Fourteenth Sunday in Ordinary Time, Year B-2021

From Vincentian Encyclopedia
Prophets After Jesus Christ’s Own Heart

Jesus is the prophet of prophets. And we who have, due to our baptism, the calling to be prophets will be so only we do as he.

The people take Jesus as one of the prophets (Mt 14, 5; Mk 8, 28; Lk 7, 16; Jn 7, 40). The learned, in contrast, take pride in not being so gullible (Lk 7, 39; Jn 7, 52).

Those of Jesus’ native place are not gullible either. They are aware that he teaches with wisdom. But they also know that he is a carpenter and they can name his relatives besides. And, as it turns out, they cannot reconcile these two things that they know about him. So, they take the easy way out of such cognitive dissonance; they just take offense at him.

We Christians, for our part, believe that Jesus is the Son through whom the Father speaks nowadays. In time past, he spoke to our ancestor through the prophets.

So, Jesus is, for us, higher than the prophets. As Son, he is very close to the Father (Jn 1, 18). Besides, he only speaks what the Father tells him (Jn 12, 49). Hence, there is no one in a better position to speak God’s word. In fact, the Son is God’s Word and reveals him.

And we know all this through the preaching of the Galileans who are among those who are like children. Through the witness also of the one who has exchanged wisdom for folly (Phil 3, 4-8). The Father, after all, reveals to those who are like children the things that he hides from the wise (Mt 11, 25). God, yes, chooses those who are foolish in the world, are weak, despised, and count for nothing (1 Cor 1, 27-28). And when they are foolish and weak, then they are wise and strong.

Prophets: voice of God; voice of the voiceless

It is not surprising, then, that God makes prophets of those who are not qualified in the eyes of the world. The not so eloquent and those whose lips are not so clean (Ex 4, 10; Is 6, 5; Jer 1, 6). He turns them into his voice, and so, into the voice of the voiceless.

This is so since God hears the cry of the poor. And that is why Jesus cannot but be on the wrong side of history, of the losers. To be prophets, then, which comes with our baptism, we have to do as he.

To do as Jesus means to go around doing good, to proclaim the Good News, to help those in need. That is to say, it is our task, as people whom God has chosen, to be “instruments of his immense and fatherly charity” (SV.EN XII:214-216). We are “to take the love of God far and near.” This means, of course, that we ourselves must burn with this love, for “we cannot give what we do not have.” Not to burn with such love is to be among Jesus’ own that do not welcome him.

The same love drives us to help the poor in every way (SV.EN XII:77). Even to the point of giving up our body and shedding our blood.

Lord Jesus, grant us to be prophets like you, living by the word of God. Thus, our food will be to do his will, and we shall have the strength to wake up people’s consciences and to work for justice and love.


4 July 2021

14th Sunday in O.T. (B)

Ez 2, 2-5; 2 Cor 12, 7-10; Mk 6, 1-6


VERSIÓN ESPAÑOLA

Profetas según el corazón de Jesús

Jesús es el profeta de los profetas. Y los llamados a ser profetas debido a nuestro bautismo lo seremos solo si hacemos lo que él.

La gente toman a Jesús por uno de los profetas (Mt 14, 5; Mc 8, 28; Lc 7, 16; Jn 7, 40). Los letrados, en cambio, se engríen de no ser tan crédulos (Lc 7, 39; Jn 7, 52).

No son tan crédulos tampoco los de la misma tierra que Jesús. Tienen ellos conciencia de que él enseña con sabiduría. Pero saben también que él es carpintero; conocen también a sus familiares. Y a los compueblanos les resultan no compatibles esas dos cogniciones. Eligen, pues, el camino de salida más fácil; desconfían ellos de él simplemente.

Los cristianos, por nuestra parte, creemos que Jesús es el Hijo, por el que nos habla Dios hoy día. En tiempos pasados, éste habló a nuestros padres por los profetas.

Así que, para nosotros, Jesús es superior a los profetas. Como Hijo, vive él en íntima unión con el Padre (Jn 1, 18). Además, solo habla él lo que el Padre le ordena (Jn 12, 49). Por lo tanto, nadie está en mejor condición para hablar la palabra de Dios. De hecho, el Hijo es la Palabra del Dios y lo da a conocer.

Y todo esto lo sabemos por la predicación de los galileos que se cuentan entre la gente sencilla. También por el testimonio del que ha cambiado la sabiduría por la locura (Fil 3, 4-8). Es que a la gente sencilla revela el Padre cosas que esconde a los sabios (Mt 11, 25). Dios escoge, sí, a los que, según el mundo, son necios, débiles, despreciables y nada cuentan (1 Cor 1, 27-28). Pero cuando son necios y débiles, son sabios y fuertes.

Los profetas: voz de Dios; voz de los sin voz

No es de sorprender, pues, que Dios haga profetas también de los no cualificados a los ojos del mundo. De los poco elocuentes y de los de labios impuros (Éx 4, 10; Is 6, 5; Jer 1, 6). Los convierte él en su voz y, por lo tanto, en voz de los sin voz.

Es que Dios oye el clamor de los pobres. Y es por eso que Jesús no puede sino estar de lado equivocado de la historia, del lado de perdedores. Para ser profetas, pues, que a esto nos llama nuestro bautismo, tenemos que hacer lo que él.

Hacer lo que Jesús quiere decir recorrer pueblos y aldeas, proclamar la Buena Nueva, ayudar a los necesitados. Es decir, nos toca a los escogidos por Dios ser «instrumentos de su caridad inmensa y paterna» (SV.ES XI:553-554). Hemos de «llevar a nuestro alrededor y por todo el mundo el amor de Dios». Se nos pide, claro, que nosotros mismos ardamos de ese amor, pues «no se puede dar lo que no se tiene». No arder nosotros de tal amor es contarnos entre los de Jesús que no lo acogen.

El mismo amor nos apremia también a asistirles a los pobres de todas las maneras (SV.EN XI:393). Hasta el punto de entregar nosotros el cuerpo y derramar la sangre por ellos.

Señor Jesús, concédenos ser profetas como tú, viviendo de la palabra de Dios. Así nuestro alimento será el hacer su voluntad y cobrarenos fuerza para despertar las conciencias de la gente y trabajar por la justicia y el amor.


4 Julio 2021

14º Domingo de T.O. (B)

Ez 2, 2-5; 2 Cor 12, 7-10; Mc 6, 1-6