Eleventh Sunday in Ordinary Time, Year C-2016

From Vincentian Encyclopedia
Shocking without any doubt

Jesus, the embodiment of God’s shocking forgiveness, provides us with the opportunity to love with abandon.

It is shocking to Simon the Pharisee that his guest lets a notorious sinful woman approach him. He doubts, therefore, that Jesus is a prophet.

Simon and the other guests find even more shocking, of course, that unacceptable public expressions of intimacy do not bother Jesus, for there at Jesus’ feet is the woman, with her hair undone. She bathes his feet with her tears, wipes them with her hair, kisses them and, finally, anoints them with expensive perfume.

The one who looks into the heart perceives the woman’s sentiments and the Pharisee’s thoughts. He speaks and tells a parable. He makes it known that such shocking display of love shows without question that the woman is already forgiven. She loves so much since much has been forgiven to her. Her gratitude turns into an outpouring of love.

Hence, it is not that the woman’s shocking love has made her deserving of forgiveness. She really has no way of repaying her debts. Forgiveness is due solely to Jesus’ mercy and is the result of faith that works through love. The same faith has impelled her to go to Jesus, who now finally confirms that she is justified by faith and forgiven. He says to her:

Your sins are forgiven.

He adds, for good measure:

Your faith has saved you. Go in peace.

In spite of our listening to the parable, not all of us who try to follow Jesus remain as faithful as Mary Magdalene (she is not to be mistaken for the sinful woman) to the inclusive Christian mission of evangelization and healing. There are in the Church pharisaical Christians who love little.

Seeing the appearance and judging before the appointed time, modern Pharisees insist that there be separation now between the “blessed” and the “accursed.” They find it bothersome—if not altogether shocking—that growing together until harvest time are the wheat and the weeds.

They also feel “that it is enough simply to apply moral laws to those living in ‘irregular’ situations” (AL 305). They hide “behind the Church’s teachings, ‘sitting on the chair of Moses and judging at times with superiority and superficiality difficult cases and wounded families.’”

They probably do not take seriously the teaching, “The Eucharist … is not a prize for the perfect but a powerful medicine and nourishment for the weak” (EG 47). Are they not the ones who would dishonor the poor person in shabby clothes in our assemblies and honor the one wearing fine clothes?

Grant us your shocking forgiveness, Lord Jesus. Make us understand that love is above all rules (SV.EN X:478).


June 12, 2016

11th Sunday in O.T. (C)

2 Sam 12, 7-10. 13; Gal 2, 16. 19-21; Lk 7, 36 – 8, 3


VERSIÓN ESPAÑOLA

Escandaloso sin ninguna duda

Jesús, la encarnación del perdón escandaloso de Dios, nos ofrece la oportunidad para amar con abandono.

Escandaloso le resulta al fariseo Simón que su convidado deje que una pecadora notoria se le acerque. Duda, pues, el fariseo que Jesús sea profeta.

Aún más escandaloso lo encuentran, por supuesto, Simón y los demás convidados que a Jesús no le molesten las inaceptables expresiones públicas de intimidad. Está la mujer junto a los pies del Maestro, despeinada, regándole los pies con sus lágrimas, enjugándoselos con sus cabellos, cubriéndolos de besos y, finalmente, ungiéndolos con perfume costoso.

Percibe los sentimientos de la mujer y los pensamientos del fariseo el que se fija en el corazón. Tomando la palabra, Jesús relata una parábola. Da a entender que tal despliegue escandoloso de amor indica de manera inapelable que la mujer ya está perdonada. Ella ama tanto porque se le ha perdonado mucho. Su agradecimiento se convierte en derroche de amor.

No es, pues, que el amor escandaloso de la mujer la haya hecho merecedora del perdón. Ella realmente no tiene con qué pagar sus deudas. El perdón se debe solo a la misericordia de Jesús, y resulta de la fe que obra mediante el amor. La misma fe ha impulsado a la mujer a acudir a Jesús, el cual finalmente la confirma justificada por la fe y perdonada. Él le dice:

Tus pecados están perdonados.

Añade, para completar el cuadro de perdón:

Tu fe te has salvado. Vete en paz.

A pesar de nuestra escucha de la parábola, no todos los que procuramos seguir a Jesús nos mantenemos tan fieles como María Magdalena (no hay que confundirla con la pecadora) a la misión cristiana inclusiva de evangelización y sanación. Hay en la Iglesia cristianos farisaicos que poco aman.

Fijados en las apariencias y juzgando antes de tiempo, los fariseos modernos insisten en la separación ahora entre los «benditos» y los «malditos». Toman por molesto —si no escandaloso del todo— que crezcan juntos hasta la siega el trigo y la cizaña.

Tambien se sienten satisfechos «sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones “irregulares”» (AL 305). Se esconden «aun detrás de las enseñanzas de la Iglesia “para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas”».

Probablemente, no toman en serio la enseñanza: «La Eucaristía … no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles» (EG 47). ¿No serán éstos quienes deshonrarán en nuestras reuniones al pobre andrajoso y honrarán al que viene bien vestido?

Danos tu perdón escandaloso, Señor Jesús. Haznos comprender que el amor está por encima de todas las reglas (SV.ES IX:1125).


12 de junio de 2016

11º Domingo de T.O. (C)

2 Sam 12, 7-10. 13; Gal 2, 16. 19-21; Lc 7, 36 – 8, 3