Christmas, Year A-2016

From Vincentian Encyclopedia
Light on our path is the Word of God

The creative and sustaining Word, made flesh and dwelling among us, is the true light that enlightens everyone.

The comforting oracle through prophet Isaiah comes to fulfillment with the coming of Jesus. In him, too, the great light that people walking in darkness saw reaches its absolute and fullest brilliance. Shining now on us is not just any light, but the one who is the brightness of the glory of God.

In these last days, yes, the one who dwells in unapproachable light becomes reachable through his Son. Jesus is the eternal Word who becomes flesh and dwells among us. That is why to contemplate the glory of Jesus is to contemplate likewise the glory of the Father. No one has ever seen God; the only Son, who is in the bosom of the Father has revealed him.

So then, we gaze on God directly, before our eyes God, not by gazing on the prophets, but on his Son. That is why Christians, more than the Jews, should sing together. We join in singing a new song, for Christ brings us comfort, victory, righteousness, faithfulness and light to the full. We joyfully celebrate the best news in human history.

Only those who give believable witness to the light and fullness of Christ sing and celebrate genuinely.

In the first place, true disciples know it is not about them, but about Jesus. Just like the Baptist, they acknowledge they are not the light; they are witnesses to the light. Hence, they do not do anything to call attention to themselves or to congratulate themselves foolishly (CRCM XII:3).

In the second place, more important to them than the Mosaic law are the grace and truth from Jesus Christ. They see to it, therefore, that their righteousness surpasses that of the scribes and Pharisees. Accordingly, they do not kill nor divorce nor commit adultery. But over and beyond all this, they do not let insults, lust, made-up stories become the new normal.

Nor do they settle for “An eye for an eye ….” Rather, they offer no resistance to one who is evil. They love their enemies.

True Christians strive to foster Christian peace more than Roman peace. The latter is mere absence of war and what brings it about is Roman dictatorship. Indeed, the Proclamation of the Birth of Christ refers to Roman peace. Perhaps it is like the weeds that one has to endure patiently in order not to harm the wheat. Yet always desirable is Christian peace, which is an enterprise of justice (GS 78).

In addition, they are in the light, those who, in their fellowship meal, do not let any poor person go hungry.

Lord, grant us to walk in your light, convinced that you are our fullness—“our father and mother, and our all” (SV.EN V:537).


25 December 2016

Christmas – Mass during the Day

Is 52, 7-10; Heb 1, 1-6; Jn 1, 1-18


VERSIÓN ESPAÑOLA

Luz en nuestro sendero es la Palabra de Dios

La Palabra creadora y sostenedora, hecha carne y acampada entre nosotros, es la luz verdadera que alumbra a todo hombre.

El oráculo consolador por boca del profeta Isaías queda cumplido con la venida de Jesús. En él también, la luz grande que vieron los que caminaban en las tinieblas alcanza el absoluto y pleno resplandor. No nos ilumina ahora luz cualquiera, sino el que es reflejo de la gloria de Dios.

En esta etapa final, sí, el que habita en la luz inaccesible se hace asequible por su Hijo. Jesús es la Palabra eterna que se hace carne y acampa entre nosotros. Por eso, contemplar la gloria del Hijo es contemplar la gloria del Padre. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.

Así que contemplamos cara a cara a Dios contemplando a su Hijo, no a los profetas. Y es por eso que más que a los judíos, les toca a los cristianos cantar a coro. Cantamos juntos un cántico nuevo, pues Cristo nos trae plenitud de consuelo, victoria, justicia, misericordia, fidelidad y luz. Alegres celebramos «la mejor noticia de toda la historia de la humanidad» (Pregón de Navidad).

Solo los que dan testimonio creíble de la luz y la plenitud de Cristo cantan y celebran auténticamente.

En primer lugar, los verdaderos discípulos saben que no se trata de ellos, sino de Jesús. Como Juan, reconocen que ellos no son la luz; son testigos de la luz. Nada hacen, pues, para que los vea la gente, ni por vana complacencia (RCCM XII:3).

En segundo lugar, les importan más la gracia y la verdad de Jesúcristo que la ley mosaica. Por eso, procuran que su justicia supere la de los escribas y fariseos. Por tanto, no matan ni se divorcian ni cometen adulterio. Más allá de todo esto, no dejan que insultos, la lujuria e historias inventadas se conviertan en la nueva normalidad.

Ni se conforman con «Ojo por ojo …». Más bien, no hacen frente a quienes los agravian. Aman a sus enemigos.

Y se esfuerzan los verdaderos cristianos por promover la paz cristiana, más que la paz romana. La última es la mera ausencia de la guerra y surge de la hegemonía despótica romana. El citado Pregón se refiere, sí, a la paz romana. Quizás ella es como la cizaña que hay que aguantar con paciencia para no dañar el trigo. Pero siempre es más deseable la paz Cristiana, la que es obra de la justicia (GS 78).

Están en la luz, además, quienes en su ágape no dejan a ningún pobre pasar hambre.

Concédenos, Señor, caminar en tu luz, convencidos de que tú eres nuestra plenitud: «nuestro padre, nuestra madre y nuestro todo» (SV.ES V:511).


25 Diciembre 2016

Navidad – Misa del Día

Is 52, 7-10; Heb 1, 1-6; Jn 1, 1-18