Mary Mother of God and Epiphany, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Boundaries That Needs Opening

Jesus is the salvation that God has prepared in the sight of all peoples. He opens boundaries: between God and human beings; between us and others.

The Word has become flesh through the motherhood of Mary. And being thus uniquely God and man, Jesus becomes the one mediator between God and us. He is, then, the only Pontifex, the bridge-maker, or the bridge itself. For through him crossing from our side to the side of God, or from the side of God to our side, becomes possible. So, the great chasm between God and us is not among the boundaries that divide.

No, Jesus does not build walls that separate or set up boundaries that divide. He does not want division and estrangement, but rather communion and endearment. And if separation from God means loss or perdition, then gain or salvation lies in communion (see CCC 760, 761).

They gain and have salvation, then, those who cross boundaries through Jesus. Through him, they go to the Father in the one Spirit (see Eph 2, 14-19). Their peace is Christ; he breaks down the wall, the boundaries, of enmity between Jews and Gentiles.

In Christ, yes, there are no longer strangers, but fellow citizens and members of the household of God, co-heirs, co-partners in the promise. There is neither Jew nor Greek, neither slave nor free person, no male and female, for all are one in Christ (Gal 3, 28). Coming true, then, is Ps 87, 4-5: “Babylon and Egypt I will count among those who know me; Philistia, Tyre, Ethiopia, these will be her children and Zion shall be called ‘Mother’ for all shall be her children.”

And so, the questions for us are: Do our lives show all this to be true? Are we really in Christ Jesus? Or do we fight for divisive boundaries?

Lord Jesus, make us glow as we see you show yourself to the nations, so that no boundaries may stop us. Rather, may we reach out to others, going, not just to one place, but all over the world (SV.EN XII:215). Also, may our listening to the word of God be like that of your mother. And grant that our breaking of the bread show and bring about oneness among us. Make us like you, always welcoming those who have no one to help them, never letting them go hungry. And calling up blessings rather than curses.


1 January 2020

Mary, Mother of God

Num 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lk 2, 16-21


5 January 2020

Epiphany of the Lord (A)

Is 60, 1-6; Eph 3, 2-3a. 5-6; Mt 2, 1-12


VERSIÓN ESPAÑOLA

Fronteras que se han de abrir

Jesús es el Salvador, a quien Dios ha presentado ante todos los pueblos. Él abre fronteras: entre Dios y los hombres; entre nosotros y los demás.

El Verbo se ha hecho carne mediante la maternidad de María. Y así siendo Dios y hombre de manera única, Jesús se hace el solo mediador entre Dios y los hombres. Él es, pues, el único pontífice, constructor de puente, el puente mismo. Pues por él, se hace posible cruzar desde nuestro lado hacia el lado de Dios o desde el lado de Dios hacia nuestro lado. Así pues, el abismo inmenso entre Dios y nosotros no se cuenta entre las fronteras divisorias.

No, Jesús no construye muros que apartan ni establece fronteras que dividen. No promueve la división ni el enajenamiento, sino la comunión y el cariño. Y si la separación de Dios significa perdición, entonces la salvación está en la comunión (véase CIC 760, 761).

Se salvan, pues, los que cruzan fronteras por medio de Jesús. Por medio de él, se acercan al Padre en un mismo Espíritu (Ef 2, 14-19). Su paz es Cristo; él derriba el muro, las fronteras, de enemistad entre los judíos y los gentiles.

En Cristo, de verdad, ya no son extranjeros ni forasteros, sino ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de su familia, coherederos, partícipes de la promesa. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, pues todos son uno en Cristo (Gál 3, 28). Se hace, entonces, realidad Sal 87, 4-5: «Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí. Se dirá de Sión: “Uno por uno todos han nacido en ella”».

Por tanto, se nos pregunta a nosotros: ¿Manifiesta nuestra vida que todo esto es verdad? ¿Estamos nosotros en Cristo realmente? ¿O acaso promovemos nosotros fronteras divisorias?

Señor Jesús, haz que estemos radiantes viendo tu manifestación a las naciones, para que nada de fronteras nos detenga. Nos acerquemos, más bien, a otros pueblos, yendo, no a un solo lugar, sino por toda la tierra (SV.ES XI:553). Que también nuestra escucha de la palabra de Dios sea como la de tu madre. Y concédenos señalar y realizar en la fracción del pan nuestra comunión. Haz que seamos como tú, acogiendo siempre a los que no tienen protector, sin dejar jamás que ellos pasen hambre. Y provocando bendiciones más que maldiciones.


1 Enero 2020

Santa María, Madre de Dios

Núm 6, 22-27; Gál 4, 4-7; Lc 2, 16-21


5 Enero 2020

Epifanía del Señor (A)

Is 60, 1-6; Ef 3, 2-3a. 5-6; Mt 2, 1-12