First Sunday of Lent, Year C-2022

From Vincentian Encyclopedia
Lure of Power, Wealth and Glory

Jesus wears the crown of glory since he rejected the devil’s lure and suffered death. The Crucified is model of true grit; we fix our gaze on him.

The Holy Spirit who came down on Jesus in the Jordan now leads him to the desert. There, the one who embodies the truth comes face to face with the father of lies and lure.

And the lure is not just for one day. For after he fails, the devil leaves, yes, but only for a time. For he waits for the next chance to lure Jesus.

The devil does the same to us. And, in fact, to go through trials is part of being human. That is to say, temptations and the lure he uses are not foreign to us, but only human (1 Cor 10, 13).

And Jesus shares our flesh and blood (Heb 2, 14). And that is why he lets the devil to lure him, though he does not sin (Heb 4, 15). The new Adam does not do as the old Adam.

The old Adam lets the illusion to be like God, knowing good and evil, fool him. In effect, he wanted to make himself absolute and not relying on his Creator, free from death too.

The new Adam, on the other hand, does not leave God in exchange for bread, power and not dying. He prefers to be with God and stay true to his mission.

So, Jesus does not use God for his own needs. He is not concerned about his problems, but about God’s kingdom and justice, about the bread for all.

Hence, he refuses to change the stone into bread; later, he will not go down from the cross to save himself. For he does not live on bread alone. He does not worship power, glory, wealth; he bows down only in God’s presence. Nor does he like to show off, or he would tempt God, manipulate him, force his hand.

Model of true grit before the devil’s lure

No, there is no doubt that Jesus is human. This is clear even in the genealogy of Jesus in the accounts by Matthew, Mark and Luke.

But what make stand out what Luke says is that he traces Jesus’ line all way back to God (3, 38). Does he mean to tell us that Jesus is one of us so that we may be one with God?

As he lets the devil to lure him, and as he turns him down, Jesus opens to us the gates of salvation. To be one with God and our neighbor is crucial, yes, even to the end. To the giving up of our bodies and the shedding of our blood.

We will be far from God’s word if we go near the devil, worried about our security, obsessed with power, with glitz and glamour. And we will not know peace. Nor will we do, for fear to lose our lives and what we own, as St. Vincent in times of war. For instance, to speak truth to power.

Lord Jesus, grant that we follow your example of true grit. See to it that we do not falter in the face of the devil’s lure and the hardships of life.


6 March 2022

First Sunday of Lent (C)

Dt 26, 4-10; Rom 10, 8-13; Lk 4, 1-13


VERSIÓN ESPAÑOLA

Seducciones de poder, riqueza y gloria

Jesús lleva la corona de gloria por haber rechazado las seducciones del diablo y sufrido la muerte. El Crucificado es modelo de constancia; en él nos fijamos.

El Espíritu Santo que bajó sobre Jesús en el Jordán le lleva ahora al desierto. Allí el que encarna la verdad se encuentra cara a cara con el padre de las mentiras y las seducciones.

Y las seducciones no son de un solo día. Pues tras fracasar en su intento, el diablo se marcha, sí, pero en espera de otra ocasión para tender más seducciones.

Lo mismo hace él con nosotros. Y, de hecho, forma parte de nuestro ser el pasar por pruebas. Es decir, las tentaciones y las seducciones nos son comunes a los hombres (1 Cor 10, 13).

Y Jesús comparte nuestra carne y sangre (Heb 2, 14). Es por eso que se somete a las seducciones del diablo, aunque no peca (Heb 4, 15). No hace el nuevo Adán lo que el viejo Adán.

El viejo Adán se dejó seducir por la ilusión de ser igual a Dios, conociendo el bien y el mal. Ee decir, pretendió absolutizarse a sí mismo e independizarse de su Creador, libre de la muerte.

El nuevo Adán, a su vez, no se aparta de Dios en cambio de pan, poder y no morir. Prefiere estar con Dios y ser fiel a su misión.

Así que Jesús no usa a Dios para remediar las propias necesidades. No se preocupa solo de sus problemas, sino del reino de Dios y su justicia: de que haya pan para todos.

Por lo tanto, se resiste a convertir la piedra en pan; más tarde, no bajará de la cruz para salvarse. Pues no solo de pan vive. Y no le da culto al poder, a la gloria, a la riqueza; solo se postra en presencia de Dios. Ni le gusta la ostentación, la que quiere decir tentar a Dios, manipularle, forzarle la mano.

Modelo de constancia en las seducciones

No, no cabe duda de que Jesús es humano. Esto lo deja claro aun la genelogía en los relatos de Mateo, Marco y Lucas.

Pero lo que distingue lo que cuenta Lucas es que el linaje de Jesús se remonta hasta Dios (3, 38). ¿No se nos da a entender, pues, que Jesús se une a nosotros los hombre para que nos unamos a Dios?

Al someterse a las seducciones y al resistirse a ellas, Jesús nos abre, sí, las puertas del triunfo. Nos es decisiva la comunión con Dios y el prójimo, sí, hasta el extremo. Hasta entregar nuestros cuerpos y derramar nuestra sangre.

Nos alejaremos de la palabra de Dios si nos acercamos al diablo, preocupados de nuestra seguridad, obsesionados por el poder y la ostentación. Y no conoceremos la paz. Ni haremos, por miedo de perder nuestra vida y nuestros bienes, lo que san Vicente en tiempos de guerra. Por ejemplo, decirles la verdad a los con poder.

Señor Jesús, concédenos seguir tu ejemplo de constancia. Haz que no decaigamos ante las seducciones del diablo y las adversidades de la vida.


6 Marzo 2022

1º Domingo de Cuaresma (C)

Dt 26, 4-10; Rom 10, 8-13; Lc 4, 1-13