Baptism of the Lord, Year B-2021

From Vincentian Encyclopedia
Nationalism, Racism, Exclusivism

Jesus is the Suffering Servant of God who anoints him with the Spirit. He brings forth justice to the nations. Hence, he and nationalism cannot mix.

What he himself has seen and what Cornelius has told him make Peter sure that God is not partial. That is to say, God accepts those who are in awe of him and do what is right; what nations they are from does not count. Hence, there is the suggestion that we have to get over nationalism, racism, exclusivism.

But nationalism breaks out anew (FT 11), and, yes, among the baptized. No, there is no lack of Christians who fight for it. They seem to feel that faith prods them or at least lets them “support varieties of … nationalism” (FT 86). Hence, it is still a problem.

For it leads to “new forms of selfishness and a loss of the social sense” that come under the guise of national interests. It fools us, too, so that we think we can grow our own, heedless of the ruin of others. It so lures us that we come to hold as true that to be safe means to close our door to those who are not like us. Most of all, to the weak, the poor, the immigrants (FT 141).

No to all nationalism

But that is now how it should be. For “only a social and political culture that readily and ‘gratuitously’ welcomes others will have a future.”

No, God does not save us as individuals but as one people (LG 9). Phil 2, 3-4 asks us: “Take others to be of more worth than yourselves. And do not look out for your own interests, but each one for those of others.

And there is a warning, too, that we watch out for all nationalism. There is the rule that we are not to speak ill of other countries (CRCM VIII:14). And there is the hint that we tear down the wall that keeps nations apart (SV.EN V:229; SV.EN:VI:307. 308. 351. 579; (SV.EN XII:24-26. 60). For there is the wish that we speak the language of the country to which to bring the Good News.

Still and all, what counts more is that we speak the language of mothers. And this is Jesus’ language; it brings calm, guides, warns and prods. He, of course, says: “This is my body which will be given up for you. This is the cup of my blood that will be shed for you.” But what counts more is that he does what he says. For he lays down his life for us on the cross. He washes the feet of his disciples. And it is not void of meaning. For later he cleanses them and us from all sin.

Lord Jesus, grant that we defeat by word and deed all nationalism.


10 January 2021

Baptism of the Lord (B)

Is 42, 1-4. 6-7; Acts 10, 34-38; Mk 1, 7-11


VERSIÓN ESPAÑOLA

Nacionalismo, racismo, exclusivismo

Jesús, ungido con el Espíritu, es el Siervo sufriente de Dios. Trae él el derecho a las naciones, lo que quiere decir que él y el nacionalismo no se pueden mezclar.

Su propia visión y la que le ha contado Cornelio dejan a Pedro cierto de que en Dios no hay acepción de personas. Es decir, Dios acepta a los que lo temen y hacen lo justo, sean de la nación que sea. Se nos da a entender, por lo tanto, que hay que vencer todo nacionalismo, racismo, exclusivismo.

Pero el nacionalismo se vuelve a surgir (FT 11), y, sí, entre los bautizados. No, no faltan cristianos que lo respaldan. «Parecen sentirse alentados o al menos autorizados por su fe para sostener diversas formas de» nacionalismo (FT 86). Por lo tanto, es un problema aún.

Es que lleva a «nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social» disfrazadas de intereses nacionales (FT 11). También nos engaña para que creamos que nos crecemos por nuestra cuenta, al margen de la ruina de los demás. Nos seduce para que nos convenzamos de que para estar seguros hemos de cerrar las puertas a los que no son como nosotros. Cerrarlas, más que a nadie, a los débiles, a los pobres y a los inmigrantes. (FT 141).

No a todo nacionalismo

Pero no así ha de ser. Pues «solo una cultura social y política que incorpore la acogida gratuita podrá tener futuro».

No, no se nos salva a los hombres aisladamente, sino como un pueblo (LG 9). Se nos anima (Fil 2, 3-4): «Considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interesés de los demás».

Y se nos advierte también que nos guardemos de todo nacionalismo. Se nos prohíbe hablar mal de las otras naciones (RCCM VIII:14). Se nos sugiere que derribemos el muro que divide a las naciones (SV.ES:V:205. 339. 517); (SV.ES VI:278. 317; (SV.ES XI:342-344. 375). Pues se desea que hablemos la lengua de los países a los que nos toca anunciar la Buena Nueva.

Pero cuenta más que hablemos la lengua de las madres. Y ésa es la lengua de Jesús, la que calma, guía, avisa y anima. Dice él, desde luego: «Esto es mi cuerpo que será entregado. Éste es el caliz de mi sangre que será derramada». Pero lo que más cuenta es que hace él lo que dice. Pues en la cruz da él la vida por nosotros. No es vacía de sentido su acción de lavar los pies a sus discípulos. Es que luego su sangre limpia a ellos y a nosotros de todo pecado (1 Jn 1, 7).

Señor Jesús, concédenos vencer de palabra y de obra todo nacionalismo.


10 Enero 2021

Bautismo del Señor (B)

Is 42, 1-4. 6-7; Hch 10, 34-38; Mc 1, 7-11