Fourth Sunday of Advent, Year A-2019

From Vincentian Encyclopedia
Help from the Always Faithful and True

Jesus Christ, our Savior, is Emmanuel, “God-with-us.” In him and through him, God goes with us and gives us the help that we need.

Ahaz, the king of Judah, fears the combined armies of Syria and Israel. And yet he turns down God’s offer of help, for he refuses to do what God wants. He insists on not asking for a sign from God. He does not want any proof of God’s readiness to help and save David’s royal house from its enemies. Ahaz instead will call on Assyria for help.

But God, true to his word to David (see Ps 89), gives Ahaz a sign anyway that help is coming. And the sign, relates Matthew, comes to fulfillment with Mary conceiving Jesus and giving birth to him.

Jesus, yes, is the Savior and the sign of help that keeps David’s royal house in place. He fulfills the law and the prophets. In other words, nothing can stop God from being faithful and true to his promises through his prophets in the holy Scriptures. God’s light comes through even in pitch darkness. God looks after us and is here to help even when everything we are and have seems headed for disaster (CRCM II:2).

And God’s presence among us through Jesus makes us more hopeful. For this king and son of David comes in meekness and lowliness to help us. That is why he goes about teaching, proclaiming the Good News of the kingdom, and curing every disease and illness. Truly, he is here to serve and also to give his body up for us. And to pour out his blood for the forgiveness of sins.

That in Jesus God has become human to be with us, this should also help us treat one another rightly.

God has become human. This means that giving human beings what is rightly theirs is giving God what rightly is God’s. It also means that to honor and respect others is to honor and respect God. Those, then, who abuse any human being, in effect, go against God.

“God-with-us” further teaches that we cannot be looking upward so much that we miss God as he passes by. Very close to us. To meet God, we do not have to go up into heaven or go down into the abyss. God is among us in the person of every human, especially in the person of poor people. We only need to confess so with the mouth and believe so with the heart. In turn, Jesus will be true to his promise. That is, those who help the least of his brothers and sisters will be among the blessed in his kingdom.

Lord Jesus, give us the light of faith that will help us see you in poor people (SV.EN XI:26). In those who are on the outskirts, those whom society leaves behind, belittles and does not heed.


22 December 2019

Fourth Sunday of Advent (A)

Is 7, 10-14; Rom 1, 1-7; Mt 1, 18-24


VERSIÓN ESPAÑOLA

Ayuda del que es siempre fiel y veraz

Jesús, nuestro Salvador, es Enmanuel, «Dios-con-nosotros». En él y por él, nos acompaña y nos ayuda el Dios que es siempre fiel y veraz.

Ajaz, rey de Judá, se estremece frente a los ejércitos conjuntos de Siria e Israel. Pero no acepta él la ayuda que Dios le ofrece, pues rehúsa hacer lo que Dios quiere. Insiste en no pedir a Dios una señal. No busca prueba alguna que demuestre que Dios está dispuesto a darle ayuda y salvar la casa real de David. Prefiere Ajaz que la ayuda venga de Asiria.

Pero Dios es fiel a la palabra que dirigió a David (véase Sal 89). Por eso, da a Ajaz de todos modos una señal de que la ayuda está en camino. Y la señal, según el relato de Mateo, se cumple al concebir María a Jesús y darle a luz.

Jesús, sí, es la señal de ayuda, cual ayuda hace que la casa de David dure para todas las edades. El Salvador da plenitud a la ley y los profetas. En otras palabras, nada puede impedir a Dios ser veraz y fiel a sus promesas por sus profetas en las Escrituras Santas. La luz de Dios penetra incluso la oscuridad total. Dios nos cuida a nosotros y nos ayuda aun cuando nos parezca que todo lo que somos o tenemos está a punto de perecer (RCCM II:2).

Y la presencia de Dios por medio de Jesús nos da mayor esperanza. Pues este rey e hijo de David viene manso y humilde en nuestra ayuda. Por tanto, pasa enseñando, proclamando el Evangelio del reino y sanando toda clase de enfermedades y dolencias. De verdad, está con nosotros para servir y para entregar su cuerpo por nosotros y derramar su sangre para el perdón de los pecados.

En Jesús, Dios se ha hecho hombre para estar con nosotros, lo que nos ayuda a tratarnos unos a otros debidamente.

Dios se ha hecho hombre. Quiere decir esto que darles a los hombres lo que les corresponde por derecho es darle a Dios lo que le corresponde por derecho. Esto significa también que honrar y respetar a los hombres es honrar y respetar a Dios. Por eso, los que se abusan de cualquier humano, en efecto, se oponen a Dios.

«Dios-con-nosotros» nos enseña además que no debemos mirar tanto hacia arriba que no logremos ver a Dios al pasar él a nuestro lado. Muy cerca de nosotros. Para encontarnos con Dios, no es necesario que subamos al cielo o bajemos al abismo. Está Dios con nosotros en la persona de todo hombre, especialmente en la persona de los pobres. Solo necesitamos así confesarlo con la boca y creerlo así con el corazón. A su vez, Jesús será fiel a su promesa. Es decir, los que prestan ayuda a los más pequeños hermanos y hermanas de él se contarán entre los bienaventurados en su reino.

Señor Jesús, danos las luces de la fe que nos sirvan de ayuda para que te veamos en los pobres (SV.ES XI:725). En aquellos que están en las periferias, en los abandonados, despreciados y desatendidos por la sociedad.


22 Diciembre 2019

Domingo 4º de Adviento (A)

Is 7, 10-14; Rom 1, 1-7; Mt 1, 18-24