Holy Family, Year B-2017

From Vincentian Encyclopedia
Hope of Israel and of all Nations

Jesus is the hope of Israel and of all nations. Those who trust in him and welcome him rise. They fall, on the other hand, those who distrust and reject him.

Joseph and Mary are devout Jews. That is why they come with the child Jesus to the temple to fulfill the law of Moses. This tells us that they hope in the word of God, in his law.

At the temple, the Holy Family meets Simeon and Anna. Their eyes are perhaps dim. But upon him and her is the Holy Spirit. So, seers through the Spirit, they recognize and receive the child Jesus as Savior and Liberator. In that way they give us an example, so that we may welcome him also.

Simeon and Anna are models of hope. Year after year, for many years, they await the consolation of Israel and the liberation of Jerusalem. Surely, they go through hardships. But they overcome them. That is because, amidst affliction, they find hope and consolation in the promise of God. Even affliction turns out good for them, since, because of it, they learn the commandments.

Like Jesus, Mary and Joseph, then, Simeon and Anna fix their gaze on God and they listen and keep his word. They truly belong to the family of God. They, too, are the father, mother, brother and sister of the one who fulfills the law and the prophets. As honorable son and daughter of God, they are born of him, not of the flesh or of man.

What is decisive is that the word of Christ dwells in us richly and fills us with hope.

It is the spirit, yes, that gives life, while the flesh is of no avail. And the Word of God is spirit and life.

This Word is sharper and more penetrating than any two-edged sword. And it discerns what the heart harbors, and so reveals the thoughts of many hearts. To welcome Jesus, then, is to let his words cut, prune, cleanse us.

The Word of God teaches us not to conform to the world nor to stray from the path of justice, mercy and faithfulness. Jesus wants us to heed his word so that we may discover the will of God and do it. In that way, we will have the food that gives life and consolation. Unless we welcome Jesus, then, we will lose all hope; we will fall, rather than rise. And we will go from this world, but not in peace but in disappointment.

Lord Jesus, just like St. Vincent de Paul, we hope in you. You never deceive or disappoint. Feed us from the table of your Word and Sacrament that we may rise.


31 December 2017

Holy Family (B)

Sir 3, 2-6. 12-14; Col 3, 12-21; Lk 2, 22-40


VERSIÓN ESPAÑOLA

Esperanza de Israel y de todas las naciones

Jesús es la esperanza de Israel y de todas las naciones. Quienes confían en él, y lo acogen, se levantan. Caen, en cambio, cuantos desconfían de él y lo rechazan.

Son judíos devotos José y María. Por eso, vienen al templo con el niño Jesús para cumplir la ley de Moisés. Se nos indica, pues, que lo que les infunde esperanza es Dios, su palabra, su ley.

En el templo, se encuentra la Sagrada Familia con Simeón y Ana. Tal vez les falte ya visión clara, pero mora en ellos el Espíritu Santo. Videntes por él, pues, reconocen y reciben al niño Jesús como Salvador y Libertador. Y así nos dan ejemplo para que lo acojamos también nosotros.

Simeón y Ana son modelos de esperanza. Año tras año, por muchos años, aguardan el consuelo de Israel y la liberación de Jerusalén. Seguramente, sufren dificultades, pero las superan. Es que ambos hallan en la promesa de Dios esperanza y consuelo en la aflicción. Les resulta buena incluso la aflicción, que, debido a ella, aprenden ellos los mandamientos.

Así que, como Jesús, María y José, se centran en Dios Simeón y Ana y escuchan su palabra para cumplirla. Verdaderamente, son de la familia de Dios. También son padre y madre, hermano y hermana, del que cumple plenamente la ley y los profetas. Como hijo e hija honorables de Dios, nacen de él, no de deseo de carne o de varón.

Lo decisivo es que habite entre nosotros la palabra de Cristo en toda su riqueza y nos llene de esperanza.

El espíritu, sí, es quien da vida; la carne sirve de nada. Y la Palabra de Dios es espíritu y vida.

Esa Palabra es más tajante y penetrante que espada de doble filo. Y juzga lo que abriga el corazón, y así queda clara la actitud de muchos corazones. Acoger a Jesús, por tanto, es dejar que sus palabras nos corten, poden, limpien dolorosamente.

La Palabra de Dios nos enseña a no ajustarnos al mundo ni desviarnos del camino de justicia, misericordia y fidelidad. Jesús nos quiere atentos a sus palabras, para que descubramos la voluntad de Dios y la hagamos. Y así tendremos el alimento que da vida y consuelo. No sea que acojamos a Jesús, pues, perderemos toda esperanza; caeremos, en lugar de levantarnos. Y nos iremos de este mundo, sí, pero no en paz, sino defraudados.

Señor Jesús, al igual que san Vicente de Paúl en ti y en tus palabras ponemos nuestra esperanza. No nos engãnas jamás ni nos defraudas. Aliméntanos de la mesa de tu Palabra y tu Sacramento para que nos levantemos.


31 Diciembre 2017

Sagrada Familia (B)

Eclo 3, 2-6. 12-14; Col 3, 12-21; Lc 2, 22-40