Ascension, Year A-2017

From Vincentian Encyclopedia
Ascension of the poor lying in the dust

The ascension of Jesus proves that God lifts up the lowly and fills the hungry with good things.

On the day of the ascension itself, Jesus appears once more to the apostles. He tells them that in a few days they will be baptized with the Holy Spirit.

The news apparently turns out captivating. The apostles gather around and ask, “Lord, are you at this time going to restore the kingdom to Israel?”

Asking already suggest doubts. But the question shows hope. The apostles no longer sound as those who acknowledged, “We were hoping he would be the one to redeem Israel.”

But Jesus seems to temper the excitement of the apostles. In effect, he tells them, “Not so fast!” That is because they first have to be his witnesses to the ends of the earth.

No, those who have witnessed the ascension of Jesus cannot just stand there looking at the sky. They ought to go and make disciples of all nations.

True, the mystery of the ascension demands contemplation. Without contemplation, it would be hard for us to keep believing that the one whom the apostle saw go up to heaven will come back in the same way. But as Jesus himself shows us, true contemplation leads to action.

The Son, the only one who has seen God, makes him known. That is to say, being at the bosom of the Father does not mean indifference to the poor. In fact, the Son becomes flesh and dwells among us, so that we also may contemplate the bright face of God.

Yes, the Son of God comes down to earth. He then goes up to heaven, bringing with him our human nature. That way he makes possible for us to share in the fullness of God.

So then, the mysteries of the Incarnation and the Ascension urge us to behave as does Jesus.

Behaving as Jesus assures us of our salvation, of our ascension (SV.EN III:384).

We need to live and die, then, in the service of the poor, putting our trust in God, renouncing ourselves. Thus do we prove, moreover, that we share in the resurrection and ascension of Jesus. That way, we witness also that he is with us always, till the end of the age.

The living bread from heaven gives us a model to follow, so that we, too, may feed the hungry. But as we shall see later, this demands that we empty ourselves so that the Holy Spirit may fill us.

Lord, let your ascension change us and our present lives for the better and be revealed in our present lives.


28 May 2017

Ascension of the Lord (A)

Acts 1, 1-11; Eph1, 17-23; Mt 28, 16-20


VERSIÓN ESPAÑOLA

Ascensión del pobre pegado al polvo

La ascensión de Jesús acredita que Dios enaltece a los humildes y colma de bienes a los hambrientos.

En el mismo día de la ascensión, Jesús se aparece una vez más a los apóstoles. Les comunica que dentro de pocos días ellos serán bautizados con el Espíritu Santo.

Por lo visto, les resulta bien cautivadora la comunicación. Rodean a Jesús y le preguntan: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?».

Preguntar ya sugiere vacilación. Pero la pregunta indica esperanza también. Ya no suenan los apóstoles como aquellos que admitían: «Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel».

Jesús, sin embargo, parece templar el entusiasmo de los apóstoles. En efecto, les dice: «¡No tan rápido!». Es que, primero, tienen que ser testigos suyos hasta los confines del mundo.

No, no pueden permanecer ahí plantados mirando al cielo los que han presenciado la ascensión de Jesús. Deben ir y hacer discípulos de todos los pueblos.

Cierto, el misterio de la ascensión exige contemplación. Sin la contemplación, difícilmente se nos podrá confirmar en la fe de que el subido al cielo volverá como los apóstoles lo vieron marcharse. Pero como lo ejemplifica Jesús mismo, la contemplación ha de llevar a la acción.

El Hijo, el único que ha visto a Dios, lo da a conocer. Es decir, estar en el seno del Padre no quiere decir indiferencia hacia los pobres. De hecho, el Hijo se hace carne y acampa entre nosotros, para que logremos contemplar también el rostro glorioso de Dios.

Baja, sí, a la tierra el Hijo de Dios. Sube luego a cielo, llevando consigo nuestra humanidad. Así nos capacita él a los pobres humanos para la participación en la plenitud de Dios.

Así que los misterios de la encarnación y la ascensión nos impulsan a andar por el camino por el que anda Jesús.

Andando nosotros por el camino de Jesús, quedamos asegurados de nuestra salvación, de nuestra ascensión (SV.ES III:359).

Nos es preciso, pues, vivir y morir en el servicio de los pobres, confiando en Dios, renunciando a nosotros mismos. Así nos acreditaremos además partícipes ahora mismo de la resurrección y la ascensión de Jesús. Asimismo seremos testigos de su presencia todos los días, hasta el fin del mundo.

Nos da ejemplo el pan vivo del cielo, para que demos de comer también a los hambrientos. Pero como luego veremos, esto exige que nos vaciemos de nosotros mismos para llenarnos del Espíritu Santo.


Señor, haz que tu ascensión nos transforme y se manifieste en nuestra vida actual.


28 Mayo 2017

Ascensión del Señor (A)

Hech 1, 1-11; Efes1, 17-23; Mt 28, 16-20