First Sunday of Advent, Year C-2021

From Vincentian Encyclopedia
Brim with Jesus’ Justice and Love

Jesus is King David’s just shoot. He comes to make the earth brim with justice. How he wishes that we get the name “Lord-Our-Justice.”

Monsieur Jean Gicquel, —he means well, though he picks the wrong time—, cannot but brim with zeal to help Monsieur Vincent. The former wants the latter to die in peace, to place his spirit in the Father’s hands.

Hence, suggested to the dying are ongoing quick prayers that he starts to repeat at first. But before long, he says, “Enough,” though he gets to say for the last time, “Jesus.” This sigh of “Jesus” makes clear that “Enough” does not all mean despair. Rather, it shows hope, willing, complete and trusting surrender of the one who has faith.

So, he seems to agree, then, with the leaves. They believe that to let go is love, faith, grace, God.

That is why, though he has breathed his last, the saint does brim still with love, faith, grace, God. His face, beautiful and majestic even in death, shows this. And he has died on his chair by the fireplace, fully dressed.

Hence, it goes to show that he has been ready to die. And to do besides the things God shows and asks him to do (SV.EN:82).

That is to say, St. Vincent has not only been ready for eighteen years (Abelly:257). Better than this, he has also lived serving the poor to follow Jesus Christ (SV.EN:384). This one gave his body up and shed his blood. Like him, the saint has been in God’s arms and has truly renounced himself. And such life, such death.

To brim with justice and love that are not separable

All committed Christians, yes, live and die like Jesus. So, they accept humbly, with faith, hope and love, that human life and this world have an end.

And they do not give up due to the fear that the signs in the heavens and the earth strike in many hearts. They know by faith that the end that these signs bode makes way for a new life.

Nor do they weaken in the face of the sufferings that faith brings. For they believe that for them to brim with love for God means to have all things work for their good. But it is not that they rely on their strength. They admit that they stumble time and again. For they are prone to evil; they are dust (Gen 8, 21; Ps 103, 15).

Hence, they give credit to God for their successes (SV.EN VII:305). Salvation comes from him. He leads his own to the tomorrow that will brim with justice, peace and love. They do not cringe, then; they lift up their heads.

Lord Jesus, grant that we brim with justice and love. Thus, we who are weak, yet strong due to your grace (2 Cor 12, 9), will be ready for your coming.


28 November 2021

First Sunday of Advent (C)

Jer 33, 14-16; 1 Thes 3, 12 – 4, 2; Lk 21, 25-28. 34-36


VERSIÓN ESPAÑOLA

Rebosar de la justicia y el amor de Jesús

Jesús es el vástago legítimo del Rey David. Viene él para hacer rebosar la tierra de justicia. ¡Cuánto quiere que nos llamemos «Señor-nuestra-justicia»!

Mosén Juan Gicquel no puede sino rebosar de celo, —intempestivo aunque bien intencionado—, por asistir a mosén Vicente. Quiere el primero que el último muera en paz, con su espíritu puesto en las manos del Padre.

Por lo tanto, se le sugieren al moribundo invocaciones piadosas, una tras otra, que él empieza a repetir. Pero al poco tiempo, dice: «Ya basta», si bien logra añadir por última vez: «Jesús». Ese suspiro de «Jesús» deja claro que «Ya basta» no quiere decir para nada desesperanza ante la muerte. Indica más bien esperanza, entrega voluntaria, entera y confiada del que tiene fe.

Parece estar de acuerdo él, pues, con las ojas. Creen ellas que dejarse caer de las ramas es amor, fe, gracia, Dios.

Es por eso que aun expirado no deja de rebosar el santo de amor, fe, gracia, Dios. Esto lo manifiesta hasta su faz, bella y majestuosa aun en la muerte (Jaime Corera:3). Y ha muerto él sentado en su silla vestido del todo al lado del fuego.

Se ve, por lo tanto, que preparado ha estado él para morir. Y para hacer también todo lo que Dios le dé a conocer y pida de él (SV.ES XI:398).

Es decir, no solo se ha preparado san Vicente para la muerte por dieciocho años (Abelly 197). Mejor que esto, ha vivido además sirviendo a los pobres para seguir a Jesucristo (SV.ES III:359). Al que entregó su cuerpo y derramó su sangre. Como éste, se ha puesto el santo en los brazos de Dios y se ha renunciado de verdad a sí mismo. Y tal vida, tal muerte.

Rebosar de justicia y amor que no son separables

Como Jesucristo, sí, viven y mueren todos los cristianos comprometidos. Aceptan, pues, con humildad, fe, esperanza y amor que su vida y este mundo tienen fin.

Y no se dejan vencer por el pavor que infunden en muchos corazones los signos en los astros y la tierra. Los verdaderos discípulos saben por la fe que el fin, que presagian esas señales, da paso a una vida nueva.

Ni desfallecen ellos ante los sufrimientos que les esperan por su fe. Pues creen que rebosar ellos de amor a Dios es asegurar que todo les sirva para el bien. Pero no es que se fíen de su fuerza. Admiten que tropiezan una y otra vez; se inclinan al mal, que son barro (Gén 8, 21; Sal 103, 15).

Atribuyen a Dios, por lo tanto, todo éxito (SV.ES VII:250). De él espera la salvación. Él lleva a los suyos al mañana que no pueda menos que rebosar de justicia, paz y amor. En lugar de encogerse, pues, alzan la cabeza.

Señor Jesús, concédenos rebosar de justicia y amor. Así los que somos débiles, y fuertes por tu gracia (2 Cor 12, 9,) estaremos listos para tu venida.


28 Noviembre 2021

Domingo 1º de Adviento (C)

Jer 33, 14-16; 1 Tes 3, 12 – 4, 2; Lc 21, 25-28. 34-36