colmo, hay los que tienen visiones de un Dios que manda enfermedades como juicio por nuestros pecados.

El Papa Francisco, en cambio, dice que no es el momento del juicio de Dios, sino de nuestro juicio. Es «el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa …. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia … [el] Señor, y hacia los demás.»

No estamos solos en los momentos difíciles.

El que domeña las aguas, las olas y los vientos no es ni un fantasma ni un Dios justiciero. Al igual que el que se llama: «Yo soy el que soy», y escucha a los que se hallan en apuros, Jesús nos calma a los con miedo. Nos dice: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo. No, no estamos solos.

Y nos llama a creer, confiar y fijarnos en él. Es que si se nos apoca la fe y lo perdemos de vista, nos hundiremos. Pero no nos preocupamos; pase lo que pase, igual no dejará él que nos hundamos.

Si empezamos a hundir, él extenderá la mano, sí, para agarrarnos. Hará él de nuestra crisis una oportunidad para que nos convirtamos. Para que vivamos, no encerrados en nuestros intereses, sino en el servicio de los demás y en comunión con ellos.

Tal es la vida que quiere Jesús que llevemos, una vida realmente basada en él. No en el poder triunfalista. Ni en los respetos humanos, apoyos sociales, y privilegios y botines de la cultura dominante. Ni en los prestigios y las seguridades de la Iglesia del pasado.

Señor Jesús, para no dejarnos solos, te haces como nosotros en todo menos en el pecado. Para que, a nuestra vez, nos hagamos como tú, concédenos vivir, morir y ocultarnos en ti, y llenarnos de ti (SV.ES I:320). Así también serviremos a los demás hasta entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre por ellos. Hasta ser proscritos y alejados de ti por el bien de ellos.


9 Agosto 2020

19º Domingo de T. O. (A)

1 Re 19, 9a. 11-13a; Rom 9, 1-5; Mt 14, 22-33