First Sunday of Advent, Year B-2017

From Vincentian Encyclopedia
Watchful and hard-working servants

Jesus, who rose from the dead and went up to heaven, will not fail to return in his glory. Of course, he wants us to be always watchful and hard-working.

Jesus exhorts all of us to be watchful. And the exhortation sounds urgent, for he repeats it in several ways: “Be watchful! Be alert! Watch!”

His insistence surely indicates that being watchful is a matter of spiritual life and death. Unless we remain watchful, we will put out our faith, it will be dead.

So, then, Jesus urges us to be watchful, so we may live our faith, hope and love with liveliness and grace. No, we cannot allow indifference, mediocrity, apathy or self-deception take over us.

In other words, we ought to focus on Jesus. Our whole life should revolve around him and his second coming. And it will do us good to acknowledge that time is running out, that this world in its present form is passing away. This acknowledgment may lead us to take seriously the advice (1 Cor 7, 29-31):

Let those having wives act as not having them, those weeping as not weeping, those rejoicing as not rejoicing, those buying as not owning, those using the world as not using it fully.

But let us be careful about those who use the impending coming of Jesus as an excuse not to work. These deserve the admonition: “Anyone who is unwilling to work should not eat.” In fact, our Lord has left us in charge of certain tasks. He does not want us to be asleep, lifeless. There is nothing more contrary to Jesus’ exhortation than doing nothing. We cannot be like those who, “provided they have enough to eat, do not bother about anything else” (SV.EN XII:81). We have to use our talents. We have to help the least of Christ’s brothers and sisters.

Without grace, of course, we cannot stay watchful.

Without Jesus, we can do nothing. Recognizing we need and depend on him, we will fix our gaze on him as we go through life.

That is because he is our Redeemer. So, we will cry out to him, saying, “Return for the sake of your servants, the tribes of your heritage.” He will surely keep those who await his revelation firm to the end.

Lord Jesus, you stand at the door and knock. Make us, watchful and attentive, hear your voice and open the door, so that we may dine together.


3 December 2017

First Sunday of Advent (B)

Is 63, 16b-17. 19b – 64, 2-7; 1 Cor 1, 3-9; Mk 13, 33-37


VERSIÓN ESPAÑOLA

Vigilantes y diligentes siervos

No dejará de volver en su gloria Jesús, quien resucitó de entre los muertos y subió al cielo. Claro, él nos quiere vigilantes siempre y diligentes.

Nos exhorta Jesús a todos nosotros a mantenernos vigilantes. Y suena urgente la exhortación, pues queda repetida de varias formas: «Mirad, vigilad, velad».

La urgencia indica, por supuesto, que estar vigilantes es cuestión de vida o muerte espiritual para nosotros. No sea que permanezcamos vigilantes, quedará apagada, muerta, nuestra fe.

Así que se nos urge a estar vigilantes para que vivamos con viveza y gracia la fe, la esperanza y el amor. No, no podemos dejar que se apodere de nosotros la indiferencia, la mediocridad, la apatía o el autoengaño.

En otras palabras, en Jesús debemos centrarnos. Alrededor de él y de su segunda venida ha de girar nuestra vida entera. Y nos hará bien reconocer que el momento es apremiante y que la representación de este mundo se termina. Este reconocimiento tal vez nos lleve a tomar en serio esta recomendación (1 Cor 7, 29-31):

Quienes tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; cuantos están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; quienes negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él.

Pero, cuidado con quienes se sirven de la inminente venida de Jesús como excusa para dejar de trabajar. Se merecen la amonestación: «Si alguno no quiere trabajar, que no coma». De hecho, nuestro Señor nos ha encargado ciertas tareas. No nos quiere dormidos, inertes. Nada más contrario a la exhortación de Jesús que no hacer nada. No debemos ser como aquellos que, «con tal que haya de comer, no se preocupan de nada más» (SV.ES XI:397). Tenemos que utilizar nuestros talentos. Hay que ayudar a los más pequeños hermanos y hermanas de Cristo.

Sin la gracia de Dios, desde luego, no podemos mantenernos vigilantes.

Sin Jesús, no podemos hacer nada. Reconociéndonos necesitados, pues, y dependientes de él, viviremos con la mirada puesta en él.

Es que él es nuestro Redentor. Por lo tanto, clamaremos a él, diciendo: «Vuélvete por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad». Él, seguramente, los mantendrá firmes hasta el final a los que aguardan su manifestación.

Señor Jesús, estás a la puerte y llamas. Haz que vigilantes y atentos te escuchemos y te abramos la puerta, para que podamos cenar juntos.


3 Diciembre 2017

Domingo 1º de Adviento (B)

Is 63, 16b-17. 19b – 64, 2-7; 1 Cor 1, 3-9; Mc 13, 33-37