Mary, Mother of God, Year A-2017

From Vincentian Encyclopedia
Awesome and alluring blessing

Jesus is our only Savior, and he saves in an awesome and alluring way. He will bless us when as priests through our baptism, we invoke his name upon one another.

There is no other name by which salvation comes to us but the name of Jesus. And since he is our all (SV.EN:537), it is enough for us to receive his awesome and alluring blessing.

First, this blessing guarantees us the protection of God. It assures us besides of the light from his bright face, of his grace, merciful gaze and peace.

And peace is more than the absence of war. It indicates, moreover, the fulfillment of our noblest wishes, embracing human maturity according to Christ’s fullness. And enjoying this peace, the people of God on earth glorify him truly.

Secondly, the blessing of Jesus supposes divine love. And lovable in the sight of God are the lowly who tremble at his word. Their delight is the fear of the Lord; his beloved wonder at his awesome and alluring revelation.

To wonder (Wunder in German) entails wound (wunde in the same aforementioned language), as Robert P. Maloney, C.M., suggested long ago. Those who wonder let something strange cut the membrane around their heart and consciousness.

Yes, God is awesome, surprising.

It is unbelievable that a child, helpless and in swaddling clothes just like any other child, is the Savior. The Messiah and Lord lies on a manger also, not in a crib for royal babies. The latter are in palaces at the capital; the former is somewhere in the city of David.

That is because, just as with the choice of the shepherd David, God sees the heart. He chooses the foolish, the lowly and the weak. Through them, he shows, to the surprise of many, his wisdom, greatness and strength.

So, he invites Mary, who answers with humble and submissive faith. She then turns into a proclaimer of the greatness of God and a bearer of joy. In addition, she becomes the Mother of God. After Jesus, she our perfect model, as St. Vincent de Paul says repeatedly (see “Mary” SV.EN XIV:379). Hearing, reflecting on, and doing the word of God, Mary is truly among the intimate family members of Jesus. She is blessed both for being the Mother of Jesus and for her commitment to the Word.

God calls likewise the shepherds who smell like sheep and other rotten and unclean things. Their reply of grateful faith is unquestioning and wastes no time. They go in haste and later become so awesome and alluring preachers that they amaze all their hearers.

Awesome and alluring indeed is Jesus’ blessing for the poor who cry out, “Abba!” It reaches its most awesome and alluring finish with the loss that he suffers as he gives his body up and sheds his blood.

We praise you, Father, for your awesome and alluring revelation to the lowly.


1 January 2017

Mary Mother of God

Num 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lk 2, 16-21


VERSIÓN ESPAÑOLA

Tremenda y fascinante bendición

Solo Jesús es nuestro Salvador, y salva de manera tremenda y fascinante. Nos bendecirá cuando nosotros, sacerdotes todos por el bautismo, invoquemos su nombre unos sobre otros.

No hay otro nombre por el que nos pueda llegar la salvación más que el nombre de Jesús. Y como Jesús es nuestro todo, (SV.ES V:511), nos basta con recibir su bendición tremenda y fascinante.

Esa bendición, en primer lugar, nos garantiza la protección de Dios. Nos asegura además la luz de su rostro resplandeciente, su favor, su mirada misericordiosa y su paz.

Y la paz es más que la ausencia de guerra. Indica además el cumplimiento de nuestros más nobles deseos, abarcando la madurez humana según la plenitud cristiana. Y gozando de esa paz, los hombres que ama el Señor glorifican realmente a Dios.

En segundo lugar, la bendición de Jesús supone el amor divino. Y los amables a los ojos de Dios son los humildes que tiemblan ante su palabra. Deleita el temor del Señor a sus predilectos; se maravillan de su revelación tremenda y fascinante.

Maravillarse (Wunder en alemán) entraña herida ('wunde en el mismo susodicho idioma), como sugirió Robert P. Maloney, C.M., hace tiempo. Cuantos están maravillados dejan que algo extraño hiera la membrana del corazón y la conciencia.

Sí, nos sorprende Dios de manera tremenda y fascinante.

Es increíble que el niño, indefenso, en pañales como niño cualquiera sea el Salvador. El Mesías y Señor está acostado además en un pesebre, no en una cuna para niños reales. Éstos están en los palacios de la capital; aquél está en un sitio sin nombre de la ciudad de David.

Es que Dios, como con respecto a la elección del pastor David, ve el corazón. Escoge las gentes necias, insignificantes y débiles. Mediante ellas, para sorpresa de muchos, manifiesta su sabiduría, su grandeza y su fuerza.

Invita, pues, a María, la cual contesta con una fe humilde y sumisa. Luego se hace proclamadora de la grandeza del Señor y portadora de alegría. Se convierte además en Madre de Dios. Después de Jesús, ella es nuestro modelo perfecto, como repetidamente dice san Vicente de Paúl (véase «María» SV.ES XII:342). Escuchando la palabra de Dios, meditándola y guardándola, María cuenta realmente entre los familiares íntimos de Jesús. Es bendita tanto por ser Madre de Jesús como por su dedicación a la Palabra.

Llama Dios asimismo a pastores que huelen a ovejas y a otras tantas cosas podridas e impuras. Su respuesta de fe agradecida no cuestiona ni pierde tiempo. Van corriendo y luego se hacen predicadores de manera tan tremenda y fascinante que se maravillan todos sus oídores.

Tremenda y fascinante realmente es la bendición de Jesús para los pobres que claman: «¡Abba!». Y ella se consuma de manera más tremenda y fascinante con la perdición del que entrega su cuerpo y derrama su sangre.

Te damos gracias, Padre, por tu revelación tremenda y fascinante a la gente sencilla.


1 Enero 2017

María Madre de Dios

Num 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21