Fifth Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Hunger for the Word of God

Jesus, in whose mouth God puts his words, tells us all that God commands. Those who trust in Jesus and obey him become new and satisfy their hunger.

The people hunger for God’s word. That is why they crowd around Jesus. And he does not send them away. Rather, he teaches them and satisfies their hunger.

But there is no mention of the specific content of Jesus’ teaching. This suggests perhaps that our focus should mainly be on Jesus. He is the Word made flesh. Rightly, then, does he stand out as he sits down and teaches from Simon’s boat, close to the shore.

Yes, the Teacher is the teaching. And he keeps teaching even when he finishes speaking. For his bringing about, against all odds, the amazing catch of a great number of fish is itself a teaching. Through it, he teaches Simon, James and John to put their trust in him. He alone, after all, is the answer to their hunger. It is also a lesson about their own unworthiness and their calling to a new life.

Jesus addresses the same teaching to us who seek to follow him and hunger for God’s Word.

Jesus wants those who would follow him to put out into deep water. That is, his wish for us is that we understand and know him well and follow him closely. And he asks us to do so even at great risk and against our better knowledge, skill and experience.

And so, true followers of Jesus yield to his judgment. They do not let their own ideas, philosophy, theology, talks and hard work spoil everything (SV.EN XI:310-311). Instead, they say to him, “Teacher, at your word, we will do what conventional human wisdom tells us not to do.”

And, undoubtedly, Jesus will show us what he wants. If we ask him what he would do were he in our place (SV.EN XI:314), he will appear to us, too. He will also reveal to us his will. And doing it, we shall taste the amazing fullness that we really hunger for. He, then, will not just be our Teacher but also our Lord. He will, moreover, open our eyes so that, like Isaiah and Simon, we may see our unworthiness.

Acknowledgement of our sinfulness and change for the better are indeed a sign that we obey Jesus. Will, then, our hiding sins and scandals and our insistence on doing what we have always done not mean disobedience? Do our refusal to admit mistakes and our being set in our ways not stop us from leaving everything to follow Jesus without fear?

Lord Jesus, make us true to what celebrate at the Eucharist. Grant that we offer ourselves as a living sacrifice. Renew us so that, discerning your will, we may hunger no longer.


10 February 2019

5th Sunday in O.T. (C)

Is 6, 1-2a. 3-8; 1 Cor 15, 1-11; Lk 5, 1-11


VERSIÓN ESPAÑOLA

Hambre de la Palabra de Dios

Jesús, en cuya boca pone Dios sus palabras, dice todo lo que Dios le manda. Cuantos obedecen a Jesús, fiándose de él, se transforman y sacian el hambre que tienen.

La muchedumbre tiene hambre de la palabra de Dios. Por eso, se agolpa alrededor de Jesús para escucharle. Y no despide él a los hambrientos, sino que les enseña, y así sacia su hambre.

Pero no se nos especifica el contenido de su enseñanza, lo que quizás indique que en Jesús principalmente debemos enfocarnos. Él es la Palabra de Dios hecha carne. Con razón, pues, sobresale él mientras, sentado, enseña a la gente desde la barca de Simón, apartada un poco de tierra.

El Maestro mismo, sí, es la enseñanza. Y sigue enseñando aun cuando acaba de hablar. Es que la redada grande de peces sirve de enseñanza. Por ella, les enseña Jesús a Simón, Santiago y Juan a fiarse de él. Después de todo, solo él remedia su hambre. Les enseña además su indignidad y su vocación a una nueva vida.

Jesús nos dirige la misma enseñanza a los que pretendemos seguirle y tenemos hambre de la palabra de Dios.

Quiere Jesús que sus prospectivos seguidores remen mar adentro. Es decir, su deseo para nosotros es que le entendamos y conozcamos íntimamente y le sigamos de cerca. Y nos pide él que esto lo hagamos aunque corramos grandes riesgos y actuemos en contra de nuestros buenos conocimientos, competencias y experiencias.

Así que los verdaderos discípulos cambian su pensar, sentir y actuar por los de Jesús. No dejan que sus propias ideas, su filosofía, su teología y sus discursos lo estropeen todo (SV.ES XI:236). Los seguidores de Jesús le dicen más bien, «Maestro, por tu palabra, haremos lo que prohíbe el sentido común».

Y seguramente nos enseñará Jesús lo que él quiere. Se nos aparecerá también a nosotros que le preguntamos qué haría si estuviera en nuestro lugar (SV.ES XI:240). Así nos revelará él su voluntad. Y si la hacemos, lograremos probar la plenitud asombrosa de la que tenemos hambre. Entonces nos será él no solo nuestro Maestro, sino nuestro Señor también. Nos abrirá además los ojos para que veamos, como Isaías y Simón, nuestra indignidad.

Si obedecemos verdaderamente a Jesús, reconoceremos que somos pecadores y nos trasformaremos. Entonces, ¿no se nos tomará a nosotros por desobedientes si encubrimos los pecados y los escándalos? No admitir errores e instalarnos en nuestras tradiciones rígidas, ¿no nos impide esto dejarlo todo para sequir a Jesús sin temor?

Señor Jesús, haz que seamos fieles a la celebración de la Eucaristía y nos presentemos como hostia viva. Renuévanos para que discernamos tu voluntad y se sacie el hambre que tenemos.


10 Febrero 2019

5º Domingo de T.O. (C)

Is 6, 1-2a. 3-8; 1 Cor 15, 1-11; Lc 5, 1-11