Epiphany of the Lord, Year C-2022

From Vincentian Encyclopedia
Manifestations, Revelations, Apparitions

Jesus is the best and the fullest of God’s manifestations to us humans. It is enough to see and know him to see and know God.

The word “epiphany” comes Greek and means “manifestation,” “revelation,” “apparition.” And there are manifestations and manifestations. They were God’s manifestations, of course, the many times he in various ways spoke through the prophets. “But in these last days he has spoken to us through his Son …. He is the reflection of God’s glory, the exact imprint of God’s very being.”

So, Jesus is God’s special and definitive manifestation, the fullest of all of his manifestations. And this revelation is not only for Jews, but for all. For the Gentiles are also heirs with Israel, members of one body, sharers in the same promise in Jesus Christ.

And the solemn feast of the Epiphany of the Lord, his manifestation to the magi, reminds us of this. We consider them kings. But the account does not say so or that there are three of them, though it mentions three gifts. And, yes, they come from the East. This highlights that God wants all to be saved and to know the truth (1 Tim 2, 4). It says again that he makes his Son a light for the Gentiles (Is 49, 6). So that salvation may reach to the ends of the earth.

And we Christians are asked besides to be like the magi, and not like Herod or the chief priest and the scribes. For the magi read “the signs of the times” humbly —they ask questions— and rightly (see GS 4).

Herod, on the other hand, has no interest in signs from God. All he is about is to hold power, by hook or by crook. Those, in turn, who stand for religion and are wise do know the signs. But they do nothing to seek the Meaning of the signs.

Manifestations of God’s love

To seek the one whom the signs mean is to seek the best, the greatest, of the manifestations of God’s love. Yes, God so loves us he gives his only Son so that we may not perish but have eternal life. And he shows that he loves since Christ dies for us sinners. In other words, Christ gives his life for us and thus makes known to us the greatest love.

No, love is not that we love God. Rather, it is that he loves us and sends his Son as a sacrifice to atone for our sins. To know, yes, the one who gives his life for us is to know God.

But if we do not love, would that not put in doubt our knowledge of God? In fact, the teaching is clear that those who do not love do not know God, for he is love. Besides, there is the saying that deeds, not words, are love (1 Jn 3, 17-18).

In truth, we are to love with the strength of our arms and the sweat of our brows (SV.EN XI:32). And in an infinitely inventive way that will make us give our bodies up, as Jesus, and shed our blood (SV.EN XI:131).

Lord Jesus, make our works of love be manifestations of your love. We will thus do our share to let the world know that you are God’s full apparition to us humans.


2 January 2022

Epiphany of the Lord

Is 60, 1-6; Eph 3, 2-3a. 5-6; Mt 2, 1-12


VERSIÓN ESPAÑOLA

Manifestaciones, revelaciones, apariciones

Jesús es la mejor y la más plena de las manifestaciones de Dios a los hombres. Basta verle y conocerle para para ver y conocer a Dios.

La palabra «epifanía» viene del griego y quiere decir «manifestación», «revelación», «aparición». Y hay manifestaciones y manifestaciones. Eran manifestaciones de Dios, por supuesto, las distintas veces en las que habló él de muchas maneras a los profetas. Pero «ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo …, reflejo de su gloria, impronta de su ser».

Así que Jesús es la manifestación singular y definitiva de Dios, la más plena de todas sus manifestaciones. Y esa revelación no es solo para los judíos, sino para todos. Pues «también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo».

Y esto nos lo recuerda la fiesta solemne de la Epifanía del Señor, su manifestación a los magos. Se les toma por reyes. Pero no dice el relato que son reyes ni cuántos son, aunque hay tres regalos. Y vienen, sí, del Oriente. Esto no solo destaca que quiere Dios que todos se salven y conozcan la verdad (1 Tim 2, 4). También se nos reitera que él le hace a su Hijo luz de las naciones (Is 49, 6). Para que la salvación llegue hasta los confines de la tierra.

Pero se nos pide a la vez a los cristianos a que seamos al igual que los magos. Y no al igual que Herodes o los sumos pontifices y los letrados. Pues los magos humildes, —preguntan ellos—, leen con acierto «los signos de los tiempos» (véase GS 4).

A Herodes, en cambio, no le interesan signos de Dios. Es que todo él es tener el poder, por las buenas o por las malas. Los oficiales y los sabios de la religión, a su vez, conocen los signos. Pero no hacen nada para buscar el Significado de los signos.

Manifestaciones del amor de Dios

Buscar al que al cual apuntan las señales es buscar la mejor, la mayor, de las manifestaciones del amor de Dios. Sí, tanto nos ama Dios que entrega su único Hijo para que no perezcamos, sino que tengamos vida eterna. Y la prueba de que Dios nos ama es que Cristo muere por nosotros, los pecadores. En otras palabras, Cristo da la vida por nosotros y así nos da a conocer el amor más grande.

No, el amor no consiste en que amemos a Dios. Consiste más bien en que él nos ama y envía a su Hijo como sacrificio por nuestros pecados. Conocer, sí, al que da la vida por nosotros, es conocer también a Dios.

Pero, ¿no se nos pondrá en duda nuestro conocimiento de Dios, de Jesús, si no amamos? De hecho, bien claro se nos enseña también que los que no aman no conocen a Dios; él es amor. Se nos dice además que obras son amores y no buenas razones (1 Jn 3, 17-18).

De verdad, hemos de amar a costa de nuestros brazos y con el sudor de nuestra frente (SV.ES XI:733). Y de modo infinitamente inventivo que nos disponga a entregar, al igual que Jesús, el cuerpo y derramar la sangre (SV.ES XI:65).

Señor Jesús, haz que nuestras obras de amor sean manifestaciones de tu amor. Así contribuiremos a que se note en el mundo que eres tú la aparición plena de Dios a los hombres.


2 Enero 2022

Epifanía del Señor

Is 60, 1-6; Ef 3, 2-3a. 5-6; Mt 2, 1-12