Eighteenth Sunday in Ordinary Time, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Respond to More than Just Our Needs

Jesus is a man for others. That is why he cannot but respond to their needs. To be his disciple means to follow his example.

The crowds do not leave Jesus alone. They must take him for someone who is ready to respond to their needs.

And those who go to Jesus do not hope in vain. For he takes pity on them and is there to respond to their needs. It does not matter to him that he does not get the peace he wants for himself. So, he puts others’ needs ahead of his.

Jesus, then, leaves God for God, so to speak, and cures the sick (SV.EN IX:252). And though it is already late, he does not stop to respond to the others’ needs.

In the first place, he listens to his disciples’ concern. They ask him to dismiss the crowds so that they can go to where they can buy food for themselves. So, for them, to respond to people’s needs is to let each one be responsible for oneself. And what they ask is reasonable; we must all carry our own loads (Gal 6, 5).

But Jesus disagrees. He tells his disciples, “There is no need for them to go away; give them some food yourselves.” He knows better how to respond, in the second place, to another need of the crowds.

Respond to hunger in a radical way.

Jesus, though, does not respond only to what is needed now; he sees the “big picture.” That is, he does not only see the need, but also understands its root cause. And, of course, he wants to dig it out.

But Jesus and his disciples starts out with no more than five loaves and two fish. He says the blessing over them, breaks the loaves and gives them to the disciples. They, in turn, give them to the crowds. And God blesses quickly such small start (see SV.EN II:351). For more than five thousand eat and have their fill. And still there are twelve baskets full of leftover.

Nothing is said about how so many people get to eat and have their fill. Nor is there any mention of loaves and fish multiplying. Jesus only shows us that, to root out hunger, we need to work together and share, for “me-ism” solves nothing.

So, to respond to hunger in a radical way means we have to be and work together and share the little we have. If we heed Jesus, we will eat well. And nothing, no one, will go to waste. Hunger, then, will not take us away from Christ and one another. It will, instead, bring us closer.

Yes, Jesus wants to see us near each other and eating our fill of a shared meal. As if in a picnic, where we sit side by side on the grass.

Lord Jesus, you always respond to our needs, and so, you give us food and drink. May your example prod us to do also what you do for us.


2 August 2020

18th Sunday in O.T. (A)

Is 55, 1-3; Rom 8, 35. 37-39; Mt 14, 13-21


VERSIÓN ESPAÑOLA

Responder a más que nuestras necesidades

Jesús es un hombre para los demás. Por lo tanto, no puede sino responder a las necesidades ajenas. Ser su discípulo es seguir su ejemplo.

Las gentes no quieren dejar a Jesús en paz. Seguramente, lo toman por alguien capaz de responder a sus necesidades.

Y no se defraudan los que se acogen a Jesús. Pues se compadece él de ellos y no vacila en responder a sus necesidades. No importa que le resulte imposible ahora realizar su deseo de paz. Antepone él, pues, las necesidades de los demás a las suyas.

Deja, sí, Jesús a Dios por Dios, por así decirlo, y cura a los enfermos (SV.ES IX:297). Y aunque tarde, todavía no cesa de responder a las necesidades de los demás.

En primer lugar, hace caso él de la preocupación de los discípulos. Éstos le sugieren que la gente vayan a las aldeas y se compren comida. Según ellos, pues, responder a las necesidades de la gente es dejar que cada uno sea responsable de sí mismo. Y no falta de razón tal sugerencia. Pues cada uno tiene que llevar su propia carga (Gal 6, 5).

Pero Jesús no se pone de acuerdo. Les dice: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». Quiere él responder mejor, en segundo lugar, a una necesidad más de la gente.

Responder al hambre de forma radical.

Jesús, sin embargo, no se contenta con responder a una necesidad que le afrenta. Es que ve él el «cuadro grande». Es decir, no solo ve la necesidad; entiende también la raíz de ella. Y busca él, claro, arrancar de raíz el problema.

Pero comienzan Jesús y sus discípulos con nada más que cinco panes y dos peces. Pronuncia él la bendición sobre ellos, parte los panes y se los da a los discípulos. Éstos, a su vez, se los dan a la gente. En seguida, bendice Dios ese comienzo pequeño (véase SV.ES II:263). Pues comen y se sacian más de cinco mil, y les quedan todavía doce cestos de sobras.

No se nos dice cómo logran comer hasta saciarse tanta gente. Ni se menciona que se multiplican los panes y los peces. Solo se nos muestra que erradicar el hambre supone la colaboración y la compartición; el «yo-ísmo» no soluciona nada.

Responder, pues, al hambre de forma radical quiere decir estar y trabajar juntos nosotros y compartir lo poco que tenemos. Si escuchamos atentos a Jesús, comeremos bien. Y nada, nadie, será un desperdicio. El hambre, pues, en vez de apartarnos de Cristo y unos de otros, llevará a mayor comunión.

Jesús, sí, nos quiere ver solidarios y saciándonos de una comida compartida. Como en un pícnic, en el que nos sentamos juntos en la hierba.

Señor Jesús, no dejas de responder a nuestras necesidades, y es por eso que nos das de comer y beber. Haz que tu ejemplo nos impulse a hacer también lo que tú haces con nosotros.


2 Agosto 2020

18º Domingo de T. O. (A)

Is 55, 1-3; Rom 8, 35. 37-39; Mt 14, 13-21