Easter Sunday, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Meet with the Risen Jesus Christ

Jesus is not among the dead; he has risen. It is our turn to find out how and where to meet him.

Finding the tomb open, Mary Magdalen imagines the worst. So, he runs to where to meet Peter and the other disciple.

Why does she think the worst? Probably because of what seems to be the sad outcome of Jesus’ life that has left his followers hopeless.

The negativism may come also from the sleepless nights. They are not only due the death of a very dear friend, but also to her yearning for him.

But why Mary imagines the worst matters little. For she is praiseworthy, just the same, for seeking with all her heart.

Jesus lets his followers meet him.

The Lord, yes, lets those who seek him wholeheartedly meet him. So, he appears to Mary. But she does not recognize him until he calls her by name. His call is soothing and cleanses her of negative thoughts and feelings. She is sure now that it is her Teacher, not a gardener who has carried him away.

Happy, then, are not only those, who seek wholeheartedly. The clean of heart are happy, too, for they see the one they seek. They also believe and understand Scripture. Soon they will meet him.

This happens to Peter and the other disciple. They run toward the tomb, for negativism is contagious. But seeing no sign of theft of the body, both see calmly. And the other disciple believes besides.

Those happy for believing without seeing will meet the Risen One.

We believe in a living Christ who shows us that neither death nor any hardship has the last word. But to meet him entails seeking him with all our heart and sincerely. And where?

Jesus is within us, in “a tiny whispering sound,” enabling us to tell right from wrong.

He is also in the midst of those who gather in his name. He “is always present in his Church, especially in her liturgical celebrations,” in the Mass, of course (SC 7).

But our participation should be full, conscious and active, not in routine and perfunctory way of the lifeless. It is not enough to settle for the merciless letter that kills. No, we do not find the living among the dead. Nor do we understand Scripture and teachings if they do not lead us to the living, effective and sharp Word. If we do not live by it.

Jesus, of course, is in the poor (SV.EN XI:26). So, to leave prayer to help them is to leave Jesus for Jesus (see SV.EN IX:252). And so that we may do for them below according to the pattern shown us, we seek what is above.

Needless to say, those who truly meet the living Jesus witness to his resurrection.

Lord Jesus, make us seek you with all our heart and sincerely, so that we may meet you in everyone. And in all things.


12 April 2020

Easter Sunday of the Resurrection of the Lord (A)

Acts 10, 34a. 37-43; Col 3, 1-4/1 Cor 5, 6b-8; Jn 20, 1-9/Mt 28, 1-10


VERSIÓN ESPAÑOLA

Encontrar a Jesucristo resucitado

Jesús no está entre los muertos; ha resucitado. Nos toca buscar cómo y dónde nos podemos encontrar con él.

Al encontrar quitada la losa del sepulcro, María Magdalena se imagina lo peor. Corre adonde encontrar a Pedro y al otro discípulo.

¿Por qué tal negatividad? Probablemente por lo que parece ser el triste desenlace de la vida de Jesús que ha dejado desesperanzados a sus seguidores.

Y la negatividad puede resultar también de las noches de desvelo. Las han provocado la muerte del amigo muy querido y también el ansia que ella tiene de él.

Pero poco importa cuál sea el motivo por el que se imagina lo peor María. Pues, igual, es admirable ella por buscar de todo corazón.

Jesús se deja encontrar.

El Señor, sí, se deja encontrar por los que le buscan de todo corazón. Por eso, se aparece a María. Pero ella no lo reconoce hasta que él la llama por su nombre. El llamamiento resulta calmante, purificándola de pensamientos y sentimientos negativos. Está seguro de que es su Maestro, no el hortelano que se haya llevado a Jesús.

Entonces, no solo son dichosos los que buscan de todo corazón. Lo son también los limpios de corazón, porque ven al buscado. Creen también y entienden la Escritura. Luego se van a encontrar con él.

Así Pedro y el otro discípulo. Corren hacia el sepulcro, que contagiosa es la negatividad. Pero sin notar ningún indicio de robo del cuerpo, calmados ven ambos. Y el otro discípulo cree además.

Los dichosos por creer sin ver nos podemos encontrar con el Resucitado.

Creemos en Cristo vivo que nos revela que no tiene la última palabra ni la muerte ni ninguna adversidad. Pero encontrarnos con él supone buscarlo de todo corazón y sinceramente. ¿Y dónde?

Está Jesús en nuestro interior, en «el susurro de una brisa suave», haciéndonos capaces de distinguir lo bueno de lo malo.

También está en medio de los reunidos en su nombre. «Está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica», en la Misa, por supuesto (SC 7).

Pero sea plena, consciente y activa nuestra participación, no la rutinaria y somera de los sin vida. Ni nos basta con conformarnos con la letra inmisericorde y matadora. No, no encontraremos entre los muertos al que vive. Ni entenderemos la Escritura y las doctrinas si ellas no nos encaminan a la Palabra viva, eficaz y tajante. Si no vivimos conformados a ella.

Claro, los pobres nos representan a Jesús (SV.ES XI:725). Dejar, pues, la oración para atenderlos es dejar a Jesús por Jesús (véase SV.ES IX:297). Por ellos, buscamos lo de arriba para hacerlo todo acá abajo según el modelo que se nos muestra allá.

Huelga decir que son testigos de la resurrección quienes se encuentran verdaderamente con Jesús vivo.

Señor Jesús, concédenos buscarte de todo corazón y sinceramente, para que nos podamos encontrar contigo vivo en todos. Y en todas las cosas.


12 Abril 2020

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (A)

Hch 10, 34a. 37-43; Col 3, 1-4/1 Cor 5, 6b-8; Jn 20, 1-9/Mt 28, 1-10