Fifteenth Sunday in Ordinary Time, Year C-2016

From Vincentian Encyclopedia
Fullness par excellence and unequaled

In Jesus dwells all the fullness; those who treat the helpless with mercy are surely partakers of his fullness.

“And who is my neighbor?” asks a scholar of the law who wants to justify himself. He is also one of those experts who like to test Jesus. They think they have the fullness of all that one needs to know about the law.

Jesus answers with a parable that does not fail to affirm the teaching:

Do not think I have come to abolish the law or the prophets. I have come not to abolish but to fulfill.

The Samaritan, unexpectedly, is the one who fulfills the law to its fullness. He does so better than the priest and the Levite. The righteousness of the half-pagan, unclean in the eyes of the Jews, surpasses the righteousness of the first two, who are, by profession, observant Jews. Without doubt, the Samaritan represents Jesus.

Jesus takes pity on the crowds, abandoned like sheep without a shepherd. Hence, he decides to pasture them himself. He looks for the lost sheep and gathers the astray. He bandages the wounded and cures the sick. He goes around proclaiming the Gospel of the kingdom and curing every disease and illness. Like the prodigal son’s compassionate father, Jesus welcomes sinners with tender mercy. He is near to those in need, a neighbor to them.

In contrast to those who have come before him to steal, slaughter and destroy, Jesus comes so that the sheep may have life. He takes pity on the widow of Nain, and he immediately raises her son back to life. Lazarus’ death troubles him deeply, so he commands his dead friend to come out of the tomb. And so that the sheep may enjoy life to its fullness, the Good Shepherd lays down his life for them.

Death becomes inevitable for the one who cannot remain indifferent in the face of so much misery. That is because religious practitioners of strict observance cannot tolerate Jesus’ pastoral approach. He associates, for example, with sinners and outcasts. He also heals on the Sabbath. No, he does not let the law annul mercy. Nor does he put the letter ahead of the spirit; the letter kills and stifles the spontaneity of the spirit. Insisting on justice, mercy and faithful neighborliness, he ends up crucified because of the active intervention on the part of those who neglect the weightier matters of the law.

Jesus gives his body up and sheds his blood. He thus reveals the fullness of God’s love for sinful and half-dead humanity. All those who do the same as the Good Samaritan receive justification from such fullness. We can never justify ourselves. Justification means being full of Jesus Christ (cf. SV.EN I:276).

Lead us, Lord, to the fullness of salvation.


July 10, 2016

15th Sunday in O.T. (C)

Dt 30, 10-14; Col 1, 15-20; Lk 10, 25-37


VERSIÓN ESPAÑOLA

Plenitud por excelencia e inigualable

En Jesús reside toda la plenitud; participan seguramente de su plenitud los que practican la misericordia.

«¿Y quién es mi prójimo?» Así pregunta un maestro de la ley que quiere justificarse. Es, además, un letrado de ésos a quienes les gusta poner a prueba a Jesús. Piensan que poseen la plenitud de todo lo que se debe saber de la ley.

Jesús contesta con una parábola que no deja de afirmar la enseñanza:

No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas. No he venido a abolir, sino a dar plenitud.

El samaritano, insospechablemente, es quien cumple con más plenitud la ley. Lo hace mejor que el sacerdote y el levita. La justicia del medio gentil, impuro a los ojos de los judíos, supera la justicia de los dos primeros que son, por profesión, judíos observantes. Sin lugar a dudas, el samaritano representa a Jesús.

Jesús se compadece de las gentes, abandonadas como ovejas sin pastor. Por eso, se decide apacentarlas él mismo. Busca las ovejas perdidas y recoge las descarriadas. Venda a las heridas y cura a las enfermas. Pasa proclamando la Buena Noticia del reino y sanando toda clase de enfermedades y dolencias. Como el padre compasivo del hijo pródigo, Jesús acoge a los pecadores con entrañable misericordia. Está cerca de los desvalidos, portándose como prójimo de ellos.

A diferencia de todos los que han venido antes de él a robar, matar y hacer estragos, Jesús viene para que las ovejas tengan vida. Le da lástima la viuda de Naín, y a continuación resucita a su hijo. Se conmueve tanto por la muerte de Lázaro que al amigo muerto le manda salir del sepulcro. Y para que las ovejas gocen de la plenitud de vida, el Buen Pastor da la vida por ellas.

Le resulta inevitable la muerte al que no puede permanecer indiferente ante tantas miserias. Es que los de la observancia estricta encuentran intolerable la pastoral de Jesús. Él, por ejemplo, come con pecadores y marginados. También sana en sábado. No, no permite que la ley anule la misericordia. Tampoco antepone la letra al espíritu; la letra mata y ahoga la espontaneidad del espíritu. Insistiendo en la justicia, la misericordia y la buena y fiel vecindad, Cristo termina crucificado por intervención activa de parte de los que descuidan lo más grave de la ley.

Jesús entrega su cuerpo y derrama su sangre. Así revela él la plenitud del amor de Dios a la humanidad pecadora y medio muerta. De tal plenitud reciben la justificación todos cuantos hacen lo mismo que el Buen Samaritano. Jamás podemos justificarnos. La justificación quiere decir estar nosotros llenos de Jesucristo (cf. SV.ES I:320)

Llévanos, Señor, a la plenitud de la salvación.


10 de julio de 2016

15º Domingo de T.O. (C)

Dt 30, 10-14; Col 1, 15-20; Lc 10, 25-37