Mary, Mother of God Year 2016

From Vincentian Encyclopedia
Gaze that brings life and makes holy

God’s gaze is on the lowly. He wants to turn slaves into adopted children. But how do those favored with God’s glance prove themselves?

Possessing a penetrating gaze, God bypasses someone with an impressive appearance. He takes from the pasture the youngest, the last, of Jesse’s sons and chooses him to be Israel’s leader.

The chosen does not always behave according to the Chooser’s gaze. But in spite of his transgressions, or precisely because of them, David continues to trust in God’s mercy and forgiveness. Humble, he knows how to attribute success to God’s right hand and the light of his face.

God fixes his gaze on Mary; he chooses her to be Jesus’ mother. Very grateful, she exclaims, “My soul proclaims the greatness of the Lord … for he has looked with favor on his lowly servant.” She becomes more humble than ever, more dedicated to solidarity, prayer and reflection.

God takes notice of Joseph and chooses him to be foster father to his Son. The righteous man who walks humbly with his God, in turn, becomes more obedient to divine instructions, more intuitive.

God directs his gaze on lowly shepherds so that they may be the first, after Mary and Joseph, to know about Jesus’ birth. Although distrusted by high society, they are, nevertheless, entrusted with the Good News.

And the shepherds, for their part, go in haste to see the child about whom they have received signs. On seeing him, they share in an amazing way the announcement they have received. Then, they return “glorifying and praising God” for the blessing received through the High Priest who is superior to Aaron.

All this makes clear that those blessed with God’s gaze show the authenticity of their grateful response by praising him more and more, by proclaiming his wondrous deeds, and by becoming more humble, more committed to solidarity, “more merciful with others.” Thus should we prove ourselves, for God is in love, too, with our littleness.

If we really want to give genuine witness that Jesus fixes his gaze on us, that his name is invoked upon us, that we have his Spirit that makes us cry out, “Father,” we will turn our gaze on the above-mentioned exemplary models. They teach how to see, with the light of faith, Jesus’ radiant face in the faces of the poor (cf. SV.FR XI:32).

We will follow, above all, the example of the one who hands himself over totally for sinners, for the last, the least, the lowliest. Ours will be Jesus’ uplifting gaze, and not the humiliating stare of those who exploit, covet, insult and use others for their own gain.

Lord, let your face shine upon us and we shall be saved.


January 1, 2016

Mary, Mother of God

Num 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lk 2, 16-21


VERSIÓN ESPAÑOLA

Mirada vivificadora y santificadora

La mirada de Dios está en los humildes. Desea convertir a esclavos en hijos adoptivos. Pero, ¿cómo se acreditan los favorecidos con la mirada de Dios?

Teniendo una mirada penetrante, Dios pasa por alto a uno con impresionante apariencia. Saca de los apriscos al más pequeño, el último, de los hijos de Jesé y lo elige jefe de Israel.

El eligido no siempre se comporta conforme a la mirada del Elector. Pero a pesar de sus transgresiones, o precisamente por ellas, David sigue confiando en la misericordia y el perdón de Dios. Humilde, sabe atribuir todo éxito a la diestra de Dios y a la luz de su rostro.

Fija Dios la mirada en María; la elige madre de Jesús. Muy agradecida exclama: «Proclama mi alma la grandeza del Señor … porque ha mirado la humillación de su esclava». Más humilde queda ella, más dedicada a la solidaridad, a la oración y la reflexión.

Dios se fija en José y lo elige padre adoptivo de su Hijo. El varón justo que camina humildemente con su Dios, a su vez, se hace más obediente a las instrucciones divinas, más intuitvo.

Dios pone su mirada en humildes pastores para hacer de ellos los primeros, después de María y José, en saber del nacimiento de Jesús. Aunque desconfiados por la alta sociedad, a ellos, sin embargo, se les confía la Buena Noticia.

Y los pastores, por su parte, van de prisa a ver al niño señalado. Al verlo, comparten de manera admirable el anuncio que han recibido. Se vuelven luego «dando gloria y alabanza a Dios» por la bendición recibida mediante el Sumo Sacerdote superior a Aarón.

Todo esto deja claro que los bendecidos con la mirada de Dios demuestran auténtica su respuesta agradecida redoblando sus alabanzas del Señor, proclamando sus proezas, y haciéndose más humildes, solidarios, «misericordiosos con los demás». Así debemos aquilatarnos, que también de nuestra pequeñez se enamora Dios.

Si realmente queremos dar testimonio auténtico de que Jesús fija la mirada en nosotros, de que su nombre se invoca sobre nosotros, de que tenemos su Espíritu que nos hace clamar «¡Padre!», entonces pondremos nuestra mirada en los susodichos modelos ejemplares. Éstos nos enseñan a ver, con las luces de la fe, el rostro radiante de Jesús en los rostros de los pobres (cfr. SV.ES XI:725).

Seguiremos, sobre todo, el ejemplo del que se entrega totalmente por los pecadores, los últimos, los más pequeños y humildes. Nuestra mirada será la de Jesús, enaltecedora, y no la humillante de los que explotan, codician, afrentan, utilizan a los demás para su propio provecho.

Señor, que brille tu rostro y nos salve.


1 de enero de 2016

Santa María, Madre de Dios

Núm 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21