Fifth Sunday in Ordinary Time, Year C-2016

From Vincentian Encyclopedia
Master and Teacher thrice holy

Jesus is our Teacher and Master, which also means we must learn to do everything that he commands and teaches by words and works, and to proclaim his Gospel.

Setting aside his experience and knowledge as a fisherman, Simon believes in the words of the carpenter from Nazareth turned teacher and master. He says to Jesus: “Master, we have worked hard all night and have caught nothing, but at your command I will lower the nets.”

And Simon is not disappointed. Awed because of the huge catch of fish, so that the nets are breaking, he kneels before the Master and says: “Depart from me, Lord, for I am a sinful man.” Jesus immediately replies: “Do not be afraid; from now on you will be catching men.”

They are suited for discipleship, yes, those who go against their better judgment to obey the Master. Only those who, confessing their helplessness, recognize Someone greater than themselves can be Jesus’ followers.

The Master does not make disciples of those who are turned in on themselves, but rather of those who are open to the “awesome and fascinating mystery.” These are people who sense the presence of this mystery in astonishing occurrences as well as in small and ordinary blessings, on account of which poor and simple folks give thanks and hold celebrations.

Indeed, the Lord looks with favor on the lowly who tremble at his efficacious words, on those who, seeing themselves naked, without anything and guilty before the most holy God, cannot but try to hide from him. Reassured, however, by the Lord’s encouraging words, they do not run away.

And ultimately, we prove ourselves Christians by making sure that our mistrust of our own strength become the foundation of the trust we should have in God, to cite St. Vincent de Paul (SV.FR V:488). Echoing the Pauline passage, “I have toiled harder than all of them; not I, however, but the grace of God that is with me,” the saint assures us: “With it [trust in God] we will do much, or rather, God himself will do what he expects of us.”

We shall be genuine disciples, if, admitting that we are unclean and slow to understand, we let the Teacher and Master wash us and open our minds and hearts, so that we may grasp the true meaning of the Eucharist, the washing of the feet, prayer, fasting, almsgiving. Taught by the Master and proclaiming the Gospel, we will break all expectations.

Lord Jesus, grant that we sinners be fishers of men.


February 7, 2016

5th Sunday in O.T (C)

Is 6, 1-2a. 3-8; 1 Cor 15, 1-11; Lk 5, 1-11


VERSIÓN ESPAÑOLA

Maestro y Señor tres veces santo

Jesús es nuestro Maestro y nuestro Señor, lo que quiere también decir que debemos aprender a hacer todo lo que él manda y enseña de palabra y de obra, y a proclamar su Evangelio.

Dejando de lado su experiencia y su conocimiento como pescador, cree Simón en las palabras del carpintero de Nazaretconvertido en maestro. Le dice a Jesús: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

Y no queda defraudado Simón. Sobrecogido a causa de la redada grande de peces que rompe las redes, dice arrojado a los pies del Maestro: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador». De inmediato replica Jesús: «No temas: desde ahora, serás pescador de hombres».

Sí, valen para el discipulado los que actúan incluso en contra de su buen juicio para obedecer al Maestro. Seguidores de Jesús pueden ser solo quienes, confesándose desvalidos, reconocen a Alguien mayor que ellos mismos.

No de los encerrados en sí mismos hace discípulos el Maestro, sino de los abiertos al «misterio tremendo y fascinante». Éstos intuyen la presencia de este misterio tanto en los asombrosos acontecimientos como en las pequeñas y ordinarias bendiciones, por las que dan gracias y hacen fiestas las gentes pobres y sencillas.

De verdad, pone sus ojos el Señor en los humildes que se estremecen ante las palabras divinas eficaces, en los que, viéndose desnudos, sin nada y culpables ante el santísimo Dios, no pueden menos que intentar esconderse de él. Tranquilizados, sin embargo, por las palabras alentadoras del Señor, no se huyen.

Y los cristianos, en última instancia, nos acreditamos por lograr convertir nuestra «desconfianza en las propias fuerzas» en «fundamento de la confianza que hay que tener en Dios», por citar a San Vicente de Paúl (SV.ES III:124). Haciendo eco del pasaje paulino: «He trabajado más que todos ellos; aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo», nos asegura el santo: «Con ella [la confianza en Dios] haremos mucho, o mejor dicho, Dios hará por sí mismo lo que pretende de nosotros».

Discípulos auténticos seremos si, admitiéndonos inmundos y torpes para entender, permitimos al que llamamos Maestro y Señor lavarnos y abrirnos la mente y el corazón, para que comprendamos el verdadero significado de la Eucaristía, del lavatorio de los pies, de la oración, del ayuno, de la limosna. Instruidos por el Maestro y proclamando el Evangelio, romperemos con todas las expectativas.

Señor Jesús, concédenos a los pecadores ser pescadores de hombres.


7 de febrero de 2016

5º Domingo de T.O. (C)

Is 6, 1-2a. 3-8; 1 Cor 15, 1-11; Lc 5, 1-11