Ascension, Year C-2016

From Vincentian Encyclopedia
Witnesses of Jesus throughout the world

Jesus appoints his followers to be his witnesses. Are we so really and in a credible manner?

Jesus tells the witnesses of his passion, death and resurrection:

You will receive power when the Holy Spirit comes upon you, and you will be my witnesses in Jerusalem, throughout Judea and Samaria, and to the ends of the earth.

He makes clear that the witnesses of the Paschal Mystery have the duty to preach in his name, and with the power of the Holy Spirit, repentance and forgiveness to all the nations.

We who follow Jesus today have the same duty. Never mind that we are not eyewitnesses. What is decisive is to believe. He has assured us, “Blessed are those who have not seen and have believed.” It is worth noting that though not present at the events, Paul and Stephen are, nonetheless, called witnesses. One is a witness, not so much for seeing the events as for grasping the saving meaning of the events. Such meaning is graspable through personal faith in Jesus, and not through evidence (see J.L. McKenzie, Dictionary of the Bible).

Witnesses who believe personally in Jesus do not care about knowing “the times or seasons that the Father has established.” It is enough for them to know that the Father is in-charge. Like St. Vincent de Paul, they recognize that “grace has its moments” (SV.EN II:499).

They do not waste time looking at the sky, daydreaming about occupying the first seats in heaven. Since they do not point to themselves but to Jesus, they do not seek to be above others. It is enough for them to be with Jesus. High positions and expensive clothes that will distinguish them from the common folks do not matter to them. Much less are they like those Thessalonians who had nothing better to do than mind other people’s business.

Genuine witnesses look upwards, yes, where Christ is, “far above every principality, authority, power, and dominion.” They do so, however, because they want to contribute to the coming of the kingdom of heaven and to the enjoyment here on earth of a bit of what we will enjoy in heaven.

Hence, they strive to give no one a reason to blaspheme God’s name. They see to it that no one lacks his or her daily bread, that others experience God’s forgiveness and learn to forgive one another and to support each other in times of testing. They help to deliver others from all forms of dehumanization. Doing all this, they give credible witness to the one who “went about doing good.”

And if they become martyrs, they will be like the Faithful Witness in authenticity and credibility.

Lord Jesus, you gave your body up and shed your blood for us. Make us your true witnesses.


May 8, 2016

The Ascension of the Lord (C)

Acts 1, 1-11; Eph 1, 17-23; Lk 24, 46-53


VERSIÓN ESPAÑOLA

Testigos de Jesús en el mundo entero

Testigos suyos designa Jesús a sus seguidores. ¿Lo somos realmente y de manera creíble?

Dice Jesús a los testigos de su pasión, muerte y resurrección:

Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.

Aclara Jesús que les toca a los testigos de su misterio pascual predicar en su nombre, y con la fuerza del Espíritu Santo, la conversión y el perdón a todos los pueblos.

Lo mismo nos toca a los que seguimos hoy en día a Jesús. No importa que no seamos testigos oculares. Lo decisivo es creer: «Dichosos los que crean sin haber visto». Es de notar que aun sin presenciar ni Pablo ni Esteban la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús, a ambos se les llama aún testigos. Uno es testigo no tanto por ver los hechos cuanto por captar el significado salvífico de los hechos, inteligible mediante la fe personal en Jesús, no mediante las evidencias (véase J.L. McKenzie, Dictionary of the Bible).

Los testigos que creen personalmente en Jesús no se preocupan por «conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido»; les basta con saber que es el Padre quien está encargado de todo. Como san Vicente de Paúl, reconocen que «la gracia tiene sus ocasiones» (SV.ES II:381).

No pierden el tiempo mirando al cielo, soñando despiertos con ocupar los primeros asientos allí. Como no señalan a sí mismos, sino a Jesús, no buscan ser superiores a los demás. Les basta con estar con Jesús; no les importan ni los puestos altos ni las vestiduras lujosas que los diferencien de la gente común. Ni menos son como aquellos tesalonicenses ociosos que iban metiéndose en asuntos ajenos.

Los auténticos testigos miran, sí, hacia arriba, donde está Cristo, «por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación». Esto lo hacen, sin embargo, porque buscan contribuir a que el reino celestial venga y se goce en la tierra un poco, a lo menos, de lo que se goza en el cielo.

Procuran, por eso, no darle motivo a nadie para blasfemar el nombre de Dios. Tratan de asegurar que a nadie le falte su pan de cada día, que los demás experimenten el perdón divino, aprendan a perdonarse unos a otros y apoyarse en tiempos de tentación. Ayudan a que toda persona se libre de la deshumanización de toda forma. Haciendo todo esto, son testigos creíbles del que «pasó haciendo el bien».

Y si se convierten en mártires, su autenticidad y credibilidad serán como las del Testigo fiel.

Señor Jesús, tú que entregaste tu cuerpo y derramaste tu sangre por nosotros, haz que seamos tus verdaderos testigos.


8 de mayo de 2016

La Ascensión del Señor (C)

Hech 1, 1-11; Ef 1, 17-23; Lc 24, 46-53