Eighth Sunday in Ordinary Time, Year C-2022

From Vincentian Encyclopedia
Lies, Darkness and Polarizations

Jesus is the light of the world. To follow him means not to walk in the dark, in lies, but to have the light of life, the truth.

Jesus warns his hearers about blindness and the darkness that comes with it. It is, of course, about spiritual blindness, about not seeing God’s truths. Such blindness means lies, greed, hatred, stubbornness, corruption, lack of faith and understanding.

The first example that Jesus uses has to do with the risks there are when the blind leads the blind. It seems that the second deals with the blindness of a student who thinks he knows as much as the teacher. Jesus does not say it, but there is the saying that a little knowledge is a dangerous thing.

The third example lays bare the lies, the hypocrisy, the blindness of those who do not see their huge faults. Yet they do not fail to see and to want to correct others’ smallest faults.

And the fourth example teaches how to avoid blindness. Or to be able to tell who are good and who are bad. We know for sure who are good by the good they yield. We know, too, who are bad by the bad things that come out of them. It all hinges on what is stored in the heart. That is to say, out of the goodness that is in one’s heart comes what is good. And out of wickedness comes what is bad.

Jesus does not want us caught in webs of lies.

Maybe we Christians think that these teachings are for the Pharisees. But the Gospels are here to teach us. And Luke says he wants the disciple to know the truth, the firmness, of the teachings the disciple has received.

Hence, Jesus warns us who hear him today, who are disciples, about blindness. About the lies and more evils that are associated with it. For there are those of us whom fake news and lies fool. There are those, too, who peddle “alternative facts.”

And we are not free from pride. This and our ambitions can blind us to our ignorance. They can also make us feel we know more than others and are better than them.

Yes, we Christians, more than others, should store goodness in our hearts. And this means, first of all, to listen to the Holy Spirit. For from him come but truths, not lies, and he teaches us all things (Jn 14, 16; 1 Jn 2, 27).

Of course, truth is crucial. That is so since truth is oneness, goodness, beauty, understanding, cleanness of heart, plainness (TWVDP 38). The truth draws us out of self-absorption, so that we may reach out of ourselves to the wholly Other. With the help of almsgiving, prayer and fasting. So that we may get rid of “spiritual worldliness” (see this also).

And if we are grounded in the truth, and put away all lies, we will be like a house built on solid rock (CRCM II:1. 2). That is to say, we will as firm as the one who gives his flesh to eat and his blood to drink. For happen what may, we can be sure that all will work for good; death will be swallowed up in victory.

Lord Jesus, be our light, so that we may not walk in the dark, in lies.


27 February 2022

8th Sunday in O.T. (C)

Sir 27, 4-7; 1 Cor 15, 54-58; Lk 6, 39-45


VERSIÓN ESPAÑOLA

Mentiras, tinieblas y polarizaciones

Jesús es la luz del mundo. Seguirle quiere decir no caminar en las tinieblas, en las mentiras, sino tener la luz de la vida, la verdad.

Se les advierte a los oyentes de Jesús de la ceguera y de las tinieblas que conlleva ella. Se trata, claro, de la ceguera espiritual, de no ver las verdades de Dios. Tal no ver connota mentiras, codicia, odio, testarudez, corrupción, falta de fe y de comprensión.

Tiene que ver el primer ejemplo de Jesús con los riesgos que resulten al guiar un ciego a otro ciego. El segundo ejemplo parece ser sobre la ceguera de un iniciado que se cree tan sabio como su maestro. No lo menciona Jesús, pero dicho hay de que saber solo un poco es peligroso.

El tercero expone las mentiras, las hipocresías, la ceguera, de los que no se dan cuenta de sus faltas. Pero no dejan de ver ellos aun las más pequeñas faltas del prójimo al que pretenden corregir.

Y con el cuarto, se enseña cómo evitar la ceguera, para que se distingan los buenos de los malos. Se le reconoce bueno a uno por el bien que hace; o malo, por el mal que produce. Todo depende, sí, de lo que uno guarde en el corazón. Es decir, de la bondad que se abriga en el corazón brota el bien; de la maldad, el mal.

No nos quiere Jesús atrapados en las redes de mentiras.

Quizás los cristianos creemos que esas enseñanzas se dirigen a los fariseos. Pero los relatos de los evangelistas son para nuestra enseñanza. Y dice Lucas que quiere que conozca el discípulo la solidez de las enseñanzas que ha recibido.

Así que se nos advierte a los que oímos a Jesús hoy, a los discípulos, de la ceguera. De las mentiras y de otras maldades que se asocian con ella. Que en medio de nosotros hay los que se dejan engañar por falsas noticias y mentiras. Y no faltan los que venden aun «hechos alternativos».

Ni estamos exentos de la arrogancia. Ésta y nuestras ambiciones nos pueden dejar ciegos a nuestra ignorancia, y ciertos de que somos más sabios y más justos que los demás.

Sí, se nos urge a los cristianos, más que a nadie, a atesorar la bondad en nuestros corazones. Esto quiere decir, más que nada, escuchar al Espíritu Santo. Pues él, fuente de verdades, y no de mentiras, es el que nos lo enseña todo (Jn 14, 26; 1 Jn 2, 27).

Por supuesto, es decisiva la verdad. Es que ella es la unión, la bondad, la belleza, la comprensión, la pureza de corazón, la sencillez. La verdad nos saca del ensimismamiento, para que vayamos más allá de nosotros mismos y alcancemos al Otro del todo. Con la ayuda de la limosna, la oración y el ayuno. Para que venzamos la «mundanidad espiritual» (véase esto también).

Y fundados en la verdad, y purificados de las mentiras, seremos como una casa construida sobre firme roca (véase RCCM II:1. 2). Es decir, tendremos la solidez del que nos da comer su carne y de beber su sangre. Pues pase lo que pase, estaremos seguros de que todo nos servirá para el bien; la muerte será absorbida en la victoria.

Señor Jesús, sé tú nuestra luz, para que no caminemos en las tinieblas ni en las mentiras.


27 Febrero 2022

8º Domingo de T. O. (C)

Eclo 27, 4-7; 1 Cor 15, 54-58; Lc 6, 39-45