Fourth Sunday in Ordinary Time, Year C-2022

From Vincentian Encyclopedia
Lover of Sinners and Outcast

Jesus is a lover of those whom religion and society shun: sinners, widows, orphans and strangers. They are dear to true Christians too.

It seems the leaving out of “vengeance,” when Jesus read Is 61, 1-2, did not bother his fellow Nazareth citizens. For they still speak highly of him and find his words amazing; they deem him a lover of his own race.

But it does not take long for their praise to turn into rejection, for their lover into an enemy. It turns up so since they start to have doubts. They think they know him well. He is no more than one of them; how is it that he shows he is more than them?

It seems, then, that they cannot think outside the box that Nazareth has become for them. They cannot accept themselves; they cannot accept Jesus. Though they may not know it, they are afraid to be different. That is why they cannot bear that Jesus is different.

Nor do they like what he seems to say. That is, that they are with those who reject the prophet that God has raised up from their own kin. Hence, they are sure that Jesus shows now his true colors; he is a lover of the Gentiles. So, as they now see it, he did mean to leave out “vengeance”; they feel taken by him. By the one who warns them not to think that they are better and more pleasing before God than the pagans. And all in the synagogue get furious. Jesus might have as well told them, “Fil up what your ancestors measured out.”

Yes, those who do good cannot but bring in conflict (SV.EN I:75). And kings, princes, priests and the people fight the prophet that speaks the truth they do not want to hear.

Lover of the Outcast

No, there is no doubt that Jesus is a lover of those on the outskirts. He eats with sinners, prostitutes and not so good folks. He lets those who are not clean, those that religion and society shun, go near him and touch him. For he cannot but share their sorrows and joys.

Hence, “Jesus’ table is for all. It is not the Pharisees’ ‘holy table’ nor the ‘clean table’ of those who belong to the Qumran community. It is God’s welcoming table.” He does not fit “the boxes and compartments we make.”

And before the all-holy and all-pure God, we are all sinners and not clean. For him, there are no good folks with rights and merits. Nor are there bad folks that do not have rights and merits. For all of us are in need of his mercy. And he offers it to all (LG 2. 16); only those who do not welcome it stay out, since they think they are not in need of it.

Do we go with the lover of those who are on the outskirts? Do we rejoice with those who rejoice and weep with those who weep? For if we do not, we will only be caricatures of “this lover of our hearts” (SV.EN XII:222; SV.EN XI:131). We are to love not in word but in deed, even to giving up our bodies and shedding our blood (1 Jn 3, 16-18; SV.EN XI:32).

Lord Jesus, you are the stone that, rejected by the builder, has become the corner stone. Make each of your builders a lover of those whom the world turns away.


30 January 2022

4th Sunday in O.T. (C)

Jer 1, 4-5. 17-19; 1 Cor 12, 31 – 13, 13; Lk 4, 21-30


VERSIÓN ESPAÑOLA

Enamorado de pecadores y marginados

Jesús está enamorado de los que de los cuales se huyen la religión y la sociedad: los pecadores, las viudas, los huérfanos, los forasteros. De ellos están enamorados también los verdaderos cristianos.

Por lo visto, la omisión de «venganza», cuando leía Jesús Is 61, 1-2, no molestó a sus paisanos. Pues ellos le expresan aún su aprobación y se admiran de las palabras que ha pronunciado; le toman por un enamorado de su raza.

Pero la aprobación no tarda en convertirse en rechazo, el enamorado de ellos en enemigo. Es que los paisanos de Jesús comienzan a dudar de él. Creen que le conocen bien. Es uno de tantos al igual que ellos; ¿cómo es que él se manifiesta como el que puede más que ellos?

Parece, pues, que ellos no logran romper esquemas de percepción de sí mismos como vecinos de Nazaret. No pueden aceptarse a sí mismos; no pueden aceptar a Jesús. Lo sepan o no, «tienen miedo a ser diferentes». Es por eso que no soportan que Jesús sea diferente.

Ni les gusta lo que él da a entender. A saber, que ellos son de los que rechazan al profeta que Dios ha suscitado de entre ellos. Están seguros, por lo tanto, de que Jesús muestra esta vez sus verdaderos colores; es un enamorado de los de las naciones, de los no judíos. Su omisión de «venganza» les resulta ahora intencional; se sienten engañados por él. Por el que les avisa que no se consideren mejores ni más agradables ante Dios que los paganos. Y se ponen furiosos los paisanos de Jesús. Solo faltaría que él les dijera: «Llevad a cabo la obra que comenzaron vuestros antepasados».

Sí, los que hacen el bien no pueden sino provocar conflictos (SV.ES I:143). Y el profeta que da a conocer la verdad, contra él luchan los reyes, príncipes, sacerdotes y gentes que no la quieren oír.

Enamorado de los parias

No, no hay duda de que Jesús está enamorado de los que están en las afueras. Come con pecadores, prostitutas y gentes no deseables. Y deja que se le acerquen y le toquen los parias, los no puros a los ojos de la religión y la sociedad. Es que no puede él sino compartir sus penas y sus gozos.

Por lo tanto, «la mesa de Jesús es una mesa abierta para todos. No es la “mesa santa” de los fariseos, ni la “mesa pura” de los miembros de la comunidad de Qumrán. Es la mesa acogedora de Dios». No se ajusta él «a nuestros esquemas y divisiones».

Y ante Dios, santo y puro del todo, todos somos pecadores y no puros. Para él, no hay buenos que tienen derechos y méritos ni malos que no los tienen. Pues todos nosotros tenemos necesidad de su misericordia. Y la ofrece él a todos (LG 2. 16); solo se excluyen los que no se creen con necesidad de ella.

¿Somos del que está enamorado de los que están en las afueras? ¿Nos alegramos con los que se alegran y lloramos con los que lloran? Pues si no, seremos no más que caricaturas de «ese enamorado de nuestros corazones» (SV.ES XI:561; SV.ES XI:65). Nos toca amar no de palabra, sino de obra, hasta entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre (1 Jn 3, 16-18; SV.ES XI:733).

Señor Jesús, eres la piedra que, desechada por los constructores, es ahora la piedra angular. Haz que todo tu constructor esté enamorado de los rechazados por el mundo.


30 Enero 2022

4º Domingo de T. O. (C)

Jer 1, 4-5. 17-19; 1 Cor 12, 31 – 13, 13; Lc 4, 21-30