Fifth Sunday in Ordinary Time, Year C-2022

From Vincentian Encyclopedia
Fishers of Men and Women, Sinners All

Jesus is the leading fisher of men and women. Those he calls are also, though sinners, to be fishers of other sinners.

Jesus tells Simon, “Put out into deep water and lower your nets for a catch.” And Simon answers, “Teacher, we have worked hard all night and have caught nothing.” His dismay and that of his fellow fishermen, or fishers, show in the reply.

Peter adds, though, “But since you say so, I will lower the nets.” And his trust and obedience pay off.

Yes, the fisherman trusts a carpenter’s son. Were Simon one of Nazareth’s synagogue-goers, he might think, “Who does he think he is? What does this carpenter know about fishing?”

But the fisherman does not react so; he is not one of the wise, but of the lowly folks. Hence, he gets another thing that is of more value than a great catch of fish. For he, and James and John, get to move up; Jesus makes them fishers of men and women.

And who would not welcome the new rank? It is no surprise, then, that the three bring their boats to the shore. They leave all and follow Jesus. It does not matter that they do not know yet what to follow Jesus fully means.

Sinful fishers of sinful men

Yes, there is much that that those who will be fishers of men and women will have to learn still. But for now, it is enough for Jesus that they heed his word and are in awe of its power. What matters is that they see the new that he, the Son of the Father, brings forth.

The Father has handed all things to the Son and only the Son knows the Father (Lk 10, 22). But now the Son chooses to share with sinful fishermen what he knows about his merciful Father. It turns out so since, just like his Father, he looks kindly on the lowly (Lk 1, 48).

So, lowliness is doorway and invitation to the new. Lowliness also lays bare our being human for it takes off the pretensions we use as armor. Thus disarmed, we will get to grasp that there is no one to go to but Jesus; he has the words of eternal life (Jn 6, 68).

No, life, the “horn” of salvation, does not lie in wealth and power (Lk 1, 69; 12, 15). Not in the molten calf, the projection of our pride and greed, so to speak, on a big screen (Ex 32, 4; Ps 73, 6). It is big and in three dimensions; it is not real though. Life lies, rather, in the shameful death on the cross, in giving up the body and shedding blood, for sins.

It is true, lowliness is the origin of all the good we do (SV.EN IX:530). That is to say, it opens the door to all other good works. Hence, those whom Jesus sends to be fishers of men and women cannot do without it ('TWVDP 40-41).

Lord Jesus, your alone are the holy one. Grant us to confess that we are sinners. Make us grasp, when we fail and faint, that you and your life are what matters. May all your fishers of men and women put you back at the center of their lives and pastoral works. You are their life and death, their all (SV.EN I:276; SV.EN V:537). Thus, as witnesses that light up with your fire, they wake up faith in others.


6 February 2022

5th Sunday in O.T. (C)

Is 6, 1-2a. 3-8; 1 Cor 15, 1-11; Lk 5, 1-11


VERSIÓN ESPAÑOLA

Pescadores pecadores de hombres pecadores

Jesús es el pescador principal de los hombres. Los llamados por él, aun pecadores, han de ser también pescadores de los demás pecadores.

Le dice Jesús a Simón: «Rema mar adentro y echad las redes para pescar». Y Simón contesta: «Maestro nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada». Se ve en esa respuesta la frustración de Simón y de sus socios pescadores.

Con todo, añade Simón: «Pero, por tu palabra, echaré las redes». Y resultan recompensadas su confianza y su obediencia.

Sí, se fía el pescador de la palabra del hijo de un carpintero. Si fuera Simón uno de los asistentes a la sinagoga de Nazaret pensaría para sí: «¿Quién se cree que es? ¿Qué sabe de pescar este carpintero?».

Pero no así lo hace el pescador; no es de los sabios, sino de los humildes. Por lo tanto, se le concede otra cosa de más valor que una redada grande de peces. Pues consiguen él, y Santiago y Juan, un ascenso; Jesús hace de ellos pescadores de hombres y mujeres.

Y, ¿quién no acogería el nuevo rango? Es por eso que no es de sorprender que lor tres saquen las barcas a tierra. Lo dejan todo para sequir al Maestro. No importa que aún no sepan del todo el pleno sentido de seguir a Jesús.

Pescadores pecadores de hombres pecadores

Sí, les queda mucho que aprender aún a los que serán pescadores de hombres y mujeres. Pero por ahora les basta a Jesús que ellos escuchen su palabra y se maravillen de la fuerza de ella. Lo importante es que vean ellos lo nuevo que hace brotar él, el Hijo del Padre.

En las manos del Hijo lo ha puestro todo el Padre, y solo el Hijo conoce al Padre (Lc 10, 22). Pero ahora el Hijo tiene a bien compartirles a unos pecadores, con profesión de pescar, su conocimiento del Padre misericordioso. Es que Jesús, al igual que su Padre, pone sus ojos en los humildes (Lc 1, 48).

Así que la humildad es puerta de entrada e invitación a lo nuevo. La humildad descubre también nuestra humanidad, pues nos quita las pretensiones que nos ponemos como armadura. Desarmados, lograremos comprender que no podemos acudir a nadie más que a Jesús; tiene él palabras de vida eterna (Jn 6, 68).

No, la vida, el «cuerno» de salvación, no está en el dinero y el poder (Lc 1, 69; 12, 15). No está en el becerro de fundición, la proyección de nuestra soberbia y de nuestra codicia sobre una pantalla grande, por así decirlo (Éx 32, 4; Sal 73, 6). Es grande y tridimensional; pero no es más que ilusión. Está la vida, más bien, en la vergüenza y la muerte de cruz, en entregar el cuerpo y derramar la sangre, por los pecados.

Con razón se nos dice que la humildad es el origen de todo bien que hacemos (SV.ES IX:604). Es decir, ella nos abre la puerta a las demás buenas obras. De ella, por lo tanto, no pueden prescindir los enviados o enviadas a ser pescadores o pescadoras de los hombres.

Señor Jesús, tú solo eres santo; cóncedenos confesar que somos pecadores. Haz que captemos, en los momentos de fracaso y desaliento, que tú y tu vida son lo que cuenta. Que vuelvan a ponerte en el centro de su pastoral y de su vida todos tus pescadores de los hombres. Tú eres su vida y muerte, su todo (SV.ES I:320; SV.ES V:511). Así, como testigos que irradian tu fuego, desperterán la fe en los demás.


6 Febrero 2022

5º Domingo de T. O. (C)

Is 6, 1-2a. 3-8; 1 Cor 15, 1-11; Lc 5, 1-11