Holy Family, Year A-2019

From Vincentian Encyclopedia
Strength of the Weak and Fearful

Jesus himself is the proof that strength, becomes perfect in weakness. Christians, then, cannot but be weak, and so, strong (2 Cor 12, 9-10).

Matthew, more than the other evangelists, speaks of the words of Scriptures reaching their fulfillment in Jesus. He portrays Jesus as the one who fulfills the law and the prophets. Through Jesus, God fulfills his promises to his people and their hopes. So, Jesus is the new Moses, the new liberator, lawgiver and leader of the new people of God. And as it was not easy for Moses, so it is not easy for Jesus. But God gives Jesus the kind of strength and help that God gave to the self-doubting Moses (Ex 3, 11).

Yes, it was tough for Moses to follow God’s call. For the most powerful in Egypt persecuted him. And the very people he was leading turned against him and challenged him (see Ps 106). They angered God and Moses suffered because of them. And in the end, he lacked strength, for the people so embittered him that rash words crossed his lips.

It is even tougher, however, for Jesus. His own does not welcome him. Surely, his birth and the Magi’s visit and bring joys and hopes. But these soon give way to the griefs and anxieties that refugees bear. Almost at the beginning, then, Matthew tells us how Jesus fulfills his calling and carries out his mission.

Jesus does it not from the position of strength that powerful rulers have. Rather, he lives up to his calling and sending from the position of weakness. But being weak, he is, then, strong. At the end, though feeling that God has forsaken him (Mt 27, 46; Mk 15, 34), he digs deep and finds strength. For he hands himself over to the Father (Lk 23, 46).

The true followers of Jesus work with him not from strength, but from weakness.

Those who work with Jesus for a better world are to follow his way. They are to start out from weakness, the weakness of those that today’s Herods and Archelauses threaten and go after. We are not his body nor his family, if we fall for “an ecclesiology or a manufactured orthodoxy that trades on privilege, power and deception.” It is a sad day when Christianity is no longer about morality and faith, but about power. Or when we think we have to let others know who are their bosses (see SV.EN XI:313). We do not want to betray the Savior of the world; he shows himself as “annihilated … under the form of a child” (SV.EN VI:170).

Lord Jesus, you came to earth not in strength, but weakness, not to lord it over others, but to serve. We recall, at your Supper, your giving your life in ransom for all. May this remembrance be an effective pledge of our readiness to do as you did.


29 December 2019

Holy Family (A)

Sir 3, 2-6. 12-14; Col 3, 12-21; Mt 2, 13-15. 19-23


VERSIÓN ESPAÑOLA

Fuerza de los débiles y temerosos

Jesús mismo es la prueba de que la fuerza se realiza en la debilidad. Los cristianos, pues, no pueden sino ser débiles y, por eso, fuertes (2 Cor 12, 9-10).

Más que los otros evangelistas, Mateo dice que las palabras de las Escrituras se cumplen en Jesús. Retrata a Jesús como el que da plenitud a la ley y los profetas. A través de Jesús, cumple Dios sus promesas y las esperanzas de su pueblo. Así que Jesús es el nuevo Moisés, el nuevo libertador, legislador y líder del nuevo pueblo de Dios. Y como no le fue fácil a Moisés el asunto, así también no le son fáciles a Jesús las cosas. Pero Dios da a Jesús la clase de fuerza y ayuda que dio a Moisés, quien dudaba de sí mismo (Éx 3, 11).

Sí, fue duro para Moisés seguir la llamada de Dios. Pues el más poderoso de Egipto lo persiguió. Y el mismo pueblo, del que era líder, se pusieron en contra de él y lo envidiaron (Sal 106). Irritaron a Dios y Moisés tuvo que sufrir por culpa de ellos. Pero al final, le faltó fuerza, pues los suyos tanto le amargaron el alma que los labios de él desvariaron.

Pero a Jesús todo le resulta aún más duro. Los suyos no le acogen. Cierto, el nacimiento de Jesús y la visita y la adoración de los magos traen gozos y esperanzas. Pero los gozos y esperanzas pronto ceden paso a las tristezas y angustias de los refugiados. Desde el comienzo, pues, nos indica Mateo cómo cumple Jesús su vocación y misión.

Lo hace Jesús no desde la fuerza de los jefes tiranos y opresores. Vive más bien su vocación y misión desde la debilidad. Pero siendo débil, entonces, él es fuerte. Al final, aun sintiéndose abandonado por Dios (Mt 27, 46; Mc 15, 34), hace mucho esfuerzo y encuentra la fuerza, pues encomienda su espíritu a las manos del Padre (Lc 23, 46).

Los colaboradores de Jesús trabajan con él no desde la fuerza, sino desde la debilidad.

Los que trabajen con Jesús por un mundo mejor lo harán de su manera. Es decir, desde la debilidad, la debilidad de aquellos a quienes amenazan y persiguen los Herodes y Arquelao de hoy. No seremos del cuerpo de Jesús ni de su familia si caemos en la trampa de «una eclesiología o una ortodoxia fabricada que comercia en privilegios, poder y decepciones». Será un día triste cuando el cristianismo ya no se trate de la moralidad y de la fe, sino del poder. O cuando pensemos que necesitamos hacer ver quiénes mandan (véase https: SV.ES XI:238). No queremos traicionar al Salvador del mundo; él se revela «como anonadado bajo la forma de un niño» (SV.ES VI:144).

Señor Jesús, viniste débil, sin fuerza, al mundo, no para tiranizar a los demás, sino para servirles. En tu Cena, te recordamos dando tu vida en rescate de todos. Que sea este recuerdo una prenda eficaz de nuestra disposición a hacer lo que tú.


29 Diciembre 2019

Sagrada Familia (A)

Eclo 3, 2-6. 12-14; Col 3, 12-21; Mt 2, 13-15. 19-23