Fourth Sunday of Advent, Year C-2021

From Vincentian Encyclopedia
Visits that Are Christian, Marian, Vincentian

Jesus is the fullness of God’s visits to us humans to save us. The visits we pay to our neighbor should be like Jesus’.

Mary is besides herself after the angel Gabriel’s visit. That is to say, she cannot keep her joy to herself. So, she goes in haste, since she has made up her mind to share it with Elizabeth and share too in her joy. The feet of the one who goes to visit are, of course, beautiful upon the mountains. For she brings good news (Is 52, 7). And blessed also is Elizabeth; she gets the blessing of two visits in one.

No, it is not only Mary but also the fruit of her womb that visits Elizabeth. Mary enters Zechariah’s house, but greets Elizabeth. And, then, the baby in Elizabeth’s womb leaps for joy and she, in turn, is filled with the Holy Spirit.

She is very cheerful as she returns Mary’s greeting. For she cries out in a loud voice and says to her, “Blessed are you among women, and blessed is the fruit of your womb.” She also humbly recognizes as her Lord Mary’s son. Hence, there is no doubt that Elizabeth knows that two visits, in fact, make up her cousin’s visit.

Women of faith

Nor is there doubt that the light is on the women; Joseph and Zechariah are not part of the scene. The two women are simple and play no religious role. Not like the priest Zechariah, Mary believes simply; she does not question teachings (SV.EN XI:190). It is enough for her to take her cousin’s pregnancy as a guarantee of her motherhood also.

Elizabeth, in turn, shows an insightful, joyful and lively faith. She looks through Mary and sees the Savior. And she grasps, in her baby’s leap, the joy that the Lord’s presence brings. She is all words too; she is more like David (2 Sam 6, 14. 20) than her husband, wary and mute.

Is our faith like that of Mary and Elizabeth? Are we among the little folks who worship God in Spirit and truth? For God chooses them in the same way that he chose little Bethlehem. And he makes known to them the visits he pays humans, the ones that he hides from the wise. Hence, they are not of the city that does not know the time of God’s visits to save it (Lk 19, 44).

And since they know such time, these simple folks get to do God’s will. And get to pay visits to others to help them, as did the saints too of the Vincentian family. To give their lives for them even. As does Jesus who gives his body up and sheds his blood for us.

Lord Jesus, your visits to us to set us free are like the dawn from on high that breaks upon us. Lead us out of the darkness and shadow of sin and death.


19 December 2021

Fourth Sunday of Advent (C)

Mic 5, 1-4a; Heb 10, 5-10; Lk 1, 39-45


VERSIÓN ESPAÑOLA

Visitas cristianas, marianas, vicencianas

Jesús es la plenitud de las visitas de Dios a nosotros los hombres para salvarnos. Como las visitas de Jesús han de ser las que hacemos al prójimo.

Desborda de gozo María después de la visita del ángel Gabriel; no se puede contener ella. Es por eso que va deprisa, resuelta a compartir su alegría con Isabel y participar también de la de ella. Claro, son hermosos sobre las montañas los pies de la que visita, pues trae ella buenas nuevas (Is 52, 7). Y dichosa es Isabel; de ella es la dicha que traen dos visitas en una.

A dos visitas, sí, recibe Isabel, a María y al fruto de su vientre. Entra María en casa de Zacarías, pero saluda a Isabel. Y salta de gozo la criatura en el vientre de Isabel y ésta, a su vez, se llena del Espíritu Santo.

Con entusiasmo responde ella. Pues a voz en grito dice a María: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!». También ve humilde en el hijo de María a su Señor. Queda claro, pues, que Isabel bien sabe que la visita de su prima es, de verdad, dos visitas.

Mujeres de fe

Queda claro también que se hace hincapié en la fe de las mujeres; ni entran José y Zacarías en el escenario. Las dos son «mujeres sencillas, sin ningún título ni relevancia en la religión judía». No como el sacerdote Zacarías, María cree con sencillez, «sin hurgar» (SV.ES XI:120). Le basta a ella con tomar por garantía de su maternidad la preñez de su prima.

Isabel, a su vez, demuestra una fe intuitiva, alegre y espontánea. En María, intuye ella al Salvador. Y capta en el salto de su criatura el gozo que provoca la presencia del Señor. Es toda palabra ella. Y se parece más a David (2 Sam 6, 14. 20) que a su marido, mirado, mudo.

¿Es nuestra fe como la de María e Isabel? ¿Nos contamos entre los pequeños que dan culto a Dios en Espíritu y verdad? Es que los escoge Dios del mismo modo que escogió a la pequeña Belén. Y él les revela las visitas que hace a los hombres, las que esconde a los sabios. Así que no son de la ciudad que no se da cuenta de la hora de las visitas de Dios para salvarla (Lc 19, 44).

Y por darse cuenta de tal hora, los sencillos de fe viva logran cumplir la voluntad de Dios. Y hacer, al igual que los santos y santas de la familia vicentina, visitas atentas a los demás. Hasta dar la vida por ellos, al igual que lo hace Jesús que entrega su cuerpo y derrama su sangre por nosotros.

Señor Jesús, tú, cual el sol que nace de lo alto, nos visitas para salvarnos. Líbranos de las tinieblas y sombra de pecado y muerte.


19 Diciembre 2021

Domingo 4º de Adviento (C)

Mic 5, 1-4a; Heb 10, 5-10; Lc 1, 39-45