Fourteenth Sunday in Ordinary Time, Year B-2018

From Vincentian Encyclopedia
Wanted Very Urgently Indeed: Prophets

Jesus is the definitive answer to the prayers of those who bemoan that there are no prophets. That is how wanted prophets are.

That prophets are that wanted is clear in the lament, “Now we see no signs, we have no prophets.” We read something like it in Lam 2, 9. Both passages agree in a certain sense with the saying, “Without prophecy, people perish” (Prov 29, 18). These passages are the prayers of those who feel God has cast them off. Unlike Saul, however, they have not completely lost heart (1 Sam 28, 5).

Yet it is not that there are no prophets. God always sends them to us, but we fail to recognize them. Had we recognized them, we would have wanted to listen to them. And so, we receive the warning that there are prophets among us, whether we heed them or not.

There is the warning, besides, that even Jesus’ own people can reject him. Yes, we Christians run the risk of rejecting the prophet God has raised up for us in these last days. It is not at all impossible that we share the scribes and Pharisees’ long history of rejecting prophets. We can also react as those who are from Jesus’ native place.

Those from Nazareth think that they know Jesus better than anyone. Because they have known him as a child, they cannot bear the thought that he is a prophet. They, then, take offense at him. And, according to Luke, they even treat Jesus as a wanted criminal; they try to throw him off the cliff. Later on, people with swords and clubs will seize him like a wanted robber.

Those who truly belong to Jesus recognize the one all generations of people of good will have wanted.

God’s people on earth do not think they know everything about Jesus. They do not flaunt their knowledge. They are simple folks. That is why the Father reveals to them the mystery of his Son. These poor people are the ones who keep the true religion and a living faith (SV.EN XI:190).

And it is quite natural for them to take Jesus as one with them in suffering and rejection. Together with him, then, they surrender to God’s will; because they are weak, they are strong. They show, too, that they are willing to give their bodies up and shed their blood for others.

But they also recognize Jesus a prophet who wants justice for the poor. And so, they welcome as prophets those who work for the sake of justice.

Lord Jesus, grant that we recognize you as the prophet that all generations have wanted. See to it that our prejudices, ambitions and lack of faith never hinder you from healing us.


8 July 2018

14th Sunday in O.T. (B)

Ez 2, 2-5; 2 Cor 12, 7-10; Mk 6, 1-6


VERSIÓN ESPAÑOLA

Buscado muy urgentemente, sí: un profeta

Jesús es la respuesta definitiva a las plegarias de los que se lamentan de que ya no hay profeta. Así de buscado es un profeta.

Lo buscado que es un profeta, esto lo expresa el lamento: «Ya no vemos nuestros signos ni hay profeta» (Sal 74, 9). Algo parecido se lee en Lam 2, 9. Ambos textos coinciden, en cierto sentido, con el dicho: «Donde no hay visión profética, el pueblo perece» (Prov 29, 18). Y los recitan quienes se sienten abandonados por Dios, aunque no descorazonados completamente, a diferencia de Saúl (1 Sam 28, 5).

Con todo, no es que no haya profeta. Siempre nos lo envía Dios, pero dejamos de reconocer al enviado. Por eso, no lo hemos buscado ni lo hemos escuchado. Y se nos advierte, por tanto, que hay un profeta en medio de nosotros, le hagamos caso o no.

Se nos advierte además que incluso entre los suyos se le puede rechazar a Jesús. Los cristianos, sí, corremos también el riesgo de acabar rechazando al profeta suscitado por Dios en esta etapa final. No es imposible del todo que compartamos con los escribas y fariseos su larga historia de rechazar a los profetas. Fácilmente podemos reaccionar también como sus conciudadanos.

Creen los de Nazaret que conocen a Jesús mejor que nadie. Debido a su conocimiento de él desde niño, no logran soportar el pensamiento de que él es un profeta. A continuación, desconfían de él. Y hasta, según Lucas, tratan a Jesús como a un criminal buscado; intentan despeñarlo. Más adelante, lo prenderán personas con espadas y palos, como a caza de un bandido buscado.

Los verdaderamente de Jesús reconocen al buscado por los hombres de buena voluntad.

Los hombres que ama el Señor no creen que lo saben todo de Jesús. No se presumen de su conocimiento. Son gente sencilla. Por eso, les revela el Padre el misterio de su Hijo. «Es entre ellos, entre esa pobre gente, donde se conserva la verdadera religión, la fe viva» (SV.ES XI:120).

Y les resulta connatural tomar a Jesús como uno de ellos en los sufrimientos y rechazos. Junto con él, pues, se entregan a la voluntad de Dios; porque son débiles, son fuertes. Se muestran dispuestos también a entregar su cuerpo y derramar su sangre por los demás.

Pero reconocen también a Jesús como el profeta que busca la justicia para los pobres. Así pues, acogen como profetas a los que trabajan por causa de la justicia.

Señor Jesús, concédenos reconocerte como el profeta que todas las generaciones han buscado. Haz que no impidamos jamás, a causa de nuestros prejuicios, ambiciones y nuestra falta de fe, tu acción sanadora.


8 Julio 2018

14º Domingo de T.O. (B)

Ez 2, 2-5; 2 Cor 12, 7-10; Mc 6, 1-6