Fifth Sunday of Easter, Year B-2018

From Vincentian Encyclopedia
Vine and Branches and Much Fruit

Jesus is the vine and his disciples, the branches. Remaining in Jesus, and he in them, the disciples bear much fruit.

Remaining now in the true vine, Paul gives much fruit. He does not only speak boldly in the name of Jesus. He also toils harder than all the other apostles who received their call ahead of him. Undoubtedly, he proclaims the word at all times. And because Paul keeps the faith that he once tried to destroy, those who doubted him before now glorify God.

Yes, the sap from the vine makes a huge difference. Unless the vine passes on to the branches its “lifeblood,” they dry up. That is to say, we cannot do without grace; without it, we will “wither away” (SV.EN IX:316). And since grace comes through Jesus Christ, we can do nothing without him. He is, indeed, the vine whose vine grower is the Father himself.

Jesus is God’s new vineyard, of the best variety, of cherished plants. He bears the fruit of faithfulness and justice that he looks for in his people. We have to remain, then, in Jesus. Otherwise, we will yield wild grapes.

No, we surely cannot settle for the righteousness of the scribes and Pharisees. True, such righteousness represents efforts to fulfill exactly the law that we have received through Moses. Well and good, for there is need for efforts, excellence and strict observance. But the trouble is that many a strict keeper of the law harbors close-mindedness, pride, self-sufficiency. Such one does not ask for help. That is because he feels he can do everything, is above others and has a right to everything.

And these are the feelings or weaknesses that the Father seeks to prune away through his Son’s words. He wants us to empty ourselves and clothe ourselves with Jesus Christ, aware that, without God’s grace, we will spoil everything (SV.EN XI:310-311).

Lord Jesus, make us love you in deed and truth and remain in you, the true vine. Turn us into the grain of wheat that falls to the ground and dies, and so yields much fruit. May we live what we celebrate in the Eucharist.


29 April 2018

Fifth Sunday of Easter (B)

Acts 9, 26-31; 1 Jn 3, 18-24; Jn 15, 1-8


VERSIÓN ESPAÑOLA

Vid y sarmientos y fruto abundante

Jesús es la vid y los discípulos, los sarmientos. Permaneciendo en Jesús, y él en ellos, los discípulos dan fruto abundante.

Permaneciendo ya en la vid verdadera, Pablo da fruto abundante. No solo predica públicamente el nombre de Jesús. También trabaja más que todos los apóstoles llamados antes que él. Indudablemente, proclama él la palabra en todo momento. Y por conservar Pablo la fe que antes procuraba destruir, dan gloria a Dios quienes antes dudaban de él.

Marca, sí, una enorme diferencia la savia de la vid. No sea que la vid les comunique la savia vital a los sarmientos, se secarán éstos. Es decir, no podemos prescindir de la gracia de Dios. Es que de ella vivimos; sin ella, moriremos (SV.ES IX:369). Y como la gracia nos llega por medio de Jesucristo, entonces no podemos hacer nada sin él. Él es, de verdad, la vid cuyo viñador es el Padre mismo.

Jesús es la nueva viña de Dios, de mejores cepas, de vid preferida. En él, pues, encuentra Dios la fidelidad, la justicia, que esperaba de su pueblo. En Jesús, por tanto, debemos permanecer. Pues, de lo contrario, no daremos uvas, sino agrazones.

No, no podemos conformarnos con la justicia de los escribas y fariseos. Cierto, tal justicia representa esfuerzo por cumplir exactamente la ley que se dio por Moisés. Y está bien, pues hay necesidad de esfuerzo, superación y observancia estricta. Pero el problema es que no pocos de los que observan la ley de esa manera despliegan especialmente una actitud cerrada, soberbia, autocomplaciente. No piden ayuda. Es que se creen capaces de todo, superiores a los demás y con derecho a todo.

Y éstas son las actitudes o debilidades que el Padre busca cortar mediante las palabras de su Hijo. Quiere él que nos vaciemos de nosotros mismos para revestirnos de Jesucristo, conscientes de que sin él, lo estropearemos todo (SV.ES XI:236).

Señor Jesús, haz que te amemos con obras y según la verdad y permanezcamos en ti, la verdadera vid. Conviértenos en grano de trigo que, cayendo en tierra y muriendo, da mucho fruto. Ojalá vivamos lo que celebramos en la Eucaristía.


29 Abril 2018

5º Domingo de Pascua (B)

Hch 9, 26-31; 1 Jn 3, 18-24; Jn 15, 1-8