Holy Family, Year C-2021

From Vincentian Encyclopedia
Keep Jesus Christ in Our Hearts

Jesus is the Son of God and the Brother of all men and women. To belong to his family means to keep in the heart his teaching.

Twelve-year old Jesus sits in the midst of the teachers. He listens and asks them questions; all who hear him are amazed. No doubt, it is worth it to keep in our hearts this scene that looks ahead to the future.

It looks, yes, to the one of whom all will speak well later (Lk 4, 22. 36). To the one who will show that he is a Teacher, from whose mouth will come words of grace, power, authority.

No, there is no doubt that Jesus is the Teacher of teachers, the only one we have (Mt 23, 10). The one who questions other teachers. And to have such a Teacher means that no teacher should think he is better than others. Just as true love, as St. Paul teaches, levels the prominence of all those who think they are above others.

We should, of course, remember all this. But most of all, we should have in mind that the Teacher is in our midst. We, in turn, should fix our gaze on him and keep his teaching in our hearts.

And the basic wisdom he shares has to do with his being in his Father’s house. That is to say, he is all about taking care of his Father’s affairs. The Father is his reason to be; he comes to do his will (Heb 10, 7). In fact, he does nothing on his own and only seeks the will of the one who has sent him (Jn 5, 30). He rightly says, “I and the Father are one” (Jn 10, 30).

To focus on Jesus and keep in our hearts his teaching is to see God and obey his commandments.

So then, to see the one the Father has sent is to see the Father also (Jn 12, 45; 14, 9). He comes to become flesh, God-with-Us. Thus, he makes known fully the God whom no one has ever seen (see also St. John of the Cross).

Hence clearly, Jesus is not only above all others in his devotion to the Father. But also in his love for others (SV.EN VI:413).

And it is enough for us to follow Jesus to get to love God with our whole being. And others as ourselves. So, to seek God and his will turns out for us no other than to seek Jesus and his will. And what does it mean to live by every word that comes from the mouth of God? It means to be in communion with him who has the words of eternal life. Besides, to eat Christ’s flesh and drink his blood is to have his food. Which is to do the Father’s will and to finish his work (Jn 4 34).

Such is our challenge as Jesus’ disciples to worship and love as he. For he asks also, “Do you not know that I must be in my Father’s house?” And we too have to keep all this in our hearts, so that we may also grasp what he says to us.

This, of course, means we have to be men and women of prayer (SV.EN XI:76). Like Vincentian archbishop Tulio Botero Salazar, a signer of the Pact of the Catacombs (see also).

Lord Jesus, make us belong to your family. Grant that we listen, keep and do all that you teach us by word and deed.


26 December 2021

Holy Family

Sir 3, 2-6. 12-14; Col 3, 12-21; Lk 2, 41-52


VERSIÓN ESPAÑOLA

Conservar a Jesucristo en nuestros corazones

Jesús es el Hijo de Dios y el Hermano de todos los hombres. Ser de su familia quiere decir conservar en el corazón su enseñanza.

Jesús, de doce años, se sienta en medio de los maestros. Los escucha y pregunta; se asombran todos los que le oyen. No cabe duda de que vale la pena conservar en nuestros corazones ese escenario que proyecta hacia el futuro.

Se le mira, sí, al que más tarde se ganará la aprobación de todos (Lc 4, 22. 36). Al que se nos dará a conocer como el Maestro de cuya boca saldrán palabras de gracia, poder, autoridad.

No, no hay duda de que Jesús es Maestro de maestros, el solo que tenemos (Mt 23, 10). El que cuestiona a otros maestros. Y el ser él tal Maestro quiere decir que se les prohíbe a todo maestro tener pretensiones de superioridad. Del mismo modo también allana el verdadero amor, como nos lo enseña san Pablo, las prominencias de todo grupo dominante.

Todo esto, por supuesto, hay que recordar. Pero sobre todo nos hemos de dar cuenta de que está en medio de nosotros el Maestro. A nuestra vez, tenemos que centrarnos en él y conservar su enseñanza en nuestros corazones.

Y la sabiduría fundamental que él nos comunica se trata de estar él en la casa de su Padre. Es decir, todo de él es ocuparse de las cosas del Padre. Su razón de ser es su Padre; viene para hacer su voluntad (Heb 10, 7). De hecho, no hace nada por su cuenta y busca solo la voluntad del que lo ha enviado (Jn 5, 30). Con razón, nos dice: «Yo y el Padre somos uno» (Jn 10, 30).

Fijarnos en Jesús y conservar en nuestros corazones su enseñanza es ver a Dios y guardar sus mandamientos.

Así pues, ver al Enviado del Padre es ver al Padre también (Jn 12, 45; 14, 9). Y él viene para hacerse carne, Dios-con-nosotros. Así, da a conocer de modo pleno a Dios, al cual nadie lo ha visto nunca (véase también san Juan de la Cruz).

Queda claro, por lo tanto, que no solo trasciende Jesús a los demás por su religión para con su Padre. También transciende él a los demás por su amor para con los hombres (SV.ES VI:370).

Y nos basta con seguir a Jesús para lograr amar a Dios con todo nuestro ser. Y a los demás como a nosotros mismos. Así que buscar a Dios y su voluntad no nos resulta otra cosa más que buscar a Jesús y su voluntad. Y vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios es comulgar con el que tiene palabras de vida eterna. Además, alimentarnos de la carne y sangre de Cristo es tomar su alimento. Y esto quiere decir hacer la voluntad del Padre y llevar a cabo su obra (Jn 4, 34).

Así se nos reta a los discípulos de Jesús a dar culto a Dios y a amar como él. Pues él nos pregunta también: «¿No sabéis que debo estar en la casa mi Padre?». Y todo esto lo tenemos que conservar también en nuestros corazones para que captemos lo que quiere decir él.

Desde luego, se nos pide ser hombres y mujeres de oración (SV.ES XI:778). Al igual que el arzobispo vicentino Tulio Botero Salazar, uno de los firmantes del Pacto de las catacumbas (véase también).

Señor Jesús, haz que seamos de tu familia. Concédenos escuchar, conservar y hacer todo lo que nos enseñas de palabra y de obra.


26 Diciembre 2021

Sagrada Familia

Eclo 3, 2-6. 12-14; Col 3, 12-21; Lc 2, 41-52