Fourteenth Sunday in Ordinary Time, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Meek Teacher, and Lowly as Well

Jesus is meek and lowly. And he asks us to learn from him, so that we may find rest.

The Gospel reading last Sunday spoke about how much it would cost to follow Jesus (Mt 10, 37-42). And the Teacher demanded complete loyalty. Even if it meant painful break with the family and great suffering. Today’s Gospel, in contrast, says that the Teacher is meek and lowly. And the yoke that he “sells” is easy, and his burden light.

Of course, the demanding and the meek are one. It is just that I do not understand all at once. For Jesus is so much more than what we humans can grasp or say about him at a given time.

“Demanding”, on the one hand, tells us not to kid ourselves. That is, we should not think that God does not hold us accountable. To think so is to mock his grace that overflows all the more where sin increases (Rom 5, 20; Gal 6, 7). It is to become like those who boast of their greed and spurn the Lord (Ps 10). That would be to cast a Jesus “who says ‘yes’ to everything” (Sin aguijón).

On the other hand, “meek” makes clear that the Messiah is meek and rides on an ass. He does not ride a war horse in triumph; still, he says and does what true and right (Ps 45, 4). He faithfully speaks for and demands justice. But meek, he neither cries out in the street nor breaks a bruised reed (Is 42, 2-4).

The new in being meek and lowly

So, we must not mistake the firmness of Jesus for the power that the children of this world want for themselves. Such mistake turns Christian faith into a religion of interest, fears and magic. And it is not at all unlikely that it leads us to covet what belongs to others. To scorn and exploit them and our common home.

But to keep the true religion, we have to be among the little ones. For the Father reveals to them these things he hides from the wise.

And this is part of the new that Jesus brings in. The Father, yes, has handed over to him all things. And no one knows the Father but the Son and anyone to whom he wishes to reveal the Father. And he reveals the God who sends away the rich empty and lifts up the lowly. He also fills the hungry with good things, with Christ’s flesh and blood even. God does choose those who are nothing to turn those who are something into nothing.

Lord Jesus, through your Spirit, make us belong to you and to the poor who keep the true religion (SV.EN XI:190; SV.EN XII:142). May we believe, touch and taste the words of life. And may our illnesses, troubles and needs turn easy and light. For you help us (St. Augustine), and we learn from you, who are meek and lowly.


5 July 2020

14th Sunday in O.T. (A)

Zech 9, 9-10; Rom 8, 9. 11-13; Mt 11, 25-30



VERSIÓN ESPAÑOLA

Manso Maestro, y humilde también

Jesús es manso y humilde. Y nos llama a aprender de él, para que encontremos descanso y alivio.

El evangelio del domingo pasado nos habló del costo de seguir a Jesús (Mt 10, 37-42). Y se presentó exigente el Maestro. Reclamaba él lealtad total. Aun a costa de penosa ruptura de la familia y de gran sacrificio. En cambio, el evangelio de hoy dice que el Maestro es manso y humilde. Y el yugo que él «vende» es llevadero, y su carga ligera.

Por supuesto, el exigente no es otro sino el manso. Solo que no entiendo yo de una vez para todas. Es que Jesús trasciende lo que podemos comprender o decir de él en un momento dado.

Lo del exigente, por un lado, indica que no debemos engañarnos a nosotros mismos. Es decir, no hemos de pensar que Jesús no nos pedirá cuentas. Pensar así es burlarnos de su gracia que tanto más sobreabunda cuanto más abunda el pecado (Rom 5, 20; Gal 6, 7). Es hacer lo que los que, por ambición y codicia, desprecian al Señor (Sal 10). No es sino fundir un Jesús «que me dice “sí” a todo» (Sin aguijón).

Por otro lado, lo del manso deja claro que el Mesías viene manso, montado en un asno. Pero aunque no cabalga victorioso, igual dice y hace la verdad y la justicia (Sal 45, 4). Exigente, aboga él fielmente por el derecho. Pero manso, no vocea por las calles ni quiebra la caña cascada (Is 42, 2-4).

Lo nuevo del manso y humilde

Así que no hay que confundir la firmeza de Jesús con el poder que se buscan los del mundo. Tal confusión nos lleva a convertir la fe cristiana en una religión mágica de interés y miedos. Y no es improbable del todo que tal religión nos lleve a codiciar los bienes de los demás. A despreciar también y explotar a los demás y a abusarnos de ellos y de nuestra casa común.

Para guardar la verdadera religión, hemos de ser de la gente sencilla. Pues el Padre les revela a los sencillos estas cosas que se las esconde a los sabios.

Y esto forma parte de lo nuevo que hace Jesús. Es que el Padre se lo ha entregado todo. Y nadie conoce al Padre sino él, y aquel a quien él se lo quiera revelar. Y lo revela como el Dios que despide vacíos a los ricos y enaltece a los humildes. Sí, también los colma de bienes a los hambrientos, incluso de la carne y la sangre de Cristo. Sí, Dios escoge lo que no cuenta para anular lo que cuenta.

Señor Jesús, concédenos, por tu Espíritu, ser de ti y de los pobres que guardan la verdadera religión (SV.ES XI:120, 462). Haznos creer, palpar y saborear las palabras de vida. Y que nos resulten llevaderas y ligeras las enfermedades, aflicciones y necesidades, ayudados (san Agustín) y enseñados por ti, que eres manso y humilde.


5 Julio 2020

14º Domingo de T. O. (A)

Zac 9, 9-10; Rom 8, 9. 11-13; Mt 11, 25-30