Fourth Sunday of Lent, Year B-2018

From Vincentian Encyclopedia
Believe in the Crucified Jesus, by Loving as He Does

Jesus crucified reveals the love to the end that God has for us. To believe in him, then, is to reveal the same unfathomable love.

Moses lifted up the bronze serpent in the desert. By looking at it, those whom the serpent bit recovered. In correlation to this, those who believe in the crucified Jesus will recover from giving in to the serpent’s deceit. They will have eternal life.

God gives his only Son precisely so that we may not perish, but rather have eternal life. God does so because of the great love he has for us. By pure grace, then, do we receive an assurance of life with Jesus as we simply believe in him.

But it is hard even for us who claim to be Christians to believe in Jesus crucified. That is why we need grace. God can do what human works cannot; all things are possible for him.

Accordingly, he makes possible for death to be life, for crucifixion to mean exaltation. As contrary as this is to human reasoning, it is what gives meaning and hope, however, to human existence.

As we fix our eyes on Jesus crucified and believe in him, we see the one whose identification with the human condition has reached its height (see Juan Antonio Pagola). He is extremely weak, poor, helpless. He seems to be the first among those who add infidelity to infidelity. Nevertheless, he does not give up, but rather he hopes against all hope. Because he empties and humbles himself to the end, God greatly exalts him. He bestows on him the “Name-above-every-name.”

The cross is the only hope for those who truly believe in Jesus crucified.

Rightly, then, do we receive the encouragement to endure trials, fixing our gaze on the leader and perfecter of faith. And it will surely do us good if we learn the teaching about the best way we can assure our salvation (SV.EN III:384).

O crucified Jesus, grant us to believe in you. Make us observe carefully what you set before us at your Supper (see Office of Readings). You love us to the end; may we also love in the same way.


11 March 2018

Fourth Sunday of Lent (B)

2 Chron 36, 14-16. 19-23; Ephes 2, 4-10; Jn 3, 14-21


VERSIÓN ESPAÑOLA

Creer en Jesús crucificado es amar como él

Jesús crucificado manifiesta el amor hasta el extremo que Dios nos tiene. Creer, pues, en él es manifestar el mismo amor insondable.

En el desierto, elevó Moisés una serpiente de bronce. Al mirarla, quedaron sanos los mordidos del serpiente. En correlación con esto, al creer en Jesús crucificado, los caídos en la trampa de la serpiente tendrán vida eterna.

Dios entrega a su Hijo único precisamente para que no perezcamos, sino que tengamos vida eterna. Lo hace Dios por el gran amor con que nos ama. Por pura gracia, pues, quedamos asegurados de la vida con Jesús con solo creer en él.

Pero nos cuesta incluso a los que nos decimos cristianos creer en Jesús crucificado. Por eso, sí, se necesita la gracia de Dios. Lo que las obras humanas no pueden realizar, esto lo puede realizar Dios; él lo puede todo.

Por tanto, Dios hace posible que la muerte sea la vida, la crucifixión quiera decir la exaltación. Y esto, tan contrario que es a la lógica humana, da sentido y esperanza, sin embargo, a la existencia humana.

Al fijarnos y creer en Jesús vemos al que cuya indentificación con la condición humana ha llegado a la cumbre en la cruz (véase Juan Antonio Pagola). Él es sumamente débil, pobre, indefenso, y toturado muy cruelmente. Parece que es el primero de los que multiplican sus infidelidades. Con todo, no se da por vencido, sino que espera él contra toda esperanza. Anonadándose y rebajándose hasta el extremo, es levantado sobre todo, por eso, por el que lo puede todo. Y se le concede al sometido a la muerte de cruz el «Nombre-sobre-todo-nombre».

La cruz es la única esperanza de los que logran creer realmente en Jesús crucificado.

Con razón se nos exhorta a la constancia en las tribulaciones, fijos los ojos en el iniciador y consumador de nuestra fe. Y seguramente nos hará bien aprender la enseñanza sobre la mejor manera de asegurar nuestra salvación (SV.ES III:359).

Oh Jesús crucificado, concédenos llegar a creer en ti. Haz que miremos con atención lo que nos pones delante en tu Cena, que tenemos que preparar algo semejante (véase Oficio de lectura). Así como nos amas hasta el extremo, que así amemos también nosotros.


11 Marzo 2018

Domingo 4º de Cuaresma (B)

2 Cron 36, 14-16. 19-23; Efes 2, 4-10; Jn 3, 14-21