Fourth Sunday of Lent, Year A-2017

From Vincentian Encyclopedia
Welcome for the marginalized and excluded

As he gives welcome to the marginalized, Jesus reflects the invisible God. This God listens to the poor, executing justice for the orphan and the widow, and befriending the alien.

Jesus is unlike those who walk around with blinders. As he passes by, he sees a blind man begging by the roadside. He goes to welcome the blind man right after seeing him. Then, like the Creator or the potter who works with clay, he sets in motion the healing of the blind man.

In fact, Jesus looks rather than see, just as he listens instead of simply hearing. Thus does the one who is the light of the world show a different way. He likewise hinders the night from overcoming the day.

The disciples see the blind man, too. But they see him out of curiosity: “Rabbi, who sinned, this man or his parents …?”

That is to say, the disciples, rather than welcome the blind man, reduce him to a mere symbol of sin. They base themselves, of course, on the popular belief that every human affliction is divine punishment for some sin someone committed.

The Pharisees think the same way, though they consider themselves wiser than the rest of the people. They display such thinking when they ridicule him. They tell him, “You were born totally in sin, and are you trying to teach us?”

Those thinking that way and the self-righteous as well cannot welcome the beggar. Do they not tend to show that they are and firm with the weak, yet kind and gentle with the strong?

But those who demand that facts yield to their presumptions are much less able to welcome a nobody. Their very selves are the only truth they know. Settled in their presumptions, they do not welcome anyone else.

And are we Christians and Vincentians, besides, truly able to welcome others?

It is worth our while to ask the preceding question. Do we not also make up “alternative facts?” Are we on the side of the one who opens the eyes of the blind? He wants us to be alive and whole, so that we may be the glory to God.

In addition, do we look as does St. Vincent de Paul? He shows us that we must not judge the poor by their appearance. Looking at them by the light of faith, we will discover that they are the ones who represent Jesus, who willed to be poor (SV.EN XI:26). It should not matter to us that they are crude and vulgar, without the expression or the mind of rational persons.

Grant us, Lord, to welcome the marginalized and thus live as children of light. Welcome us some day to the Sacred Banquet of the Kingdom.


26 March 2017

4th Sunday of Lent (A)

1 Sam 16, 1b. 6-7. 10-13a; Eph 5, 8-14; Jn 9, 1-41


VERSIÓN ESPAÑOLA

Acoger a los marginados y excluidos

Al acoger a los marginados, Jesús refleja a Dios invisible. Ese Dios escucha a los pobres, haciendo justicia al huérfano y a la viuda, y amando al forastero.

Jesús no es como aquellos que andan con anteojeras. Al pasar, ve a un mendigo ciego que está al borde del camino. Y nada más verlo, se adelanta a acoger al ciego. A continuación, cual Creador, o alfarero, que obra con la arcilla, pone en marcha la sanación del desvalido.

De hecho, más que ver, mira Jesús, de la misma manera que escucha en lugar de oír simplemente. Así enseña el que es la luz del mundo un proceder diferente. Impide asimimo que la noche supere al día.

Los discípulos ven también al ciego. Pero lo ven desde la curiosidad: «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres …?».

Es decir, los discípulos, en lugar de acoger al ciego, lo reducen a un mero símbolo del pecado. Se basan, claro, en la creencia popular de que toda aflicción humana es castigo divino de algún pecado cometido.

Así piensan también los fariseos, si bien se toman por más sabios que el resto del pueblo. Despliegan tal pensar al improperarle al que acaba de adquirir la vista. Le dicen: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

No son capaces de acoger al mendigo ni quienes piensan así ni los con pretensiones de superioridad. ¿No tienden ellos a mostrarse y firmes con alguien débil, pero amables y suaves con el que es fuerte?

Pero menos capaces aún de acoger al de poca monta son aquellos que exigen que la realidad ceda a sus presunciones. Ellos mismos constituyen la única verdad que conocen. Instalados en sus propias presunciones, no pueden acoger a nadie más que a sí mismos.

Y nosotros los cristianos y además vicentinos, ¿verdaderamente capaces somos de acoger a alguien más que a nosotros mismos?

Vale hacer la susodicha pregunta y otras más. ¿Acaso no nos fabricamos también «hechos alternativos»? ¿Estamos del lado del que abre los ojos a los ciegos? Él nos quiere vivos y sanos, para que demos gloria a Dios.

¿Miramos además como san Vicente de Paúl? Éste nos demuestra que no debemos fijarnos en las apariencias de los pobres. Mirándolos con las luces de la fe, descubriremos que son ellos quienes representan a Jesús, que quiso ser pobre (SV.ES XI:725). No nos debe importar que sean vulgares y groseros, sin la figura ni el espíritu de las personas educadas.

Concédenos, Señor Jesús, acoger a los marginados y así caminar como hijos de la luz. Acógenos algún día al Sagrado Banquete del Reino.


26 Marzo 2017

Domingo 4º de Cuaresma (A)

1 Sam 16, 1b. 6-7. 10-13a; Efes 5, 8-14; Jn 9, 1-41