Exaltation of the Holy Cross 2014

From Vincentian Encyclopedia
God greatly exalted him (Phil 2, 9)

No one has greater faith than the one who, feeling totally forsaken and helpless, still commends his spirit into the hands of the Father. Whoever believes in this greatest Believer and catches his faith will be saved.

Faith, in part, is the evidence of things not seen. Hence, those who have it see beyond appearances. They are different from us—“ready cash is the only wealth we understand” (St. Teresa of Ávila). Neither are they like those who seemed to have been aware of only the present, grumbling repeatedly against God on account of the difficulties of the moment, without remembering the slavery and oppression God had brought them out of “with his strong hand and outstretched arm, with terrifying power, with signs and wonders.”

No, true believers do not put God to the test nor do they doubt him. They know that all things work for the good of those who love God, even if it seems to them that everything is headed for failure, to use ideas and words that come from St. Paul and St. Vincent de Paul (Coste XI:39-40). They put their absolute trust in God, not in wealth, not in other passing things that ultimately never comfort nor satisfy, not in their mental or emotional toughness, not in their intelligence and skills.

So then, they take as blessedness what many consider misfortune. With the light of faith, they see more than what meets the eye. They perceive, for example, in the poor the presence of the Son of God (Coste XI:32). They see salvation in perdition, exaltation in crucifixion, life in death.

The deadly venom that oozes from the malcontents no longer affects those who trust in God. The faithful do not harbor any resentment. Jesus has already removed it from them, nailing it to the cross. And it is the cross that the Lord’s Poor, “people who have nothing but their faith in God” (Pagola), look at. Hence, enkindled in them is a greater faith, like the faith of the one who has been tested like us in every way, yet without sin. The Crucified one encourages them to let themselves be crucified and slain, exalted and saved, through him, with him and in him.

Essentially, the Eucharist is all about this, that is to say, about Jesus’ descent to earth and ascent to heaven, so that everyone who believes in him may have eternal life—though, in this regard, the senses are deficient and only faith suffices (Pange Lingua).


VERSIÓN ESPAÑOLA

La Exaltación de la Santa Cruz – 2014

Dios lo levantó sobre todo (Fil 2, 9)

Nadie tiene fe más grande que el que, sintiéndose totalmente abandonado e indefenso, aún encomienda su espíritu en las manos del Padre. Quienes crean en este Creyente más sublime y se contagien de su fe se salvarán.

La fe, en parte, es prueba de lo que no se ve. Quienes la poseen, pues, ve más allá de la apariencia. Son diferentes de nosotros: «como no vemos luego el dinero en la mano, nunca nos pensamos ver ricos» (santa Teresa de Ávila). Tampoco son como aquellos que parecían ser conscientes solo del presente, murmurando repetidamente contra Dios por las dificultades del momento, sin acordarse de la esclavitud ni de la opresión, de las que él los había sacado «con mano fuerte, con brazo extendido, con terribles portentos, con signos y prodigios».

No, los verdaderos creyentes no ponen a Dios a prueba ni dudan de él. Saben que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien, aun cuando les parezca que todo está a punto de fracasar, por servirme de las ideas y las palabras de san Pablo y de San Vicente de Paúl (XI:732). Confían absolutamente en Dios, no en la riqueza ni en otras cosas pasajeras que por último jamás consuelan ni sacian, ni en su fortaleza mental o emocional, ni en su inteligencia o sus habilidades.

Así que toman por dicha lo que muchos consideran desdicha. Con las luces de la fe, ven más de lo que salta a la vista. Perciben, por ejemplo, en los pobres la presencia del Hijo de Dios (XI:725). Ven la salvación en la perdición, la exaltación en la crucifixión, la vida en la muerte.

El veneno mortífero que destilan los quejumbrosos ya no les afecta a los que confían en Dios. Los fieles no abrigan ningún resintimiento. Jesús ya se lo ha quitado, clavándolo en la cruz. Y a ella tienen levantados los ojos los Pobres de Yahvé, «gentes que no tienen nada, solo su fe en Dios» (Pagola). Por eso, se les suscita aún mayor fe, semejante a la del que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. El Crucificado les anima incluso a dejarse crucificar y degollar, exaltar y salvar, por él, con él y en él.

Solo en esto se centra esencialmente la Eucaristía, es decir, en la bajada de Jesus a la tierra y su subida al cielo, para que no perezca ningún creyente en él—si bien al respecto «fallan nuestros sentidos corporales, solo la fe es suficiente» (Pange lingua).