First Sunday of Advent, Year B-2020

From Vincentian Encyclopedia
Watch, Stay Awake, for Jesus Is Coming

Jesus is coming, but we do not know when. So, we have to watch.

It seems odd that we are to look to the end at the beginning of the liturgical year. For we are urged to watch and wait for our Lord Jesus Christ to be revealed. He will come, yes, but we do not know when. And his coming will spell the end of time as we know it.

Is it true, then, as T.S. Eliot says, that in our beginning is our end, and our end in our beginning? Or are they right, those who say that awareness of the end makes authentic life possible? And, yes, Sir 7, 36 says, “In all you do, remember the end of your life, and you will never sin.”

But be it as it may, what is plain is that we are to be awake and watchful. And we hear again, for good measure, that we, disciples and non-disciples, must watch.

Jesus, though, does not tell us what to stay awake or to watch means exactly. He only says that he is like a man traveling abroad. This man places his servants in charge, each with his own work, and orders the gatekeeper to watch.

So then, the suggestion is that to watch is to do the tasks that Jesus has given us. And there is no one who does the tasks better than the worthy wife (Prov 31, 10-13. 19-20. 30-31). Needless to say, then, we have to feel and do as the co-owners.

That is to say, we have to live up to our being heirs of God and co-heirs with Christ (Rom 8, 17). God, besides, is our Father; we are his children by adoption through Jesus Christ (Eph 1, 5).

Lord Jesus, grant to us who feed on your body and blood to be truly one with you. We will thus breathe you, live by your death, die by your life, hidden in you and full of you (SV.EN I:276). So, too, will we get to watch as your true co-heirs do.


29 November 2020

First Sunday of Advent (B)

Is 63, 16b-17. 19b; 64, 2-7; 1 Cor 1, 3-9; Mk 13, 33-37


VERSIÓN ESPAÑOLA

Velar, estar despiertos, que vendrá Jesús

El Señor vendrá, pero no sabemos cúando. Es por eso que hay que velar.

Parece curioso que el en comienzo del año litúrgico, se nos presenta el fin. Pues se nos exhorta a velar y a aguardar que se manifieste nuestro Señor Jesucristo. Vendrá él, sí, pero no sabemos cuándo. Y su venida querrá decir el fin del tiempo tal como lo conocemos.

¿Es verdad, pues, que, como lo dice T.S. Eliot, en el principio está el fin, y en el fin el principio? 0, ¿acaso tienen razón los que dicen que sin afrontar el fin, no nos será posible una vida auténtica? Y, claro, dice Eclo 7, 36: «En todas tus acciones piensa en el desenlace, y nunca pecarás».

Pero en cualquier caso, lo llano es que hoy se nos insiste en que miremos y vigilemos. Y para darle al tema la plena importancia, se nos repite a los discípulos y no discípulos que tenemos que velar.

No, no se nos dice lo que quiere decir exactamente mirar, vigilar o velar. Solo se compara Jesús con el dueño de la casa. Éste, antes de viajar, da a cada uno de sus criados su tarea. Y encarga al portero que no deje de velar.

Por lo tanto, se nos da a entender que velar es hacer las tareas que nos ha dado Jesús. Y no hay quien cumpla con sus tareas y encargos mejor que la mujer fuerte (Prov 31, 10-13. 19-20. 30-31). Es por eso que está de más decir que hemos de sentir y hacer lo que los condueños o condueñas.

Es decir, tenemos que vivir de acuerdo con nuestra condición de herederos de Dios y coherederos con Cristo (Rom 8, 17). Y Dios es nuestro Padre; somos sus hijos por adopción por medio de Jesucristo (Ef 1, 5).

Señor Jesús, concédenos a los que nos alimentamos de tu cuerpo y sangre unirnos a ti de verdad contigo. Así te respiraremos, viviremos por tu muerte y moriremos por tu vida, ocultos en ti, llenos de ti (SV.ES I:320). Y así también lograremos velar de forma propia de tus verdaderos coheredores.


29 Noviembre 2020

Domingo 1º de Adviento (B)

Is 63, 16b-17. 19b; 64, 2-7; 1 Cor 1, 3-9; Mc 13, 33-37