Epiphany of the Lord, Year A-2017

From Vincentian Encyclopedia
Worship of God in Spirit and truth

Only through Christ can we give to the Father the pleasing worship in Spirit and truth. And we come to the one who alone suffices only through Jesus.

In Jerusalem, magi from the east ask a question. They want to know where the newborn king of the Jews is and to worship him. Unfortunately, the interest of the magi is of no interest to those who, supposedly, should have interest.

First, the interest of Herod is to stay in power. That is why, he finds troubling the magi’s question, taking it to be a warning that his reign ends soon. It sounds to him, too, that the magi unmask him as a usurper. And he is, for he is an Idumean, with no right whatsoever to the throne of David.

The usurper fears, then, for his throne, which also troubles all Jerusalem. Citizens fear they will be the ones to bear the brunt of Herod’s repression. He compensates for his illegitimacy by seeking greatness through the magnificent rebuilding of the temple in Jerusalem or by repression.

Secondly, the members of the Sanhedrin that Herod summons betray their lack of interest. It is enough for them to know the law and the prophets and burden people with them. But these experts do not lift a finger; they do not go to Bethlehem. The collaborators are perhaps like Herod and the Romans, serving wicked money.

So, Jesus’ own did not receive nor worship him. And that is just as well.

The rejection of Jesus on the part of his own people has a silver lining. Through it comes the salvation of the Gentiles. Hence, “Gentiles are coheirs, members of the same body, and copartners in the promise in Christ Jesus through the gospel.”

By revealing himself to outsiders, Jesus Christ, the glory of Israel, becomes the light of the nations, too. He thus ushers in the fulfillment of what he will later prophesy expressly. That is to say, “the hour is coming, and is now here, when true worshipers will worship the Father in Spirit and truth.”

To worship God truly is to have the simplicity that is lacking in the one who feigns worship of Jesus. It is to guard against greed and live according to our better knowledge, seeking God above all, since he alone suffices. Additionally, it means letting the poor awe us. It is to offer them our services and proclaim on our knees, with Bl. Frédéric Ozanam, “My Lord and my God!”

Unless we help the poor, our worship and Eucharist will not please God. Besides, when we are merciful, then light rises for us in the darkness.

Lord Jesus, source and summit of all worship, give us the light of faith, so that we may see you in the poor (SV.EN XI:26).


8 January 2017

Epiphany of the Lord

Is 60, 1-6; Eph 3, 2-3a. 5-6; Mt 2, 1-12


VERSIÓN ESPAÑOLA

Culto a Dios en Espíritu y verdad

Solo por Cristo se da al Padre el culto grato en Espíritu y verdad. Y por Jesús solamente se va a Dios, el único que basta.

En Jerusalén, unos Magos del Oriente hacen una pregunta. Les interesa saber dónde está el Rey de los judíos que ha nacido y darle culto. Desafortunadamente, lo que les interesa a los Magos no les interesa realmente a los que, se supone, deben interesarse.

Al rey Herodes, en primer lugar, solo le interesa permanecer en el poder. Por eso, se sobresalta, tomando la pregunta de los Magos por advertencia de que pronto termina su reinado. La pregunta le suena además como que los Magos le desenmascara como usurpador. Y lo es, porque es idumeo, sin ningún derecho al trono de David.

Teme, pues, el usurpador perder el trono. Como consecuencia, se sobresaltan también los ciudadanos, temiendo que serán quienes soporten el peso de la represión de Herodes. Él compensa su ilegimitad procurando la grandeza mediante la restauración magnífica del templo de Jerusalén o mostrándose represivo.

En segundo lugar, los miembros del sanedrín convocados por Herodes descubren su desinterés. Les basta con saber la ley y los profetas e imponérselos a la gente. Esos expertos, empero, no mueven ni un dedo; no van a Belén. A lo mejor los colaboradores se asemejan a Herodes y a los romanos, sirviendo al dinero maldito.

A Jesús, pues, no lo reciben los suyos ni le dan culto. Y mejor así.

El rechazo de Jesús de parte de los suyos es el mal que por bien viene. Ese rechazo provoca la salvación de los gentiles. Así que «los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio».

Revelándose a los forasteros, Jesucristo, la gloria del pueblo de Israel, se constituye la luz de los demás pueblos también. Así queda inaugurada la realización de lo que más adelante profetizará él expresamente. Es decir, «se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad».

Dar culto verdadero a Dios es tener la sencillez que le falta al que finge culto a Jesús. Es guardarnos de toda codicia y vivir según nuestro mejor conocimiento, buscando sobre todo a Dios, pues él solo basta. Además, es dejar que los pobres nos asombren. Es ofrecerles nuestros servicios, proclamando arrodillados, con el beato Federico Ozanam: «¡Señor mío y Dios mío!».

No sea que asistamos a los pobres, no serán gratas a Dios nuestras celebraciones de culto o de la Eucaristía. Además, mostrándonos misericordiosos, brilla sobre nosotros la luz en las tinieblas.

Señor Jesús, fuente y cumbre de todo culto, concédenos las luces de la fe para que te veamos en los pobres (SV.ES XI:725).


8 Enero 2017

Epifanía del Señor

Is 60, 1-6; Efes 3, 2-3a. 5-6; Mt 2, 1-12