Fifteenth Sunday in Ordinary Time, Year B-2015

From Vincentian Encyclopedia
Sealed in Christ with the Holy Spirit (Eph 1, 13)

Jesus seeks first the kingdom and righteousness of God. His disciples prove themselves by doing the same.

The first disciples immediately leave their occupation to follow Jesus. They make it known that they do not put anything ahead of him.

Their readiness and willingness show likewise that they do not follow him to assure themselves some profit. Nor do they need to be disciples to make a living.

Amos does not have to be a prophet either to eat his daily bread. Called by God, this shepherd and dresser of sycamores in the southern kingdom left everything to prophesy in the northern kingdom. There he anathematizes the king, the wealthy, the judges, for their acts of injustice and their indifference to the poor, for their unfaithfulness to the Lord who has chosen them as his heritage. The prophetic judgments trouble greatly the person who is in-charge of the royal and national shrine.

If Amos and the first disciples serve as good models for Christians, Amaziah represents what we ought not to be. The deportation order addressed to the prophet reveals an understanding of religious ministry as a means of livelihood or gain.

Cannot this priest, beholden to the king, be counted perhaps among the “religious authorities who reserve for themselves the sacred place, prophets and officials of the temple who make a living from it, because they do not know anything else to devote themselves to, and who protect their livelihood even at the expense of the Gospel (“Comentarios,” first reading), or of prophecy? Raymond E. Brown cautioned us in 1970 that inevitably those installed in seats of religious authority would tend to become too rigid and too confining, and the impression would thereby be given that the Holy Spirit works only through them, from the top down and never from the bottom up (cf Priest and Bishop).

Those sent by Jesus do not refuse to leave their native place nor do they forbid the stranger to enter. They go and make disciples of all nations. They go through towns and villages. They are not sedentary. Their vocation, in St. Vincent de Paul’s words, “is to go, not just to one parish, not just to one diocese, but all over the world” (SV.FR XII:262).

Those chosen by Jesus also make their own his simple lifestyle. They rid themselves of the superfluous; they do not let themselves be slowed down by unnecessarily heavy baggage.

Moreover, missionaries evangelize with urgency, but without obsessing (EG 35). They do not impose insistently, lest they waste time or foster worse polarization rather than peace.

And since they receive without cost Christ’s body and blood, without cost they give themselves up for others, doing the same as Jesus.

Lord, grant us to communicate the joy of the Gospel.


VERSIÓN ESPAÑOLA

15º Domingo de Tiempo Ordinario B-2015

Marcados por Cristo con el Espíritu Santo (Ef 1, 13)

Jesús busca sobre todo el reino y la justicia de Dios. Sus discípulos se acreditan haciendo lo mismo.

Los primeros discípulos dejan inmediatamente sus ocupaciones para seguir a Jesús. Dan a conocer que nada anteponen a él.

Su disposición y su voluntad dan a entender también que no lo siguen para asegurarse lucro alguno. Ni necesitan ser discípulos para ganarse la vida.

Amós tampoco tiene necesidad de ser profeta para comerse el pan cotidiano. Llamado por Dios, el pastor y cultivador de higos en el reino del Sur lo deja todo para profetizar en el reino del Norte. Allí anatematiza al rey, a los ricos, a los jueces, por sus injusticias y su indiferencia a los pobres, por sus infidelidades al Señor que se los ha escogido como heredad. Los juicios proféticos sobresaltan al encargado del santuario real y nacional.

Si Amós y los primeros discípulos sirven de buenos ejemplos para los cristianos, Amasías representa lo que no debemos ser. La orden de deportación dirigido al profeta descubre un entendimiento del ministerio religioso como medio de subsistencia o ganancia.

¿Acaso no se cuenta este sacerdote, endeudado al rey, entre «autoridades religiosas que acotan el lugar sagrado, profetas y funcionarios del templo que viven de él, porque no saben dedicarse a otra cosa, y que tratan de proteger su sustento aunque sea a costa del mensaje evangélico» («Comentarios» a la primera lectura), o profético? Advirtió R.E. Brown en 1970 que inevitablemente los instalados en las cátedras de autoridad religiosa, tenderían a hacerse rígidos y restringentes, por lo que se daría la impresión de que el Espíritu Santo obra solo por ellos, de arriba hacia abajo y nunca de abajo hacia arriba (véase Priest and Bishop).

Los enviados de Jesús no rehúsan salir de su tierra ni prohíben al forastero entrar. Van y hacen discípulos de todos los pueblos. Recorren pueblos y aldeas. No son sedentarios. Su vocación, en palabras de san Vicente de Paúl, «consiste en ir, no a una parroquia, ni sólo a una diócesis, sino por toda la tierra» (SV.ES XI:553).

Los elegidos por Jesús también hacen suyo su estilo de vida sencillo. Se despojan de lo superfluo; no se dejan detener por equipajes innecesariamente pesados.

Los misioneros evangelizan además con urgencia, pero sin obsesión (EG 35). Nada imponen a fuerza de insistencia, no sea que pierdan el tiempo o promuevan peor polarización más que la paz.

Y porque reciben gratuitamete el cuerpo y la sangre de Cristo, gratuitamente se entregan también por los demás, haciendo lo mismo que Jesús.

Señor, concédenos comunicar la alegría del Evangelio.