Fifth Sunday of Easter, Year B-2015

From Vincentian Encyclopedia
Let us love not in word or speech but in deed and truth (1 Jn 3, 18)

Jesus guarantees fruitfulness to those who believe and remain in him.

Calling himself the true vine, Jesus makes his own an image that is used for Israel. He makes known that he is the perfect fulfillment of what God looks for in his people.

God wants his people to be faithful to him and thus continue eating from his plenty and drinking from the fountain of living water (Jer 2, 5. 13. 21). The unfaithful punish themselves and end up being good for nothing (Jer 2, 19; Ez 15).

But faithfulness to God means faithfulness to the neighbor. Quite well are we reminded of the futility of sacrifices and the recitations of God’s commandments or covenant that are practiced by thieves, adulterers, calumniators, detractors, deceivers and the disrespectful (Ps 50).

God looks, then, for rightness and justice in his people (Is 5, 1-7). He wants us to fast genuinely: to release those bound unjustly, to untie the thongs of the yoke, to set the oppressed free, to share our bread with the hungry, to shelter the homeless, to cloth the naked, not to turn our back on our own, to avoid using even threatening gestures (Is 58).

And to make sure we are faithful to God and the neighbor, it is enough for us to remain in the one who became obedient to death and who went about doing good. He came down from heaven to do the will of the one who sent him to proclaim the Good News to the poor and combat human suffering.

That is because those who remain in Jesus, living off the Word and the Eucharist, become one body and blood with him. They surely have his obedient, charitable and fruitful DNA. With them bearing much fruit, as former persecutor Paul unexpectedly did, the Father is glorified.

Indeed, Jesus’ intimate friends, or in the words of St. Vincent de Paul, persons of prayer are “capable of everything” (FrXI:83). Their interior life with Christ leads them to conceive and make effective both small and “great and holy affections for the service of the God” (FrXII:93) and the poor.

And those who belong to Jesus attribute every success to grace. They are not like the rich fool, drunk with abundance (Lk 12, 13-21) or like the people who, the more fruit they bear, like a luxuriant vine, the more idolatrous they become (Hos 10, 1).

Lord, make us abound in good works that will shine like a light on others, so that they may glorify you.


VERSIÓN ESPAÑOLA

5º Domingo de Pascua B-2015

No amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad (1 Jn 3, 18)

Jesús les garantiza fecundidad a los que creen y permanecen en él.

Llamándose la verdadera vid, Jesús hace suya una imagen que se usa para Israel. Da a conocer que él es el pleno cumplimiento de lo que busca Dios en su pueblo.

Quiere Dios que los suyos sean fieles a él y así sigan comiendo de su plenitud y bebiendo de la fuente de agua viva (Jer 2, 5. 13. 21). Los infieles se castigan a sí mismos y acaban no sirviendo para nada (Jer 2, 19; Ez 15).

Pero ser fiel a Dios quiere decir ser fiel al prójimo. Bien se nos recuerda lo inanes que les resultan las oblaciones y las recitaciones de los preceptos o la alianza de Dios a los ladrones, los adúlteros, los calumniadores, los detractores, los engañadores, los irrespetuosos (Sal 50).

Así que Dios espera de su pueblo derecho y justicia (Is 5, 1-7). Nos quiere ayunando de modo auténtico: rompiendo las cadenas de injusticia, desatando las correas del yugo, poniendo en libertad a los oprimidos, compartiendo nuestro pan con el hambriento, hospedando a los sin techo, vistiendo al desnudo, no cerrándonos a nuestros semejantes, desterrando de nosotros incluso gestos amenazadores (Is 58).

Y para asegurar que seamos fieles a Dios y al prójimo, nos basta con permanecer en el que se hizo obediente hasta la muerte y pasó haciendo el bien. Él bajó del cielo para hacer la voluntad del que le envió para anunciar la Buena Noticia a los pobres y para combatir el sufrimiento humano.

Es que quienes permanecen en Jesús, viviendo de la Palabra y la Eucaristía, se hacen concorpóreos y consanguíneos suyos. Tienen seguramente su ADN obediente, caritativo y fructífero. Con dar ellos fruto abundante, como lo hizo inesperadamente el ex perseguidor Pablo, recibe gloria el Padre.

Sí, el amigo íntimo de Jesús, o en palabras de san Vicente de Paúl, el «hombre de oración», es «capaz de todo» (EsXI:778). Su vida interior con Cristo lo lleva a concebir y realizar tanto pequeños como «grandes y santos ideales por el servicio de Dios» (EsXI:398) y los pobres.

Y atribuyen los de Jesús todo éxito a la gracia de Dios. No son como el rico necio, ebrio de abundancia (Lc 12, 13-21), ni como el pueblo que tanto más fruto da, cual una vid frondosa, cuanto más idólatra se hace (Os 10, 1).

Haz, Señor, que abundemos en buenas obras que alumbren, como una luz, a los hombres, para que ellos te den gloria.